Tuesday, October 04, 2011

Elio Lorenzoni y Las Cosas Simples


"Nel mezzo del cammin di nostra vita
mi ritrovai per una selva oscura
ché la diritta via era smarrita."

Recuerdó bien aquella tarde en la que Elio Lorenzoni me explicó el significado del Canto I de La Divina Comedia. Era una típica tarde otoñal en Ciudad Juárez, fría, con pocas nubes y con un solitario sol. Elio nos había invitado a su casa a Marko y a mí, dos de sus tres alumnos de su clase de italiano, para enseñarnos a cocinar spaguetti “al dente”.

Recuerdo como pacientemente cortaba el ajo y la cebolla para después ponerlo en un sartén en el cual previamente había calentado aceite de oliva.  Elio siempre nos decía, a sus 72 años de vida, que había aprendido que las cosas mas simples son las que le habían dado mas felicidad en su vida. Puso en un plato el ajo y la cebolla picada y nos lo dio a probar, aquel plato tan sencillo era un claro ejemplo de lo que aquel viejo nos decía. Tres ingredientes en aquel plato tan simple era un manjar en nuestro paladar.

Después de eso nos enseño un truco para saber si la pasta estaba “al dente” o no, de la hoya sacó un pelo de spaghetti y lo arrojó hacia la pared.
“Si se pega a la pared quiere decir que esta lista, si rebota es que todavía le falta”

Elio era la persona mas interesante y culta que había conocido en mi corta vida. Nos contaba sus historias de la infancia y la Primera Guerra Mundial, de sus días de piloto en el ejercito italiano en la Segunda Guerra Mundial, nos platicaba de las tres ocasiones en las que se estrello piloteando un avión, en plena batalla y como había sobrevivido. Después de eso iba como un niño hacia su cuarto por su escopeta de doble barril, nos la presumía y nos contaba de sus días de cacería;  nos platicaba de cómo se enamoró de su esposa mexicana y como se había enamorado a la vez de México. Nos podía platicar sus historias en cualquiera de los 9 idiomas que sabía hablar fluidamente y no nos dejaría de parecer interesante.

Esta tarde mientras miraba el atardecer en el muelle de Santa Mónica me acordé de Elio y de aquella tarde cuando me explicó el Canto I de la Divina Comedia, de cómo Dante a la mitad del camino de su vida se encontraba en una selva oscura y de cómo se había percatado de que había desviado su rumbo. Tal vez sea porque me siento un poco como Dante a la mitad del camino de la vida, o tal vez porque fue una tarde fría parecida a la ya descrita, o tal vez sea porque vi un avión de guerra perderse en el cielo. Tal vez sea un poco de los tres.

Aquella tarde que fue la última vez que vi a Elio Lorenzoni con vida. Ni dos Guerras Mundiales, ni tres avionazos en plena batalla pudieron con él.

Elio fue el primer amigo que perdí en mi vida y la primera persona que vi dentro de un ataúd.  

Pero prefiero no recordar a Elio en la funeraria, prefiero recordarlo lleno de vida, contagiando de vida, de historia, de cultura y sabiduría. Me gusta recordarlo con su filosofía de las cosas simples de la vida, cosas tan simples como recordar a un viejo amigo 15 años después, sonriendo hasta el final, con una copa de un buen vino en la mano y a escasos minutos de comenzar la cuarta década de la vida.

Friday, September 23, 2011

Alive LAX

Este año, nada me dolió tanto como dejarla ir en LAX. Cada vez que paso por aquel aeropuerto siento escalofrios, siento esa punzada en la panza, ese sentimiento de vacío. La veo perderse en un pasillo blanco sin que volteé atras, a escasos metros donde un par de días antes se nego a besarme. Siempre fueron dolorosos los aeropuertos para nosotros, sea la incesante lluvia en la Ciudad de Mexico, el sol calcinante en Tijuana, o los cigarros que no queriamos que terminaran nunca en LAX. La verdad es que el sentirla, no verla sino sentirla, partir fue lo único que me hizo llorar en ese año, uno de los años mas miserables de mi vida y nada me quebró tanto como el sentirme apartado de ella.


Me sentí vivo, me sentia feliz de poder sentir algo de nuevo después de tanto tiempo...  desafortunadamente eso que sentía era tan solo miseria... miseria de no poder estar cerca de ella


Monday, September 05, 2011

Cuando Los Gatos Salen De Casa

A mi hermana, cómplice de por vida.


Desenvainé mi katana cautelosamente, no quería que el sonido del acero de mi espada raspando la madera de su funda fuera a despertarlos. El factor sorpresa era mi mayor ventaja. Mis ojos se habían ya acostumbrado a la oscuridad del cuarto.

Era verdad, estaba yo completamente borracho, pero el honor de mi familia estaba en juego.

Nuestros padres había salido de la ciudad esa misma mañana, uno de esos viajes que frecuentaban hacer a mediados de octubre por alguna playa desconocida de la Riviera Nayarita. A mi hermana Renata la habían dejado a cargo de la casa y de mí, por supuesto, el niño de 19 años de edad.

