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Wednesday, August 11, 2010

Maldita Matilda (en este pueblo ya no hay misas)... tercera parte:

Sigifredo :     
         Las misteriosas muertes de los padres en Santa Cruz Matagallinas comenzaron la mañana de un 19 de mayo cuando el entonces padre del pueblo, Sigifredo Cervantes, perdió la vida a sus 89 años de edad.
         Sor Cipriana Ortega decidió ir a su cuarto aquella mañana cuando faltaban tres minutos para que comenzara la primera misa del día. Sigifredo Cervantes nunca había faltado a ninguna de sus misas en sus 33 años de ser el padre del pueblo, ni siquiera cuando contrajo fiebre tifoidea.  Sor Cipriana se imaginaba que algo estaba mal desde que vio de lejos que de la puerta del departamento del padre Sigifredo salía un charco de agua. Abrió la puerta y encontró al padre desnudo tirado en medio del baño, la regadera aún estaba tirando agua y él se encontraba sosteniendo un alcatraz entre sus manos y sobre su pecho, carente de vida.
         Él solía regalarle a Sor Cipriana una flor diferente cada domingo, pues siempre había estado enamorado de ella, desde el día en que ella llegó al pueblo; a Sigifredo le fascinaban los ojos traviesos de Cipriana cuando estos se asomaban de manera esporádica detrás de sus enormes gafas.
         Ella al verlo tirado en el baño sin vida y con sus largas barbas blancas empapadas calló de rodillas y fue arrastrándose hacia él, incrédula, hasta encontrar desesperadamente sus labios, por primera vez ella accedía a darle ese beso que Sigifredo intentó darle a escondidas durante los últimos 20 años en los que ella siempre se los negó volteando la cara, recordaba como él  siempre le decía que un par de besitos no harían enojar ni siquiera a Dios,  esta ocasión  ella estaba dispuesta pero los labios de él ya no respondían ni la buscaban, estaban fríos, era demasiado tarde, su inocente historia de amor se desvanecía así como las gotas que caían en el muslo desnudo de Sigifredo Cervantes.
         El pueblo decía que la flor había sido un regalo de San Caralampio, el mismo santo a quien Sigifredo siempre se encomendaba cada domingo,  aquel quien aquella mañana se había llevado al padre Sigifredo Cervantes al cielo sin sentir dolor.
         Su perdida fue un evento muy doloroso para el pueblo pues el había sido el único sacerdote que este había tenido en los últimos 33 años.
Se guardo luto por 33 días, se sacrificaron 33 gallinas en plena plaza pública y con la sangre de estas trataron de escribir el nombre del padre en el centro de esta, sin embargo debido a un mal cálculo se les acabo la sangre antes de terminar de escribir su nombre con esta y tan solo pudieron imprimir sobre el pasto “Sigifredo Cerva”.
         Los 33 días de luto hacia el padre Sigifredo no parecieron ser homenaje suficiente para la presidencia de Santa Cruz Matagallinas pues justo cuando dicho periodo terminó decidieron establecer una nueva ley en la que prohibían la venta de bebidas alcohólicas en honor a la lucha que vivió Sigifredo Cervantes como alcohólico regenerado. La ley perduraría por 33 semanas, cada semana representando un año como representante de Dios en Santa Cruz Matagallinas.

Urbano:        
         Aparte de la docena conocida de borrachos del pueblo, la única persona que se opuso ante dicha ley fue Urbano Quiroga, el padre que habría de suceder a Sigifredo Cervantes. No pasaron ni siquiera un par de horas de haber sido anunciada la nueva ley para que Urbano fuera personalmente a la presidencia y presentara un amparo hacia dicha ley en el que argumentaba que la “Ley de Dios” iba por arriba de cualquier ley humana y que el continuaría consagrando el cuerpo de Cristo como lo había hecho durante todo su tiempo como sacerdote, con vino.
            A pesar de que su tiempo como padre no fue muy extenso, el padre Urbano nunca fue muy querido en el pueblo, no solo por el hecho de comenzar de una manera dramática su cargo como sacerdote, haciendo un zafarrancho contra la presidencia por la ley seca, sino porque la gente del pueblo lo veía como un intruso cada vez que iba a misa, un desconocido, habían estado tan acostumbrados a la manera amena y carismática en la que el padre Sigifredo impartía la eucaristía, mientras que en el caso de Urbano las misas eran lentas, aburridas e insípidas.  
         Los pueblerinos pronto pudieron notar los verdaderos motivos por los que el padre Urbano se oponía tan tajantemente a la ley de abstinencia de alcohol, pues siempre que entraban al confesionario podían percatarse del incesante olor a vino, adjunto al mal humor del padre sobre todo en las misas de las mañanas, a la vez que las ostias cada semana sabían mas a vinagre y menos a vino.  Se decía que el padre era un alcohólico y que se acababa en menos de diez días las reservas de vino tinto que la iglesia recibía cada mes para consagrar las ostias.
         Urbano Quiroga fue encontrado el once de agosto amarrado a una piedra en el medio del arrollo Amatepec, a un par de kilómetros del pueblo, por un par de señoras que iban a lavar la ropa de su familia a dicho lugar,  en cada una de las extremidades del padre se podía encontrar amarrada una botella de vidrio que a su vez contenía una hoja de papel,  cada hoja de papel tenía escrita un distinto mensaje, los mensajes eran los siguientes (sin algún orden en particular):
-Lucas 19:27
-In Vino Veritas
-Salmos 137:19
-Más sabe el viejo por diablo que por viejo
         Como dirían los pueblerinos: lo que mal empieza mal termina. Fueron así los sucesos de la segunda muerte misteriosa de un padre en Santa Cruz Matagallinas. Nadie se esmeró mucho en tratar de descifrar las pistas escritas en los mensajes dentro de las botellas; nadie se preocupó demasiado tampoco por buscar al asesino. A la gente le gustaba pensar que había sido un mensajero de Dios, un ángel quizás, quien había hecho aquel trabajo, apoyando sus teorías en las citas bíblicas encontradas en la escena del crimen o quizás había sido el mismo Urbano Quiroga, suicidándose tratando de dar un mensaje mórbido al amarrarse de una piedra de aquel río y perder la vida. Nadie en el pueblo lo veló ni le guardo luto, probablemente fue el padre menos querido por todo Santa Cruz Matagallinas desde que esta había sido fundada.
         El cuerpo de Urbano Quiroga fue mandado en una carreta jalada por una mula pinta hacia la capital de la región, San Nicolás de las Agrias Naranjas, donde sería velado y sepultado tres días después.  El único asistente del entierro fue su hermano Hortencio Quiroga, quien había dejado de hablar con él cinco años atrás, después de una discusión verbal que ambos entablaron acerca de  la Guerra Cristera y la vida de Santo Toribio Romo González.  Hortencio tiro un clavel antes que los sepultureros llenaran con sus últimos palazos  el hueco en el piso con el féretro que contenía el cuerpo de Urbano, al hacerlo sintió nostalgia y tristeza por perder los últimos años de su hermano por una estúpida discusión, sin embargo sentía también una pizca de redención al ver que su clavel se perdía entre la misma tierra que cubría los restos de su hermano.    

Carmelo:
         El tercer padre, Carmelo Quevedo, sufrió de una indigestión fatal apenas a su segunda semana de sustituir al padre Urbano.
         La noche de su muerte visitó por primera el puesto de tacos de Octavio Quezada, quien generosamente le había invitado a cenar lo que quisiera como una cortesía, con la única intención de que dicho padre le diera la bendición a su negocio y con ello atrajera la clientela mocha, osease la mayoría del pueblo, a su puesto de tacos.
         Desde que Carmelo comió el primer taco perdió la mirada, sus rodillas temblaron, sus pupilas dilataron y su paladar se convirtió en una esponja que quería absorber absolutamente todas las delicias de las mordidas que este vorazmente arrojaba a todo lo que estuviera dentro de su plato.
-Mi buen Octavio, sinceramente estos son los mejores tacos que he probado en mi vida.
Al escuchar estas palabras de aliento, el taquero sentía una motivación divina, como si un ángel fuera quien dijera aquellas palabras dulces, el cortar la carne era un arte así como el de picar el cilantro y la cebolla; el capturar con la tortilla abierta el pedazo de piña volando en el aire era un soneto angelical que solo se complementaba con el sonido de aplastar los chiles en el molcajete. El padre pedía dos tacos de asada más, tres al pastor, dos de lengua y uno de cabeza. Octavio podía escuchar desde ese momento las palabras del padre Carmelo, hablando bien de su puesto de tacos, después del evangelio en la misa del siguiente domingo. El padre pedía después una quesadilla, dos tacos de buche y tres de cachete. Esto entusiasmaba mas a Octavio, no importaba cuantos tacos más pidiera el padre Carmelo, el estaba preparado para satisfacer hombre más glotón de este hemisferio. Las gotas de sudor comenzaban a recorrer a cada mordida los cachetes cacarizos del padre Carmelo, sin embargo parecía que su estomago era un tambo sin fondo. Cinco garnachas, un plato de frijoles, dos tacos de lengua, dos de cabeza y una quesadilla de flor de calabaza, pedía el padre, a lo que Octavio Quezada respondía sin un segundo de duda:
-Por su puesto que si señor.  
         Después de ocho tacos de asada, seis de lengua, cuatro de cabeza, cinco de cachete, seis garnachas y dos quesadillas mas, el cuerpo del padre Alonso no pudo contener más, no había manera de meter más alimentos dentro de su ser. Decidió entonces que era prudente dejar de ingerir alimentos.
         Le dio gracias a Octavio Quezada por la maravillosa cena gratuita que este le había ofrecido esa noche, bendijo su negocio con una pequeña oración y después se dirigió hacia su cuarto.
         Al llegar a su cama entró en una pesadilla en la que dragones que vomitaban guacamole lo perseguían y de la cual jamás pudo despertar.
          Al día siguiente sería encontrado sin vida, con los ojos abiertos y brazos extendidos hacia el cielo, como si un ángel le hubiera robado el alma.  Las sabanas de su cama fueron encontradas llenas de caca y vomito, el cuarto se encontraba impregnado por un insoportable olor a mantequilla.
         Al escuchar la noticia Octavio Quezada tuvo que huir silenciosamente del pueblo, pues sabía bien de la delicadeza del tema de los padres muertos en Santa Cruz Matagallinas, aunado a que sabía bien que en el mejor de los casos los tacos de su puesto serían asociados con el diablo, pues si estos habían matado incluso al más cercano a Dios que no podrían hacer a aquel que viviera en el pecado.
         El padre Adolfo Domínguez sustituiría al padre Carmelo Quevedo tres semanas después de su muerte y este sería asesinado por Juan Totoreco meses después.
         La furia del pueblo entero no se hizo esperar después de recibir la carta del obispado en la que prohibía toda actividad eclesiástica hasta esclarecer el asesinato del padre Adolfo y no tardarían en encontrar las pistas que incriminaban a Juan Totoreco como el asesino artífice del padre Adolfo.
         Antes de que dos atardeceres pasaran, después de haber recibido dicha carta,  el campanero había sido quemado vivo, amarrado al quiosco de la plaza central del pueblo, la misma que separaba la catedral de la presidencia de Santa Cruz Matagallinas. La presidencia del pueblo no tardó en contestar al obispado con una carta informando detalladamente dichos actos, en el cual orgullosamente exhibían la mano dura e intolerante hacia quienes atacaron a la iglesia en aquel pueblo, tomando como emblema la pronta y precisa ejecución de Juan Totoreco.


Thursday, May 13, 2010

Esta noche Matilda y Juan descansan. Quería retomar un poco la tradición de escribir espontaneamente desde el alma, un par de cuentos cortos e historias que han estado rondando por los linderos de mi mente las últimas semanas. No sé cuales saldrán esta noche, pero ahí van…

50 Clinton Road, Chelsea:

Me bastó solamente estar un par de segundos a tu lado, tal vez ni siquiera eso, tal vez me bastó solo la idea de pensar estar un par de segundos a tu lado, para poder convencerme que no quería separarme mas de ti. Había extrañado todo acerca de ti, desde la manera en que caminabas por la calle bajo un paraguas, tu forma de sonreír siempre y ante todo, pero lo que más extrañaba era la forma tan correcta en la que tus manos complementan las mías y en la que tus labios categóricamente calman los míos.

411 Park Avenue South:

Esa noche te confesé que los días más felices de mi vida habían sido cuando despertaba a tu lado. Aquellos días en el que el frío de Pittsburgh no era nada contra nosotros, a pesar que muchas veces parecía ser nuestro enemigo más temido. Recuerdo haberte besado tantas veces mientras nevaba en Centre Avenue, y bien pudiera haber sido Siberia para mí o el desierto de Gobi, pero lo importante no era el lugar, ni la nieve ni el frío, lo importante eran los besos… besos que a veces eran el combustible para continuar caminando debajo de las tormentas de nieve, un combustible para seguir viviendo.

Extrañaba desayunar quesadillas y protegerte de los muertos mientras caminábamos cerca de la funeraria por la esquina de nuestro edificio, eres una miedosa, te decía, pero tú me abrazabas con más fuerza, y yo sonreía.

Esa noche yo procuraba recuperarte, pero sabía de antemano lo difícil que aquello iba a resultar, sabía que tal vez fracasaría, pero tal vez lo único que quería es que supieras eso, que los días más felices no habían sido otros más los que había estado despertando a tu lado, aquellos en los que te daba besos en Central Avenue mientras la nieve caía. Eso era suficiente para mí en ese momento, pues tan solo quería ver tu sonrisa, y tal vez si tuviera suerte en la noche encontraríamos un muerto y tal vez me abrazarías con fuerza.

355 West 14th Street, Meat Packing District:

Ibas tarde como siempre. Nuestra mesera estaba desesperada por que estabamos aferrados a esperarte y no pediríamos nada hasta que tu llegaras. Salí a la calle para ver si de pura casualidad te encontraría, y ahi estabas, vistiendo tu abrigo negro, al otro lado de la calle, sonriendo y haciendome sonreir como siempre.

Tomé mi camara y te tome una foto aunque sabía que mi alma había retratado aquel momento por siempre. Sabía tambien que eran nuestras últimas horas, pero trataba de no pensar mucho en eso. Prefería pensar en el momento en el que corría gritando como loco por Time Square, con una sonrisa del tamaño de la luna, unos minutos después de haber despertado en tu departamento en East Village esa misma mañana.

Cenamos la especialidad de la casa, spaghetti , y tomamos una botella de Barbera. Nos dirijimos hacia el otro departamento, aquel que no nos pertenecía y fuimos tejiendo juntos nuestra despedida premeditada, un par de besos, un par de calimochos y un par de lagrimas. Recuerdo meterte en el taxi, casi como cuando me despedí de ti en la estación de Grand Central, aquella vez que bailabamos, esta vez solo nos abrazabamos, debajo de aquel frio de Nueva York, tan parecido al de Pittsburgh y los besos a su vez tan parecidos a los de aquellos dias, los mismos en los que te confesé fueron los mas felices de mi vida. No quería dejarte pero no tenía opción… pensé entonces en aquella vez que escribí San Francisco en vez de Nueva York y me imagine las cosas que tal vez pudieron ser, pero tu me miraste a los ojos diciendome que no debía pensar en el ayer. Me abrazaste nuevamente y me diste un beso antes de partir. Solo entonces, cuando el taxi desaparecía de mi vista, comprendí el Poema De Las Cosas por José Angel Bueza, pues entonces entendí que nuestro amor era aquella cosa como el río, que se esta yendo siempre pero que no se va, pues el tiempo y el olvido son las únicas cosas que no tienen fin.

Thursday, May 06, 2010

Maldita Matilda (en este pueblo ya no hay misas)... segunda parte:

Matilda

Desde que Juan Totoreco vio por primera vez a Matilda sintió como los apresurados latidos de su corazón asfixiaban su alma, ante ellos el parecía ser un fantasma, un pasajero resignado, aunque extrañamente reconfortado, casi como si hubiese estado preparándose toda la vida para este… y todo esto tan solo por verla una vez.

Matilda presumía siempre de sus grandes ojos oscuros, prolongados por sus frondosas pestañas que daban sombra a su fina nariz respingada casi como un cuarto de luna, y a la penumbra de esta, para aquellos quienes se atreviesen a explorar, residía el resto de su divina figura que parecía haber sido esculpido por un genio en aquel arte, una obra maestra con corazón latiente. Sin embargo esta viva pieza de arte gozaba de una reputación que solo podía ser envidiada por las prostitutas de Santa Cruz Matagallinas, pues bien pareciera que esta había cogido con todo aquel que se le hubiese cruzado en sus escasos 24 años de vida, exceptuando por supuesto al tonto del pueblo, al pobre Juan “Totoreco”.

Pero en la mente de Juan ella seguía siendo perfecta, continuaba siendo idealizada por su mente respiro a respiro, la había proclamado la dueña de sus sueños, pues para él Matilda pertenecía dentro de un castillo, era una princesa la cual la cigüeña había dejado equivocadamente en este pueblo rodeado por montañas vestidas por neblina, confundiendo tal vez el horizonte por los linderos del palacio en el cual originalmente era destinada.

En su imaginación no existía un futuro más que el estar a lado de Matilda. Se imaginaba despertar abrazándola por la mañana cada vez que la veía, imaginaba el aroma de su pelo impregnándose en los orificios de su nariz, imaginaba como los espesos cabellos oscuros de Matilda rozaban sus labios.

Pobre Juan, mucha gente del pueblo le advirtió de los peligros a los que podría enfrentarse al enamorarse de Matilda, pues su fascinación por esta era mas que evidente para todo Santa Cruz Matagallinas, pero él optaba por ignorar los comentarios de toda la gente y esto parecía lo correcto dentro del escaso espacio de raciocinio que su limitada mente podía ofrecerle.

Todo cambio una tarde calurosa de abril. Juan “Totoreco” entraba a la catedral para cumplir su trabajo de campanero y anunciar la misa de las siete de la tarde, la última del día. Mientras caminaba por el pasillo escuchó un ruido constante en el que pareciera que una tabla de madera golpeara el piso de mármol de este templo. Después de seguir con su oído el origen de estos pudo notar que dichos nacían dentro del confesionario de la iglesia, ubicado en el ala oeste de dicha catedral. Lentamente se acercó para inspeccionarlo y dentro de este encontró a Matilda con sus grandes ojos cerrados y sus protuberantes pechos desnudos, redondos como un par de toronjas, expuestos al aire, dándole la espalda a el padre Adolfo Domínguez, quien era la máxima autoridad de la Iglesia del pueblo en aquel tiempo, quien con ojos sin pupilas mordía un rosario de madera que siempre colgaba de su mano derecha, para poder contener los gritos de excitación mientras la penetraba con fuerza sentado en el banquillo del confesionario

Ni Matilda ni el padre Adolfo notaron la presencia de Juan “Totoreco”. Este paralizado continuó viendo el acto, en su principio aún incrédulo pensaba que Matilda podría estar siendo abusada sexualmente por el padre, pero incluso el más ingenuo en este mundo hubiera podido darse cuenta con aquellos retumbantes gemidos de Matilda que ese no era el caso.