Aquella mañana cuando Renata y yo llevamos a nuestros padres al aeropuerto, inconscientemente terminamos sentados en la cafetería de este, desde el cual se podían apreciar los despejes de cada vuelo que salía de aquel pequeño aeropuerto de Ciudad Juárez. Parecía imprescindible el cerciorarnos de que nuestros padres efectivamente se encontrarían lejos de nosotros aquel fin de semana, al parecer ambos teníamos distintos planes para explotar dicha circunstancia. El avión por fin emprendió vuelo y tanto Renata como yo sonreímos al mirarnos a los ojos con cierta complicidad.

El aire caliente de nuestro desierto tenía ahora un místico aroma a libertad.

Al regresar del aeropuerto a la casa cada quien tomó su propio rumbo sin decir una sola palabra.

Eran apenas las once de la mañana.

Yo era feliz, pues aquel sábado podría salir sin tener que preocuparme porque mi madre me estuviese esperando a que volviera en altas horas de la noche en la sala de mi casa para inspeccionar mi aliento y después proceder al interminable e infernal cuestionario acerca de mi noche y de cuantos tragos había ingerido en las últimas horas, cuando la respuesta era simple… ¡Demasiados! Pero tenía que tomar las cosas con calma pues no quería explotar todas mis oportunidades en una sola noche, pues incluso para ser un buen borracho uno necesita ser inteligente, si uno se engolosina demasiado en una noche puede terminar desperdiciando las consecuentes oportunidades.

Eran ya casi las cuatro y media de la mañana cuando volví por fin a casa. Los sucesos de aquella noche son irrelevantes a esta historia y probablemente son tan ordinarios que cualquier lector se aburriría de tan solo escuchar su enumeración; estos se pueden agrupar en un solo hecho, el hecho que yo estaba en un estado de ebriedad severo al ingresar a mi hogar... solo ... lamentablemente solo… tal vez me hubiese gustado haber llegado aquella noche sujetando la mano de alguna bella dama, para llevarla a mi cuarto y tener sexo salvaje con ella toda la noche, sin tener que pagar los 450 pesos que normalmente me costaría en un motel de mala muerte. Lamentablemente, para mi, ese no era el caso.

Abrí el refrigerador, enrollé un pedazo de jamón y una tira de queso. Subí las escaleras y en el camino a mi cuarto un ruido inusual me perturbo. Este provenía del cuarto de Renata. Era un sonido sumamente grave que hacía retumbar las ventanas, iba y venía cada 3 segundos. Presté atención a este desagradable sonido y lo fui buscando por toda la casa, este me hizo subir las escaleras, pasando por la sala y hasta llegar afuera del cuarto de mi hermana. Sin duda el sonido provenía de este lugar.


Mis sospechas se confirmaron una vez que mis ojos se acostumbraron a la oscuridad del cuarto ya que en la cama de Renata se encontraban dos bultos; uno de ellos el origen del ruido inusual… los ronquidos de un hombre con una protuberante panza en la cama de mi hermana.

Y yo podía escuchar los sonidos de mi dura quijada rebotar a un lado de mis talones.

En ese instante formulé dos teorías:

Teoría Numero Uno:

Después de dejar a mis padres en el aeropuerto mi hermana Renata tuvo un día tranquilo en el cual se comportó como una persona bien de sociedad. Fue con sus amigas a tomar un café, regresó a la casa para cocinar una lasagna vegetariana mientras veía su telenovela favorita, después de eso se dio una ducha caliente, se puso sus pijamas y se fue a la cama… para después ser atacada por un enfermo mental el cual estuvo esperándola todo el día escondido en el closet y al estar ella dormida esté procedió a amarrarla en la cama y procedió a abusar de su inocencia. De ser esta teoría viable se tendría que asumir que el atacante era un tanto descuidado, pues entre sus principales errores tendría uno que considerar el hecho de que este se durmió en la escena del crimen.

Teoría Numero Dos:
Después de dejar a mis padres en el aeropuerto mi hermana Renata se fue de libertina y se trampó a ese ser infame que ahora roncaba desde su cama. Que mal gusto debe de tener mi hermana para haberse conseguido a ese tipo que probablemente duplicaba la edad de ella ¡Que dilema Dios mío! Hija de la chingada, salió mas cabrona que yo... ¡Lo bueno es que ella se quedó encargada de la casa y de mí!

Cualquiera fuera el caso sabía bien que solo había una forma de concluir este evento.

Me dirigí hacia mi cuarto. En la cabecera de esta yacía mi katana.

La tomé y me dirigí de vuelta al cuarto de mi hermana.

-Pinche Renata, no me deja opción alguna… debo de correr a la chingada a este individuo.- Pensaba.