Un par de segundos después Juan, con el corazón hecho pedazos, se apresuró hacia el cuarto de las campanas, donde dio los habituales golpes hacía su sonoro aliado, con tremenda furia, esperanzado en que tal vez que los estruendosos sonidos pudieran borrar las imágenes de su memoria, se arrodillaba en el piso mientras lloraba. No tenían sentido ya sus planes de confesarle su amor a Matilda, aquella acción que había planeado por más de ocho años se evaporaba con cada campanada. Aquel día Juan volvió a sentir que los latidos de su corazón atropellaban su alma, pero a diferencia de la primera vez que vio a Matilda el sentimiento reconfortable estaba ausente, esta ocasión sentía que estaba muriendo por dentro. Su corazón estaba roto, sus fracturados latidos sonaban más fuerte que las campanadas de aquella calurosa tarde. Juan “Totoreco” permaneció por ocho horas más tirado en el piso de aquel cuarto en donde solo colgaba la cuerda utilizada para tocar la campana.

Se levantó después y se dirigió hacia el cuarto del padre Adolfo, quién yacía dormido en su cama, tomó de la mano derecha de este el rosario de madera, el mismo que el padre había mordido dentro del confesionario; Juan tocó con sus yemas las marcas que habían dejado las muelas de su dueño en la cruz justo antes de proceder a ahorcarlo hasta asfixiarlo.

Adolfo Domínguez fue el cuarto padre que había muerto de manera misteriosa en el pueblo de Matagallinas en menos de un año. Esa tierra parecía estar maldita para los representantes de la iglesia.

Dos días después, el Obispado de la región envió una carta dirigida la presidencia de Santa Cruz Matagallinas en la cual estipulaban no solo su indignación y repudio ante el asesinato del padre Domínguez, junto a las otras tres misteriosas muertes anteriores de sus sacerdotes en menos de un año, sino también estipulaban que toda actividad eclesiástica quedaba temporalmente prohibida en el pueblo hasta que una investigación minuciosa esclareciera los eventos tan lamentables en los cuales se veían ahora inmiscuidos.

(continuara muy pronto... lo prometo)

Thursday, April 15, 2010

Maldita Matilda (en este pueblo ya no hay misas)... primera parte:

Juan Totoreco:

Nadie duerme antes de la media noche en Santa Cruz Matagallinas, pues esta es la hora en la que desde la torre sur de la catedral abandonada siempre suenan con furia trece campanadas.

Esta es la hora en la que la mayoría de los habitantes de aquel remoto pueblo, oculto en el corazón de la Sierra Mixe, se esconden debajo de sus sábanas, despiertos y temerosos, con la esperanza de que esas trece campanadas sean los últimos sonidos que tengan que escuchar por el resto de la noche. Por las calles del pueblo, solo corren ríos de silencio. En ocasiones pareciera que este lugar hubiese sido olvidado incluso hasta por Dios. Los escasos desventurados que tienen que caminar por las calles a esas horas dan sus pasos con temor, caminan sin mirar atrás, sintiéndose perseguidos, huyendo de un mundo de sombras que pareciera morderles los talones.
Dicen que es el espíritu de Juan Totoreco, el campanero del pueblo, quien desde la catedral abandonada hace rugir las campanas como venganza hacia el pueblo que años atrás lo quemó vivo.

Dicen también que Juan Totoreco hizo un pacto con el diablo y que en el momento que suena la treceava campanada se abre un portal desde el infierno por siete segundos, justo el tiempo necesario para que un demonio te encuentre caminando en la calle y te robe el alma.
Nadie pudo haberse imaginado que quien muchos años antes fuera la persona menos respetada del pueblo terminaría siendo el ser más temido que este pudiera recordar desde el día de su fundación, setenta y siete años antes, cuando apenas era una misión jesuita.
El apodo de "Totoreco" le fue adjudicado muchos años atrás, así le habían llamado desde que él podía hacer uso de su memoria.

Siempre fue considerado como el tonto del pueblo y su apodo era tan viejo como su propia leyenda.

Doña Ruperta, la dueña de la tortillería del pueblo, decía que, cuando Juan “Totoreco” era apenas un niño,  un coco le había caído en la cabeza mientras dormía en los brazos de su madre mientras se mecían dentro de una hamaca.

Doña Carmela, quien a sus 55 años seguía presumiendo ser virgen, tenía otra versión, esta estipulaba que el campanero era tonto por culpa de su madre, pues esta había comido solamente huevos de caguama y tamales de iguana durante los tres últimos meses de su embarazo.

-Es culpa de tanto colesterol que le metió a la criatura esa pendeja. – Decía siempre Doña Carmela que le preguntaban por el, con su sonrisa siempre visible de pocos dientes.
"No te portes mal, obedece siempre a tus papas y no digas mentiras que si no se te va a cocinar el cerebro como a Juan Totoreco".- Asustaban los pueblerinos a sus hijos para su propia conveniencia, cuando Juan todavía tenía vida.

Las monjas le habían ofrecido el oficio de campanero como un acto de caridad. Estas le pagaban con un plato de frijoles con arroz, una tortilla de maíz y una taza de café con leche, por tocar las campanas de lunes a viernes para la misa de las ocho de la mañana y la de las seis de la tarde, mientras que los sábados y domingos habían cuatro misas, dos en la mañana, la de las ocho y la de las once, y dos en la tarde, la de las tres y la de las siete.

A simple vista, cuando aún vivía, Juan parecía una persona normal, sin embargo cualquiera que pasara diez minutos con él podía percatarse de que era más lento que los demás. Era un niño atrapado en el cuerpo de un adulto, eso se podía apreciar en su manera inocente de ver la vida, en donde lo más importante del día, para él, era recolectar nanches de los árboles de la plaza central y masticarlos hasta que sus corazones pudieran ser utilizados como proyectiles para su "tira-nanches" el cual consistía en una boquilla de plástico amarrada en un extremo por varias ligas hacia un globo recortado; esta era el arma con la que jugaba con los demás niños del pueblo, disparándoles los corazones de nanche mordido, también pequeñas piedras o lilas.

Los niños siempre se reían de su manera de correr en la que agitaba descontroladamente su cabeza:

-¡Pareces paloma placera Juan Totoreco! – Le decían siempre riéndose mientras huían de él.

Cuando Juan escuchaba este tipo de burlas les disparaba con mayor ahínco, apuntándoles sin clemencia hacia sus caras y cuellos.

-Mira que Juan podrá parecer pendejo, pero tiene una puntería de hijoeputa.

Conforme Juan fue creciendo muchos padres fueron a su vez prohibiendo a sus hijos que jugaran con él, pues la diferencia física era más notoria día con día. Sus amigos de la infancia crecieron y él también, sin embargo la mente de Juan se quedó siempre atrapada en aquel parque, jugando a las escondidas, a los encantados, a la trae. Tristemente, día a día eran menos quienes podían jugar con él, hasta que llegó el día en el que tan solo podía jugar con su soledad. Aquel día la madre Cipriana Ortega lo encontró llorando debajo de un árbol de Tule pegado al quiosco de la plaza, ese fue el día en que esta monja habría de ofrecerle, meramente por lástima, el oficio de tocar las campanas para anunciar los santos oficios en la catedral de Santa Cruz Matagallinas.
Los habitantes del pueblo no lo notaron sino hasta después de que lo quemaran vivo en el centro de aquella afamada plaza, pero las campanadas de Juan siempre fueron un reclamo hacia ellos, expresiones de soledad y nostalgia que retumbaban cada vez que el diente estridente golpeaba las faldas de cobre de aquella campana en la torre sur de la catedral.

Juan tan solo quería jugar como cualquier otro niño en la plaza de aquel pueblo.

Después de su muerte nadie se atrevía a mencionar ni siquiera su apodo.

(… continuara la próxima semana)

Sunday, March 28, 2010

The Princess who did not believe in love stories:

(I thought this was a good story to translate to english ... hope you like it if it's your first story on this page, please forgive my limited use of your language. )  


To Paulina, Luciana and Antonio 


Long ago, in a kingdom far away, there was a Princess who did not believe in love or in stories about love. All the people of this kingdom talked about this feeling, but she did not consider it more than anything else known, almost as an object, as they were for her  the desert and the penguins, since she had never seen any of these three things in her life. The only difference she found between these things was that at least she had seen the desert and the penguins on paintings and yet had never seen a portrait of love. 


This Princess frequently liked to escape from her castle. She liked to go to a nearby lake and throw rocks toward the center of it; she liked seeing the growing concentric rings on the surface of the water. She also liked to collect strawberries on the surrounding bushes and crush them with her hands until they mash. 


Once, in one of her many escapes from the castle, she found on the shores of the lake a lizard fleeing from a cat. The cat had the reptile in its claws, ready to eat it, but just before the sharp teeth would crush the poor lizard, the Princess forcefully threw a stone that hit the cat's head, a move that was followed by a kick in the stomach to the same animal, the lizard went flying through the air up into the hands of the Princess, the cat ran extremely hurt away from that place as if was the end of the world. The Princess did not know why she rescued this lizard, she had it in her hands now and it was smiling back to her. The Princess gave him a kiss and she let it go away. 
  
Who would have thought that the first kiss of the Princess who didn’t believe in love would be to a poor lizard? 


 Many years passed, the Princess continued to grow without knowing or believing in love. 


She was without any doubt the most beautiful woman that no nearby kingdom has ever seen. Her fame was also growing, not only for its beauty but for its enchanting songs, as every night she sang from the balcony of her room, located in the tallest tower of the castle, making splendid even the darkest night; her songs were even more beautiful than those chanted by sirens. The sailors left to be guided by their compass, stars or lights; they could be guided only by the sweet charming notes coming from that tower. Every night she sang you could see shooting stars in the sky, as these seemed, on their vast distance, that they could hear the beautiful songs and they had no more choice but to fly to the Princess and fade into the sky at the incredible beauty of her notes. It also seemed that, every night she sang, the same universe revolved around the Princess who did not believe in love.
  
Every day hundreds of people formed outside the high tower where she lived for a chance to woo her. She gladly accepted the challenge every day, allowing visits and seeing as many people the day would allow, with the hope that on at least one of them she might find this concept called love. In the waiting line you could found from the humblest person in the kingdom to the handsomest prince of the surrounding kingdoms. The Princess always offered equal opportunities, but the result was always the same: deception. 


- How can you say being in love with me if you do not even know what my favorite color is? You don’t even know if I prefer tulips, roses or calla lilies. You don’t know if I prefer to see a sunrise or a sunset. You don’t know which song or poem makes my heart race; you don’t even know if I prefer a plate of rice or beans. 


Her fame continued to grow until the King of the Black Armor heard about her. He was the most vicious and bloody king that the whole continent had seen in his entire history. This king had three wives and twenty children in total; he had abandoned all of them at some point of his life. After hearing of the fame of that Princess, to which even the stars disintegrated themselves after hearing her beautiful songs, he did not hesitate even for a moment to mobilize all his troops to conquer the Princess’ kingdom. He did it without any problem, since his army was larger and powerful than any other. 


When the King of the Black Armor made his triumphal entrance to the castle of the Princess kingdom's he found that she had completely sealed the tower where she lived. 


The King of the Black Armor, angry with the Princess, threatened to torture her parents if she did not open the doors of the tower, where she was isolated, and act as his new wife. The Princess didn’t open the door and the King of the Black Armor began whipping her parents outside of that tower. The Princess, heartbroken to see her parents tortured, still would not be deterred by the persuasions of that king. But this king was impatient and intolerant; he soon changed his strategy and threatened that if the Princess did not accept to open the doors of the tower he would proceed to set fire to it. 


The Princess would rather die in the flames than fall into the hands of that disheartened being. The King of the Black Armor gave her a day to change her mind, but the Princess never opened the doors. Then he ordered his knights to set fire to the tower. 


The Princess felt that her skin began to harden before the waves of fire began to spread to the terrace on top of her tower; a smoke layer began to take over the horizon. It seemed that her minutes were numbered in this life. Smoke and heat increased every moment. In the distance of the vague horizon any could barely recognize, despite the smoke that traveled across the tower, she began to hear and feel the movements of a giant pair of wings coming towards the tower where she was. On the moment she least imagined she was caught in by a giant claw that extracted her from the burning tower, which minutes later was completely destroyed by the fire. 


The Princess thought then that maybe it was an angel or a demon who had taken her away from that place, perhaps she was already dead, but when she opened her eyes she immediately recognized the smile across the giant claws, on which she was now lying. It was the same lizard that one day was saved by her from the shores of the lake. The reptile that could have been killed by a cat had become a mighty dragon. She was now the one among huge hands, she was now the one who had been saved. The dragon after recognizing her smile kissed her. The two got immediately interconnected. The dragon was the closest she had ever been to love. 


-We must rescue my parents. –She said quickly. 


The dragon masterfully flew over the castle, invaded now by the King of the Black Armor, it moved with speed to the location on which the Princess’ parents were tied. He graved them with one of his claws and then with his mouth spitted enough fire to wipe out half the King of the Black Armor’s army. 


That lost reign did not matter anymore for the Princess’ parents, the most important thing was that they were alive. 


The dragon flew and flew, escaping from that reign lost. 


The Princess left her parents in a village not far from the kingdom where they belonged, as people still recognize them and treated them with respect. 


Meanwhile she decided to continue flying above her dragon to new continents. She said goodbye to her parents and promised to return to them once she finally founded this thing called love. 


The Princess continued in her quest to find love, traveling for many years in different continents and horizons. After a couple of trips she finally found it, not once but many times, but she also found disappointment. She was happy some days, but she was also sad many others. She learned then that love is not a simple thing, that love is not a mathematical formula, much less an object, and very different from  penguins or the desert. But she learned and she fell in love with life, she fell in love to fell in love, even to fell in love of the very moment of riding her dragon in search for love. 


The Princess who did not believe in love stories became the greatest promoter of love. She discovered that love doesn’t knock on your door even if you're the greatest, most beautiful and most talented Princess of an entire continent. Love is pursuing, love is not being afraid to make mistakes, love is accepting that one can make mistakes, but without being afraid to make any mistakes.  


It is said that whenever you can see shooting stars in the sky is because the Princess is singing near the horizon, riding her impetuous dragon in the pursuit of a new adventure that would take her to a new love, the stars are not to blame because only by hearing her sweet voice, now more full of love than ever before, these have no choice but to fade to her charm. 

Thursday, March 25, 2010

La princesa que no creía en historias de amor

A Paulina, Luciana y Antonio
Hace mucho tiempo, en un reino muy lejano, había una princesa que no creía en el amor ni en sus historias. Todas las personas de aquel reino le platicaban acerca de este sentimiento, pero ella no lo consideraba más que otra cosa desconocida, casi como un objeto, como lo eran para ella también el desierto y los pingüinos, pues nunca había visto a ninguna de estas tres cosas en toda su vida. La única diferencia que ella encontraba entre estas cosas era que al menos había visto en pinturas al desierto y a los pingüinos, sin embargo jamás había visto una pintura del amor.


A esta princesa le gustaba escaparse frecuentemente de su castillo. Le gustaba ir a un lago cercano y tirar piedras hacia el centro de este, le gustaba ver crecer los aros concentricos en la superficie del agua. Le gustaba recolectar fresas en arbustos colindantes y aplastarlas con sus manos hasta hacerlas puré.


Una ocasión, en uno de sus tantos escapes del castillo, se encontró a las orillas del lago a una lagartija huyendo de un gato. El felino tenía al reptil entre sus garras, listo para comérselo, pero justo antes de que los afilados colmillos aplastaran a la pobre lagartija, la princesa arrojó con fuerza una piedra que golpeó la cabeza del gato, acción que fue seguida por una patada en el estomago hacia el mismo animal, la lagartija salió volando por los aires hasta caer en las manos de la princesa; el gato sumamente lastimado corrió de aquel lugar como si el mundo fuera a acabarse. La princesa no sabía porque había rescatado a aquella lagartija, la tenía ahora entre sus manos y esta le sonreía. La princesa le dio un beso y la dejo ir. 
 
¿Quién iba a pensar que el primer beso de la princesa que no creía en el amor sería hacia una pobre lagartija?

 Muchos años pasaron, la princesa continuó creciendo sin conocer ni creer en el amor.

Era sin duda la mujer más bella que ningún reino cercano haya visto jamás.
La fama de esta fue creciendo también, no solo por su belleza sino por sus encantadores cantos, pues cada noche desde la terraza de su cuarto ubicado en la torre más alta del castillo ella cantaba, haciendo esplendorosa hasta la noche más oscura, sus cantos eran incluso más bellos que los de las mismas sirenas. Los marineros dejaron de guiarse por brújula, estrellas o faros, bien podían guiarse solamente por las dulces notas salientes de aquella torre encantadora. Cada noche que ella cantaba uno podía ver en el cielo estrellas fugaces, pues estas en su inmensa lejanía parecía que podían escuchar los bellos cantos y no tenían mayor opción que volar hacía la princesa y desvanecerse en el cielo ante la increíble belleza de sus notas. Cada noche que la princesa que no creía en el amor cantaba pareciera que el mismo universo girara alrededor de ella. 
 
Cada día cientos de personas se formaban afuera de la alta torre en la que ella vivía para tener una oportunidad de enamorarla. Ella gustosamente aceptaba el reto, permitía visitas y veía a cuantas personas el día pudiera permitirle, con la esperanza de que en alguno de ellos tal vez encontrara aquel concepto llamado amor. En la línea de espera se podía encontrar desde la persona más humilde del reino hasta el príncipe más apuesto de los reinos colindantes; la princesa ofrecía oportunidades por igual, sin embargo el resultado era siempre el mismo. Decepción.

-¿Cómo es posible que digas estar enamorado de mi si ni siquiera sabes cual es mi color favorito? No sabes ni siquiera si prefiero los tulipanes, las rosas o los alcatraces. No sabes si prefiero ver un amanecer o un atardecer. No sabes que canción ni poema hacen que mi corazón se acelere, no sabes ni siquiera si prefiero un plato de arroz o frijoles.


 Su fama siguió creciendo hasta llegar al Rey de la Armadura Negra. El más sanguinario y maldito que aquel continente había visto en toda su existencia. Este rey había tenido tres esposas y veinticinco hijos en total, a todos ellos los había abandonado en algún punto de su vida. Al saber de la fama de aquella princesa, por la cual la mismas estrellas se desintegraban, no dudo un solo instante en movilizar todas sus tropas para conquistar aquel reinado. Lo logró sin problema alguno, pues su ejército era más grande que cualquier otro.

Cuando el Rey de la Armadura Negra hizo su entrada triunfal al castillo de aquel reino se encontró con la sorpresa que la princesa había sellado completamente la torre donde ella vivía.

El Rey de la Armadura Negra furioso amenazó a la princesa con torturar a sus padres si ella no abriera las puertas de la torre donde se encontraba aislada y aceptara ser su nueva esposa. La princesa no abrió las puertas y el mismo Rey de la Armadura Negra comenzó a latiguear a sus padres a las afueras de la torre. La princesa con el corazón destrozado al ver a sus padres torturados continuó sin desistir a las persuasiones de aquel rey. Pero este rey era impaciente e intolerante, pronto cambió de estrategia y amenazó a la princesa que si esta no aceptaba salir de su torre el procedería a prender fuego a la torre donde ella habitaba hasta calcinarla.

La princesa prefería morir entre las llamas antes de caer en las manos de aquel ser descorazonado. Este le dio un día para cambiar de opinión pero la princesa nunca salió. Ordenó entonces a sus caballeros a prender fuego a la torre.

La princesa sentía como su piel comenzaba a endurecerse ante las olas de fuego que comenzaban a extenderse hasta la terraza en lo alto de su torre, una capa de humo comenzaba a adueñarse de su horizonte. Parecía que sus minutos estaban contados en esta vida. El humo y el calor aumentaban a cada instante. A lo lejos del horizonte difuso que apenas podía reconocer, a pesar de las cortinas de humo que recorrían toda la torre, comenzó a escuchar y sentir los movimientos de un par de alas gigantes que se acercaban hacia la torre donde ella estaba. Cuando menos imagino se encontraba atrapada en medio de una garra gigante que había de extraerla de aquella torre ardiente, la cual minutos más tarde fue destruida por el fuego.

La princesa pensaba en ese momento que tal vez era un ángel o un demonio quien la había arrebatado de aquel lugar, tal vez ya había muerto, pero cuando ella abrió bien los ojos reconoció inmediatamente la sonrisa del otro lado de las garras gigantes, en las que ahora yacía. Era la misma lagartija que un día ella había salvado a las orillas del lago. Aquel reptil que pudo haber sido asesinado por un gato se había convertido en un impetuoso dragón. Ella era ahora quien estaba entre unas manos gigantes, a quien le habían salvado la vida. El dragón al reconocer su sonrisa fue quien le dio un beso. Los dos se interconectaron inmediatamente. Era ahora el dragónlo más cercano que ella había sentido al amor. Le dijo rápidamente:

-Debemos rescatar a mis padres.

El dragón, quien volaba magistralmente sobre el castillo, ahora invadido por el Rey de la Armadura Negra, se dirigió con velocidad hacia el centro de este donde se encontraban amarrados los padres de la princesa. Los tomó con una de sus garras y de su boca escupió el fuego suficiente para desaparecer a la mitad del ejercito del Rey de la Armadura Negra.

Para los padres de la princesa no importaba más aquel reinado que acababan de perder, lo más importante era que estaban vivos.

El dragón voló y voló, escapando de aquel reinado perdido.

La princesa dejo a sus padres en un poblado no muy lejano al reino donde pertenecían, pues la gente aún los reconocía y los trataba con respeto.

Por su parte ella decidió continuar volando arriba de su dragón hacia nuevos continentes. Se despidió de sus padres y prometió volver a ellos cuando encontrara por fin el amor.

La princesa continuó viajando por muchos años en distintos continentes y horizontes en su búsqueda por el amor. Después un par de viajes pudo por fin encontrarlo, pero encontró también la decepción, y así como fue feliz unos días fue triste muchos otros; aprendió entonces que el amor no es una cosa sencilla, no es una formula matemática ni mucho menos un objeto, como los pingüinos o el desierto. Pero fue aprendiendo, fue enamorándose de la vida, enamorándose del amor y enamorándose incluso del mismo momento de cabalgar en su dragón en la búsqueda del amor.

La princesa que no creía en historias de amor se convirtió en la mayor promotora de este. Descubrió que el amor no toca a la puerta de tu casa aunque seas la princesa más grandiosa, bella y talentosa de todo un continente. El amor es búsqueda, el amor es no tener miedo a equivocarse, es el aceptar que uno puede equivocarse, pero sin tener miedo a equivocarse.

Se dice que cada vez que en cielo se puede apreciar estrellas fugaces es porque esta princesa se encuentra cantando cerca del horizonte, volando sobre su impetuoso dragón, en la búsqueda de nueva aventura que la lleve hacia un nuevo amor; las estrellas no tienen la culpa, pues solo escuchan su bello canto, ahora más lleno de amor que antes y estas no tienen otra opción más que desvanecerse ante su encanto.



Thursday, March 04, 2010

Matando a William Degouve

A mi madre... la mejor pintora que jamás he conocido... pero ante todo la mejor madre

De las cuatro litografías de pinturas que colgaban en las distintas paredes del departamento de Lucas su favorita sin duda alguna era "Nocturne in the Parc Royal, Brussels" por William Degouve de Nuncques. La replica de esta pintura la había comprado la última vez que había visitado el museo d'Orsay en Paris.

Cada vez que veía aquel parque de Bruselas en el cuadro le recordaba su espíritu viajero, recordaba haber perdido su tren en esa misma ciudad por estar degustando cervezas en Grand Place junto a su infalible compañero de viaje Alonso Deborak. Le recordaba el caminar en el amanecer por Karluv Most en Praga; le recordaba también comer tortas de Xorizo en "La Champañería" y tomar sangrías en "La Oveja Negra" de Barcelona. Pensaba que su vida se simplificaba al ver aquella pintura en un cliché de viaje europeo, pero este de cierta manera lo reconfortaba.

Le gustaba ver aquel parque, retratado por el buen Degouve en esta obra. Siempre lo veía antes de dormir mientras tomaba una copa de vino.

El parque, poco iluminado y con tres caminos paralelos atravesándolo horizontalmente parecían ser un reflejo de su alma, solitaria, mostrando caminos pero no destinos, mostrando luz en ellos pero sin ser ciertamente iluminados.



Pero un trece de octubre todo cambió.

Antes de dormir, con copa en mano, Lucas inspeccionó el cuadro y a simple vista sabía que algo había cambiado en él. Bastó solo un simple vistazo de reojo para que Lucas reconociera una silueta a lado de uno de los árboles en el horizonte del cuadro. El parque no desplegaba mas soledad, no podía ser que jamás se hubiese dado cuenta de la evidente silueta de esta persona dentro del cuadro, la veía como una intrusa a su soledad, pues esta derrumbaba toda la esencia del porque este era su cuadro favorito.

Adiós soledad ... hola silueta intrusa.

Rápidamente busco en su computadora y se percato que efectivamente que el cuadro en su cuarto tenía una silueta que la obra original no tenía. Era la figura de alguien que se asomaba con timidez, como escondiéndose de alguien más. Lucas no presto mayor atención, pensó que tal vez esta silueta era un producto de su imaginación ya fuera por las numerosas copas de vino que había tomado o por el churro de marihuana que había fumado con sus compañeros de trabajo.



-Espero que mañana desaparezcas de mi cuadro. – Dijo con cierta paciencia hacía la litografía antes de dormir.

Una mano fría y de dedos largos apretando su muñeca le despertó. Abrió los ojos y encontró a una mujer de tez blanca, con pelo rubio lacio hasta los hombros, ojos brillantes que lo miraban con un tono de frialdad y preocupación.

-Tienes que ayudarme.

Lucas sin pensarlo siguió a aquella mujer, se paró de la cama y tomó su mano. Caminó hacia donde se encontraba la litografía colgada en su cuarto. Mientras más caminaban hacia la pintura colgada esta se adueñaba más de la pared de la que colgaba, haciendo el cuarto paso a paso más pequeño. Lucas entonces empezó a poder olfatear el pasto húmedo, empezó también a escuchar el canto de un grillo y sintió el calor de una de las lámparas del Park Royal de Bruselas; pronto se dio cuenta que estaba dentro de lo que antes había visto en el cuatro y atrás del sendero por el cual había caminado apenas unos pasos antes se encontraba colgado un cuadro en el que estaba retratado su propio departamento… igual de solitario que el parque donde ahora estaba.

Al ver a lo lejos el cuadro de su departamento, sentía la misma soledad que sintió al ver la obra de Degouve en el museo d’Orsay por primera vez, muchos años atrás.

Lucas caminó siguiendo la mano de los dedos fríos por todos los contornos del parque.

Las calles en Bruselas eran desoladas.

Parecía que aquellas horas no existía más que para aquellos dos ambulantes caminando de la mano ahora por la calle “Rue Belliard”, perpendicular a los caminos del parque pintoresco. Caminaron un par de cuadras mas hasta llegar a una casa rosa, con ventanas circulares, y una reja de metal oxidado. La mujer abrió la puerta y esta condujo por medio de una escalera en forma de caracol a un cuarto en que había una cama en la que yacía un hombre finamente barbudo, profundamente dormido, con cara afilada y sonrisa respingada.

-Tienes que matar a William Degouve de Nunques.

Dijo la mujer, mientras ofrecía un cuchillo del tamaño de su cabeza a Lucas. Este nerviosamente repuso nerviosamente:
- Pero ¿Por qué? ¿Por qué quieres que lo mate? – Repuso Lucas aún desconcertado ante dicha escena.
- William Degouve tiene que morir… tienes que ayudarme, lo tienes que matar. Es por tu propio bien Lucas.
-¿Te ha hecho algo malo?
- No.
-¿Entonces?
- Tienes que matarlo. No hagas mas preguntas, es tu deber, por eso estas aqui ... es por tu propio bien.

Lucas tomó el mango del cuchillo, vio la cara sonriente de William Degouve, aún dormido, envidiándolo un poco, procedió a atravesar enteramente su cuello con la hoja del enorme cuchillo que le había entregado aquella mujer de manos frías.

Lucas se sintió dentro del tercer movimiento de la sonata 14 de Beethoven, un poi di Presto Agitato, como si miles de tentáculos tocaran la pieza de aquel clásico maestro a toda velocidad, casi al mismo ritmo al cual se dispersaba la sangre del pintor por todo el cuarto. Al menos había un pretexto, este era el matar el arte con el mismo arte o la misma pasión del arte. Es culpa de Beethoven pensaba Lucas, aunque tal vez no, tal vez es culpa de la rubia con manos frías.

William Degouve estaba muerto ahora y la rubia se comenzaba a desnudar en frente de Lucas, esta se acercaba descomunalmente sin despegar la mirada, en cuestión de segundos los labios de ella se unieron a los de Lucas, los dos se unieron como un acto inevitable, pues los dos eran cómplices de aquel acto conspirado desde el Parc Royal y por toda la Rue Belliard.

Los dos ante el pasional acto comenzaron a tener un encuentro carnal a un lado del cadáver que desplegaba aún sangre tibia. Parecía el mas grande pecado jamás inventado y a ninguno de los dos parecía importarles las consecuencias, pues los dos se sentían liberados de la maldición inventada por William Degouve.

-¿Cómo te llamas ?
-Juliette Massin ... pero dime Julie.
-Es un placer.

Los dos durmieron entrelazados después de una decena de orgasmos compartidos. El cadáver de William Degouve, aún fresco yacía a un lado de ellos. El olor a sangre era aún imposible de ignorar, sin embargo para ninguno de los dos existía mundo mas allá de las sonrisas que sus vistas podían capturar cara a cara.

Lucas despertó. Se encontraba dentro de la pintura del departamento que había visto en su visita a Parc Royal. Caminó hacia la litografía de la pintura creada por William Degouve pero la silueta que había encontrado la noche anterior ya no estaba. Juliette Massin había partido. Lucas sentía que ella lo había utilizado solamente para asesinar al autor de aquel cuadro. Se sentía un tanto vacío, a pesar de haber tenido tantos orgasmos gracias a Juliette la noche anterior.

Lucas estaba confundido acerca de la noche anterior, pues no podía distinguir si había sido un sueño o una pesadilla. Miró una vez más hacia el cuadro en búsqueda de una pista que lo reconfortara e hizo bien al hacerlo puesto que encontró un alcatraz que no había existido antes en uno de los caminos horizontales y solitarios del cuadro. El sabía muy bien que era un mensaje de Juliette Massin, como forma de agradecimiento por la noche anterior.




Cuatro semanas después cerca de Place d’Espagne, en una mesa del Café du Vaudeville, tomando un café negro como su alma, leyendo Fleurs du mal de Charles Pierre Baudelaire, con un alcatraz yaciendo sobre su mesa, una rubia de pelo lacio hasta los hombros, con dedos largos y fríos, reconoció a Lucas sonriéndole e invitándolo a que la acompañara a su mesa.

Friday, February 12, 2010

Breve carta abierta a la gente de Totontepec

Esta noche me disponía muy tranquilamente, después de haber abierto una botella de un Challis Lane 2008, a escribir un par de cuentos breves y relatos amenos. Sin embargo se me ocurrió revisar mi bandeja de entrada de correo electrónico, gran error, pues en ella encontré nuevamente mensajes atacando un escrito que escribí hace siete años, llamado Totontepec Concentration Camp. Los ataques fueron muy personales y pensé en hacer un detallado contra-ataque a la persona que se auto-nombra, "Mito" (pensé en un principio que se trataba de su homónimo amigo mío de Ciudad Juárez con quien comparto el mismo nivel de humor negro, sin embargo después de leer sus primera líneas en sus comentarios de esta historia me di cuenta que no era el), sin embargo no daré esta respuesta, no vale la pena, chingar, ya bastante tengo con el odio de personas que ponen en su buscador de internet las palabras "Totontepec Villa de Morelos Oaxaca". Tan solo diré lo siguiente ...

Deben de entender que mi escrito fue escrito hace siete años y ¡es una sátira! ¿No saben lo que es una sátira? Les regalo la definición:
sátira
1. f. Escrito donde se censura o pone en ridículo algo o a alguien:
escribió una sátira contra el clero.
2. Obra o dicho agudo,picante o mordaz:
su película era una sátira contra la dictadura.

Supérenlo por favor y dejen de andar chingando el alma con sus ridiculeces y quejas de que lo que escribí son mentiras. Si les molesta tanto que en Google salga mi historia cuando ponen el nombre de su pueblo, entonces hagan una puta página y escriban de lo grandioso que es Totontepec Villa de Morelos, realmente me vale madres lo que hagan pero por favor dejen de chingar el alma. El hecho de que inviertan tanto esfuerzo en criticar mi escrito, que me tomó 25 minutos escribir, tan solo me dice o que no tienen sentido del humor, o que son muy ignorantes o que realmente no tienen nada mejor que hacer. Hagan lo que hagan en realidad me viene valiendo madres, yo no voy a quitar mi escrito, y aunque este sea observada ridículamente bajo su lupa de pseudo-editores jamás la quitaré.

Siento a veces que mi escrito de Totontepec Concentration Camp es como un herpes pues realmente nunca se va.

Tuesday, January 26, 2010

Mexico Obeso

Por fin lo logramos. Somos el país más gordo en todo el mundo, el año pasado estabamos en segundo lugar, tan solo detrás de Estados Unidos, pero gracias a una desaceleración de la obesidad en este último en el 2009 podemos adjudicarnos ese "gran" honor de ser el país más gordo del planeta.



Sin embargo esto no es lo que más me mortifica, lo que realmente me asusta son las estrategias ineptas del gobierno para atacar este problema.

"El gobierno federal puso en marcha el Acuerdo Nacional para la Salud Alimentaria, Estrategia contra el Sobrepeso y la Obesidad, mediante el cual se pretende revertir la tendencia en el sobrepeso que padece el 70 por ciento de los adultos, y alrededor de cuatro millones y medio de niños de entre cinco y once años, afirmó el presidente Felipe Calderón" 1

Parte de esta "Estrategia contra el Sobrepeso" es la de poner "vitaminas" en la comida chatarra. Para mayor referencia lease el siguiente artículo de Milenio.

Pondrán vitaminas en comida chatarra

Yo pienso que es una vil pendejada, cuando leí esto pensé que era una columna sarcástica, pero no, estaba muy equivocado, es parte de la estrategia de la Secretaria de Salud. Esto de darle un "valor nutricional" a la comida chatarra es lo equivalente a decir que para atacar el problema de la violencia vamos a hacer descuentos en las funerarias. La comida chatarra es un problema, eso es mas que obvio, pero no es lo único. El problema en realidad es que la gran mayoria de los mexicanos desconocen cuanto y como deben de comer.

En vez de ofrecer "Gansitos con 12 vitaminas y minerales" o "Coca Cola, ahora con 10% menos azucar", deberían invertir en educar a los niños acerca de su alimentación, prohibir la comida chatarra en las escuelas. Deberían ser mas severos con la industria refresquera así como los productores de alimentos chatarra, quienes ahora estan "en la mejor disposición de mejorar la calidad de sus productos". Lo cual yo compararía a que un tipo violara y golpeara a una persona hasta casi matarlo y despues llegara al hospital donde se encuentra su familia para decirle:
"Lo que ustedes gusten eh, en lo que le pueda ayudar"

Pareciera que los consultores de Calderón en esta materia fueran los presidentes de Sabritas, Marinela y Coca Cola (probablemente Agustin Carstens). Porque no le preguntamos de una vez a El Chapo acerca de la mejor manera de disminuir la violencia en el país (ya me gusto esto de las comparaciones aparentemente). Calderón en vez de estar pensando en frases "inteligentes" como "vamos a echarle los kilos a la obesidad" debería de analizar con un poco mas de detalle su estrategia y no se, tal vez renunciar, no por su estrategia sino porque lo detesto y pienso que es un inepto. Pero esa es tan solo mi opinion.



Para los que leen este blog de vez en cuanto quiero aclarar que no pienso volverlo politico, como un tiempo lo fue, pero me pareció una causa justa. A fin de cuentas yo pago por este espacio.

Saturday, January 23, 2010

Un espectáculo ajeno:

Parecía una transición natural de acuerdo a su manera de acariciar mi espalda mientras la abrazaba, como si las lágrimas fueran la aceituna en mi Martini de besos. A mi me pareció un tanto extraño, sin embargo esto no detuvo la inercia de mis labios acariciando los suyos aunque supiera que ella me detendría en cualquier momento, pues parecían que mis besos no eran en realidad míos sino de la persona a la que aclamaban las lágrimas que escurrían a lo largo de sus mejillas hasta escurrirse en mi cuello.

Aunque aquellos besos parecían tan correctos, pues parecía haber pasado una década desde el día que los había esperado, yo me sentía ausente en aquella escena, aunque no hubiera otra persona alrededor, sus lágrimas eran un eclipse de mis besos, ella parecía ausente, casi atónita, pero mas que nada inmune a los encantos de mis labios.

A pesar de todo, su fragilidad me parecía tan encantadora. Desistí aquella batalla, pues uno tiene que escogerlas, no todas se pueden ganar. Decidí entonces tan solo ser un espectador de aquella sinfonía de sentimientos en la cual mi acompañante circundaba. Decidí tan solo ser un escultor de finos detalles que hicieran relucir su momento exquisito. Ser el abrazo confortador. Ser el beso sensual. Ser la caricia debajo del lóbulo de su oreja izquierda. El susurro. La punta de nariz juguetona.

Y no fue nada malo ser espectador. Ella era como una pieza de arte en una bodega vacía, y yo su humilde seguidor, llevándola de la mano alrededor de su odisea sentimental. Y aunque supiera bien quien era aquella persona por la cual ella lloraba yo no quería preguntar ¿Para que demonios? Era tan bella ella con sus lágrimas que me preguntaba si alguna vez alguien habría llorado así por mí.

Sentía un poco de envidia… pero al menos ella seguía besándome.

Tuesday, November 17, 2009

Treinta y uno:

El la había citado a las seis de la tarde en el Café Infinito, el mismo lugar donde se habían conocido tres años atrás. Ella como siempre llegó una hora tarde, aún hablando por teléfono haciendo pedazos a alguna de sus amigas con un nuevo chisme, sentándose en un distante rincón de donde él se encontrara. El buscaba su mirada, pero ella parecía no atreverse a mirarlo a los ojos desde un par de semanas atrás. Ella continuaba hablando y él tranquilamente veía su taza de café, oscuro y sin azúcar. Apenas cuando ella había terminado su llamada, el tomó un último sorbo de su taza, después sacó una hoja de papel doblada en cuatro partes que había sido resguardada en uno de los bolsillos de su abrigo, se paró, tiró la hoja doblada al centro de la mesa y dijo:
-Alguna vez alguien me dio esta misma nota, no se quien la escribió originalmente si supiera quien es el autor te lo diría sin duda, ahora yo te la obsequio a ti... es toda tuya.
Sin decir una palabra más partió de aquel café. Caminaba por callejones que nunca había conocido de aquel barrio donde se encontraba el café, no le importaba que esto lo alejara un poco de su carro, tan solo quería caminar y respirar una brisa de libertad; se sentía casi liberado de una maldición.
Por su parte ella con temor desdobló la hoja y encontró 31 palabras que conjuntamente devastaban la relación con quien ahora había desaparecido de aquel café. No hacía falta una palabra más. Al terminar de leer la corta frase ella vio como la soledad entraba por la puerta de aquel rústico café y se sentó a un lado de ella, abrazándola con fuerza como si no quisiera ni pretendiera dejarla nunca.

La nota decía:
“No sé cual es la diferencia entre el centro de una piña, el palo de una baraja y esa cosa que te hace falta… si no me equivoco se llama corazón”

Monday, October 19, 2009

Decompresion

A pesar que fue un experimento divertido el ser corresponsal de mi maratonica fiesta de cumpleagnos, aka "Shivafest", subiendo en tiempo real articulos de lo acontecido, no me termino de convencer. Entra dentro de esa interminable discordia en mi cabeza, cantidad contra calidad, no solo en el contenido de la pagina si no tambien en la de sus visitantes. Lo pense cautelosamente y conclui que eso de traer a personas a leer la pagina por aumentar el numero de visitas no es mi meta, si cuatro personas son las que leen esta y la leen porque les gustan mis historias me parece mas que suficiente,, en vez de tener a 30 personas que solo visiten por morbo. Asi visualizo mi pagina, como si fuese un modesto museo de recuerdos, historias y suenos enmarcados entre palabras.

Es por eso que a pesar que fue divertido y fue un buen experimento el subir fotos de mi festejo lo muevo a un rincon de la pagina, debajo de la categoria Shivafest.

Disculpen las faltas de ortografia y falta de acentos, estoy en un teclado foraneo y me es dificil escribir.

Wednesday, September 30, 2009

Spot 254

Noches de karaoke, mañanas domingueras con menudo, en las faldas de
una colina de Bonita se encuentra el legendario Spot 254.

Following the white rabbit

Perdido y en busqueda de un buen Malbec acompañado de Acid Jazz.

Syrah

My happy place

Friday, September 25, 2009

El fin de La Vuelta a Italia en Ochenta Copas

Esta es probablemente la historia que más trabajo me ha costado terminar. Creo que hoy puedo decir que si al menos la historia no termina el ciclo si. Gracias a todos quienes me acompañaron en esta campaña.
Tuve que pedirle ayuda a Nicoletta para poder terminar esta historia. Espero algún día me perdone.
Giancarlo, Verona y Julietta:
Después de pasar de una noche congelado en la estación de Venecia pude instalarme en un cálido tren que me llevaría hasta Verona, donde mi amigo Giancarlo me esperaría. Dentro del vagón compartía asiento con dos preciosas argentinas, madre e hija, quienes al ver mi rostro azul congelado se apiadaron de mi, me dieron comida y me abrazaron durante el camino, contándome chistes de Chespirito, del cual eran grandes admiradoras. Sus nombres eran Eugenia y Cristina.
-¿De verdad es tan famoso en Argentina?
-Chespirito es grande boludo, mi favorito es el Chapulin Colorado.
-¡No contaban con mi astucia!
Ellas reían sin parar cada vez que decía una de las predecibles frases de Hector Bolaños. De pronto sacaron el mate, compartieron el pitillo mientras continuábamos con nuestra plática. Me recordaban tanto a mis pinches argentinas apretadas, Roxy y Mary, como solíamos compartirlo en Oaxaca, me hubiese encantado compartir el vagón con ellas también. Pero cada viaje es diferente y no podía alimentarme de la nostalgia aquella vez.
Al llegar a Verona inmediatamente me dirigí a la taquilla para comprar el boleto que me llevaría a Vienna la siguiente noche. No se lo diría a Giancarlo hasta en la noche cuando los dos estuvieramos borrachos. El sabría bien que el motivo absoluto era ir a visitar a Gerlinde, quien según cualquier persona que me hubiese conocido aquella época, había sido la encargada de sacar de mi pecho mi corazón aún palpitante y comérselo a mordidas en frente de mis ojos llorosos. Pero eso no me importaba, era un miedo que ya había afrontado tiempo atrás, tan solo quería cerrar ese círculo.

Giancarlo me recogió en la estación de su ciudad, la misma de Romeo y Julieta. Irónicamente mi amigo italiano era el individuo con mayor habilidad para conquistar mujeres que yo había conocido en mi vida. Giancarlo Colella es su nombre, gracioso hasta la muerte, amante de cualquier mujer que respire, más pasional que Neruda, con mas personalidad que James Bond pero tan enigmático como Michael Corleone. El día que le toqué morir este mismo convencería a la muerte que lo dejé vivir diez años más por una noche de sexo. Ese era el Giancarlo que todos en Austin conocíamos. Pero ante todo, un excelente amigo.
Aquella noche me llevaría por los bares de Verona, con sus amigos árbitros de futbol, veríamos un carro encenderse frente a nuestros ojos, yo besaría a una tipa de Chicago con el pretexto de ser fan de los White Socks, beberíamos del vino de su viñedo, y el bailaría en su departamento un tango con una de sus amigas que terminaron con nosotros aquella noche, la pieza era Arrancame la Vida de Agustín Lara.

Eres grande Giancarlo. Me puede en ocasiones no haberme quedado mas tiempo contigo, sin embargo tenía que partir al día siguiente. El trén nocturno me esperaba, tendría que dejar la ciudad del romance perdido para ir con mi dulce niña fría, Gerlinde, quien me esperaba en Vienna.
(… 13 copas más)
Regalo de despedida:
Al llegar a Vienna marqué los dígitos que me harían escuchar la voz de Gerlinde. Ella respondió emocionada, tal vez pensaba que después de todo no me atrevería a visitarla.
-Tengo una clase pero salgo en dos horas. Te recojo en Sudbahnhof.
Hice tiempo en las tiendas porno hardcore del centro de Vienna y uno que otro café. Gerlinde después como había prometido me vió en la estación, me abrazó y me llevó a su departamento donde tomaríamos tes de frutas. Yo caería rendido en una de sus camas por tres horas ininterrumpidas. Despertaría sin sueño, listo para continuar tomando. Iríamos a un par de pubs aquella noche junto a su hermana y mejor amiga, también visitaríamos un Kristkindlmarkt en frente de la catedral principal de Vienna, donde tomariamos vino caliente.
La siguiente mañana partiríamos en tren hacia el pueblo que la vio nacer. Kurnberg, uno de los lugares más místicos que he visitado en mi vida, por su neblina ocupando hasta el rincón mas oculto del pensamiento. Su casa se encontraba a un lado de la única iglesia del pueblo. Su familia había sido desde que Gerlinde tenía memoria los encargados de tocar la campana del templo, hasta el día que una maquina programada los sustituyo. Aún teniendo acceso me llevo hasta el cuarto de la campana. Cené esa noche junto a su extensa familia de siete hermanos incluyéndola. Me hicieron sentir como uno más.
Dos de sus hermanos, Gerlinde y yo, esa tarde nos escondimos en el ático de su extensa casa, al parecer sus padres no sabían que todos sus hijos fumaban, o al menos eso querían aparentar. Hablábamos de misteriosas muertes del pueblo, pero Gerlinde decidió entonces llevarme a una de las torres al norte de su pueblo. Vimos el atardecer, aunque esté solo parecía un espectro oculto entre la neblina. En la noche iríamos a unos bares en Steyr, la ciudad más próxima a aquel pueblo, me mostraría de paso la preparatoria a la que ella acudió, en la misma que por cierto algún día acudió otro ser histórico que tal vez conozcan, su nombre era Adolf Hitler.

La mañana siguiente me desperté y me metí en la regadera, tendríamos que volver a Vienna para tomar mi tren. Al salir en toalla me percaté que uno de los calzones negros de Gerlinde yacía sobre mi mochila. Parecía haber sido puesto ahí a propósito. Sin dudar un segundo lo tomé con mis dos manos y lo acerqué a mi pecho como si lo estuviese abrazando, pensando que definitivamente era el regalo de despedida de Gerlinde hacía mi. Era la tregua después de todas aquellas batallas, nuestro tratado de paz, pues después de todos los problemas que habíamos tenido en el pasado podíamos mofarnos con este tipo de regalos. A pesar de habernos involucrado y lastimado tanto al fin podíamos ver el lado gracioso de las cosas, podíamos reírnos de nosotros mismos. Abrí una de los bolsillos de mi mochila, lo doblé y lo guardé.
Una vez en la estación y un par de besos antes de despedirnos acerqué su oído a mis labios y le dije suavemente:
-Gracias por los calzones.
El silencio solo respondió. La volví a ver a los ojos y en ese momento me dí cuenta que no tenía idea de lo que estaba hablando. Todo había sido una farsa creada por mi subconsciente, una conspiración en la cual yo era el ejecutor y la víctima, con el fin de robarme sus calzones. Sus pupilas se comenzaron a dilatar y sus oídos a expandir.
-Daniel ¿De que demonios estas hablando?
Los chillidos del tren a punto de partir funcionaron en aquel entonces como la campana que salva a un campeón noqueado. El tren comenzaba a avanzar lentamente, la cara de Gerlinde aún se encontraba confundida con mi última aseveración, sin embargo continuaba sosteniendo mi mano, yo adentro del vagón y ella viéndome fuera de este. Era el momento de decir adiós, yo con mi calzón robado, el cual confieso hasta hoy día mientras ella acelerando el paso para tratar de mantener la aceleración descomunal del vagón para no soltar mi mano.
-Ciao Schatzie, auf wiedersehen!
-Auf wiedersehen schatzie!
Me despedía así de mi dulce niña fría, quien me enseño que no solo es de grandes almas el perdonar, sino también el pedir perdón. Tal vez por eso con estas líneas te confieso dulce niña fría y te pido perdón por robar no solo tu corazón sino también tu calzón.
(… 7 copas más)
Negroni:
Negroni : 1 part gin, 1 part sweet vermouth, and 1 part bitters, traditionally Campari. It is considered an apéritif, a pre-dinner cocktail intended to stimulate the appetite.
Daniel, tengo ganas de ponerte borracho esta noche, me decía Nicoletta. ¿Ah si? Mira que casualidad, yo también tengo ganas de ponerme muy borracho, le contestaba con mi sonrisa siempre constante cada instante que estaba a su lado. Te quedan pocos días en Milán y creo que no he estado lo suficiente contigo, es culpa de esta fucking tesis. No te preocupes, no pasa nada, yo he disfrutado este tiempo aunque la mayoría del tiempo haya estado tirado a lado de ti leyendo cuentos de Luisa Valenzuela. Me da gusto Daniel, yo también he disfrutado de estar contigo ¿Qué haremos esta noche Nico? Conozco un Happy Hour que te va a encantar.

Esto es un Negroni, no preguntes que tiene, solo tómatelo, it’s gonna fuck you up good. Salud Nico. Salud Daniel.


Dime cual es tu más bonito recuerdo de estas últimas semanas. No lo sé, hay demasiados, tendría que pensar, pero obviamente tú sabes cual es el tuyo. (Risas). Claro hay varios y claro tengo mi lista de favoritos, como la noche que tomamos absinths, cuando preparaste el guacamole asqueroso, andar contigo en bicicleta en la noche congelada y tu bicicleta sin frenos, perderme contigo en medio del frío completamente wasted buscando una fiesta punk, cuando nos preparaste enchiladas en nuestra noche mexicana, pero creo que mi favorito sigue siendo cuando estábamos en Virgin Records, en la sección de libros y me enseñaste el capítulo siete de Rayuela, en mi propio idioma. Que casualidad, ese momento también es mi favorito, esa noche me dijiste una de las cosas mas bellas que alguien jamás me ha dicho en mi vida, mientras tomabas en tu mano el libro de Hesse me dijiste que yo era tu Demian. Sabes que lo dije de todo corazón. Lo sé Nico... pero te puedo preguntar una cosa. Dime Daniel. De verdad ¿No recuerdas nuestro primer beso?
(... 4 copas más)
Ciao Bella:
From: Daniel
To: Nico
Subject: ciao
Date: Sat, 27 Sep 2003 19:23:44 +0000

Bella principessa, come stai questa notte cara mia, sto qui nella mia casa faciendo niente di bello, ieri sera ho pensuto di fare una chiamatta telefonica a te, ma non ho portato tante soldi nel mio movil. Ieri sera ho un problema con una ragazza che eraba importante nella mia vitta, un amore dil passato, e mi ho sentito male per quello, non c'e importante che cosa ho passato, ho pensato che il destino ancora una volta mi ho lastimato, ieri sera ho desiderato facciare tante chiamata telefonica, ho mancato austin e tutti miei amici, e non ho poduto dormire in tutta la notte, ma oggi penso che il destino mi mostra una nuova opportunita, sono felice perche so que non sto da solo, ho tanti amici qui e in tutto il mondo, e una persona non sta andando renderlo triste. Oggi andero con la mia cugina a prendere molte birre con tutti gli suoi amici. Suona divertito ... Nico , ti manco , ti voglio benissimo... grazie per sono sempre nel mio cuore , questo mi rende piu forte.
Ciao Nicoletta, molti baci... ti voglio ...

(... 3 copas más)
Ladyhawke:
From: Nico
To: Daniel
Sent: Tue 10/19/04 9:26 PM
Subject: (No Subject)

As we said more then once, we two live one life, the same life. When you wake up, I'm ready to go to sleep...and if you talk to me, your words will reach me in the deep of my sleep, and they will color my dreams with infinite dyes, and will bring me the perfume of the red ground where you walk my friend.
I love imagining that when I think of you, you sleep and when you think to me I'm the one sleeping, and our thoughts keep chasing each other all around the words...
Laugh in the sun, and your smiles will arrive to dandle me in the night.
(.. dos copas más)
Lui/lei:
Aquella noche tenía que escapar del mundo, sentía que no había persona que pudiera comprender mi pena. A pesar de que todo aparentaba perfección sabía muy bien que no lo era, quería alejarme de todo lo que me rodeaba, quería sentir la soledad plena para poder escuchar mis pensamientos, quería perderme en aquel gris bosque que me separaba del mar para después caminar por la arena, sentir la espuma pasearse entre mis dedos, escuchar las olas quebrarse , sentir la húmeda brisa salina rondando por el aire, sentarme y ver el reflejo de la luna deformarse por la marea, ver las estrellas , hacer historias de amor uniéndolas, escuchar el canto de los pájaros al amanecer. Aquella noche escapé de mi existencia, corrí de todo, no quería saber nada de nadie, buscaba mi soledad mientras corría y me adentraba en aquel bosque, oía los gritos del mundo. Oía mi nombre en un fondo que no me interesaba escuchar. Algunos gritos eran con ira, otros con preocupación, pero ninguno me importó, ninguno me detendría, pensaba que no había fuerza alguna que pudiera pararme hasta que escuché esa voz. Era tan diferente a los demás gritos. No era un grito, sino una tierna voz que suspiraba mi nombre con la misma soledad que sentía yo aquella noche; pero de una manera tan dulce y melancólica a la vez. Al escucharla sentía que mi corazón se partía. Entonces cambio totalmente mi parecer. Podía cambiar el mar y las estrellas por la oportunidad de verte. Fue tu voz la razón que me hizo retornar, tu voz diciendo mi nombre. Di media vuelta para seguir el melódico sonido que partía de tus labios. Seguí aquella exquisita sinfonía hasta encontrarte yaciendo debajo de un árbol, abrazabas tus piernas, temblabas de frío, iluminada apenas por una bella luna llena, tu mirada expresaba temor e incertidumbre, pero al verte encontraba el reflejo de mis sentimientos pues mi soledad parecía haberse personificado en ti. Al verte te llamé y tú me dirigiste la mirada, te levanté, nos abrazamos, me preguntabas que era lo que hacía, te expliqué con pocas palabras y me comprendiste, te mire a los ojos, te besé delicadamente para que entraras en mi corazón y no salieras nunca más.
I was there, hidden in the air, hidden behind that tree, hidden in the light. I was the little girl which was reading that tale before falling asleep in the warm intimacy of her violet bedroom. I was there and I saw them kissing. I saw her closing her eyes exactly in the moment he drew up his face to her. Squeezing her eyes she wanted to keep that moment forever, to impress that image in the deep of her soul. I heard the few words they told each other, but I know they didn't want to ruin the perfect and pure silent which was all around them, interrupted only by the light rays of the moon. They didn't need words, she knew what he was feeling, and she was grateful that he came back to find her. Between them there was a silent understanding, a silent understanding that more then once they felt, but just that night realized completely. They were sad and happy, and they knew, from that night on, that they have found each other, and from that moment they will have been together forever, two parts of a same soul, and two puffs of the same wind. That kiss was the perfect seal of their junction... it wasn't just a physic thing, I saw it, their souls kissed too, and melted in one...
(… una copa más)
La última copa:
Siempre tuve temor de llegar a este capítulo y nunca pensé en realidad cual sería la mejor manera de abordarlo, pues el tema de mi viaje a Italia junto a mi romance platónico con Nicoletta es algo que tal vez me gustaría extender hacia la eternidad, pero se que eso no es algo sano, se que necesito cerrar tanto la historia como el ciclo, se que es algo que incluso Nicoletta desearía.
Es difícil expresar con palabras y con historias nuestra relación, pero si tuviera que explicarlo de la manera más corta podría decir que somos almas gemelas, que soy su Demián y ella es mi Beatriz. Llevó años sin verla, pero se que ella es feliz, se que se merece ser feliz y siempre seré feliz por ella. Se qué el final de esta historia no significa el final de las historias en las que yo hable de ella.
Hace un año me enteré que ella se iba a casar. Pensé en ese momento que debía terminar mi historia de mi viaje a Italia antes de que ella contrajera nupcias, pero la inspiración nunca llegó. Esta llegó hasta el día de hoy, un día después que me he enterado que ella se ha casado, y esto me hace pensar que tal vez inconscientemente esperaba este momento para poder terminar con libertad esta historia, pidiéndole ayuda sin que ella se diera cuenta, robando sus bellas palabras, su manera tan pasional de llevarme a otro mundo con sus palabras, su manera de interpretar nuestro primer beso, nuestros sueños y nuestra relación.
A mis 19 años de edad comencé a escribir mi primera novela, esta trataba de un amor de almas gemelas, en este entonces aún no conocía a Nicoletta. El nombre de la novela es "Son de Corazón Crespo" y terminaré esta historia con el fin que tenía planeado para aquella novela, pero antes les platicaré la última copa que tomé con Nicoletta.

Habíamos viajado por dos semanas en el sur de México, desde Palenque hasta Cozumel y de vuelta al bar en Villahermosa, donde tomábamos de una copa de vino de Jamaica ¿Quién iba a pensarlo? Nuestra última copa ni siquiera sería de vino de una uva, pero estábamos juntos, eso era lo que importaba, con la espalda sudada y con la sonrisa protuberante. Habíamos comido peje-lagarto horas antes y los mosquitos habían comido a su vez sangre de nuestras piernas. En unos cuantos instantes partiría junto a Ale, su hermana, a la ciudad de México.
Después de terminar nuestra copa la llevaría hacia la estación donde después de darle el último abrazo y el último beso se iría haciendo más diminuta hasta sentir perderla, no solo de mi vista, si no de mi vida. Aquella fue la última vez que la ví.

Me reconforto con la creencia que ni el tiempo ni el destino pueden impedir que las almas gemelas hagan el amor, pues mientras son, son un son, son un son de corazón crespo que baila como dos gaviotas enamoradas mientras hacen el amor en el horizonte justo antes del atardecer y hasta el infinito.
(… y en el infinito no hay más copas)