Mientras desenfundaba la katana pensaba en mi estrategia, tal vez prendería la luz primero, gritaría con la esperanza de despertar al individuo antes de pincharle la nalga, tal vez este al verme con la espada en mis manos me evitaría la pena de proseguir con mi ataque y saldría corriendo sin hacer una sola pregunta (eso esperaba). Pinche Renata, jamás te voy a perdonar esto, eres una cabrona golosa … en el primer día quemas todos tus cartuchos, que pedo con tu vida (imaginaba mi discurso mientras desayunábamos).

Era tiempo de iniciar mi ataque… Renata te odio por hacerme pasar por esto… pero como hombre de la casa es lo que debo de hacer, pues aunque mis padres te hayan dejado a cargo de la casa me has demostrado que no estas a la altura de dicha tarea… te odio y tal vez debería de pinchar tus nalgas antes de las de ese bulto que ronca para que se te quite lo pendeja.

En ese momento apunté mi katana hacia las nalgas del ser roncador; prendería primero la luz, después gritaría y después lo atacaría. 

Justo cuando mi mano se acercaba hacia el switch para prender las luces del cuarto la puerta de este se abrió.

Renata estaba parada afuera de este.

Los dos bultos dentro del cuarto continuaban inertes.

Ella preguntó asustada:

-¡Lucas!

Confundido yo volteé hacia la cama de mi hermana… los dos bultos continuaban sin moverse… uno de ellos seguía roncando… no sabía que era lo que pasaba… me preguntó:

-¿Qué chingados haces con esa espada?
-¿Cómo? … ¿Quién chingados esta durmiendo en tu cama entonces? –Respondí sorprendido
-Son mis tíos José y su esposa Juanita  que acaban de llegar hace un par de horas pendejo

Tarde un par de segundos más en reaccionar, enfundé mi espada y salí del cuarto calladamente… Renata me miraba con ojos de que quería matarme.

Yo me sentía el peor geek de la cuadra, con mis fantasias de vengador anónimo, según yo defendiendo el honor de mi familia. De lo único que podía estar orgulloso aquella noche era de que nadie mas aparte de Renata me hubiese visto como ninja barato a punto de picar el culo de un ser dormido.

No hace falta decir que en la mañana siguiente el desayuno con mis tíos fue un tanto vergonzoso, pues yo tan solo deseaba que el sonido del acero con la madera no hubiese sido lo suficientemente ruidoso para despertarlos.

Al final tanto Renata como yo nos percatamos que esta “inesperada” visita de nuestros tíos, en este preciso fin de semana, no era mas que un movimiento sumamente estratégico que nuestros padres nos habían jugado… me gusta imaginármelos riendose de nuestra inocencia cuando su avión despegaba en la solitaria pista del aeropuerto de Ciudad Juarez, chocando sus copas con un espiritu de triunfo, mientras nosotros, sus hijos, inocentemente nos ilusionábamos al verlos perderse en el horizonte, sentados en una sala incomoda del mismo aeropuerto, con la falsa ilusión aspirando a independencia... aunque fuera por un par de días.


Nosotros los ilusos.

Friday, July 29, 2011

Consejos de Escritores


The writer is both a sadist and a masochist. We create people we love, and then we torture them. The more we love them, and the more cleverly we torture them along the lines of their greatest vulnerability and fear, the better the story. Sometimes we try to protect them from getting booboos that are too big. Don’t. This is your protagonist, not your kid.
JANET FITCH

Self Portrait


Saturday, June 25, 2011

Friday, June 24, 2011

La Comedia Divina

(Autor: Daniel Chivardi; Ilustraciones por Daniel Chivardi; Basada en una historia ficticia de Daniel Chivardi y en unos cantos de Dante Alighieri)

Bien pudo haber sido la mitad del camino de mi vida y los sucesos de aquella noche fueron salvajemente oscuros, pero al final lo único de lo que estaba absolutamente seguro era de cuanto había extraviado mi ruta.

Kenton, un muñeco gigante hecho de felpa, danzaba en medio de dos mujeres semidesnudas, mientras en cada una de sus manos sostenía un whisky en las rocas. Sus ojos eran dos bolas de billar, bola tres su ojo derecho, siete su izquierdo. Su nariz era roja y redonda como la de un payaso. Su sonrisa era prolongada y con dientes afilados como los de una piraña.
-¡Lucas! ¡Bienvenido a la antesala del infierno!- Me gritó al reconocerme desde el otro lado de la pista.


Kenton sonreía, gritaba y bailaba sin perder el ritmo por un segundo, daba vueltas en medio de la pista, girando como si fuera una gigante bola de discoteca, movía sus pies al ritmo del beat que a gran velocidad pretendía destruir nuestros tímpanos. Luces se prendían y luces se apagaban. Kenton parecía la única constante en aquel lugar. Kenton bailaba con el ritmo. Las mujeres lo abrazaban, le lamían los cachetes, lo mordían, parecía como si aquel enorme muñeco de felpa tuviera un relleno de caramelo, pero Kenton no perdía el ritmo. Todas querían un poco de él.
-Lucas ¡Quieren succionar mi alma!
Me gritaba en sus momentos de lucidez, después reía y me cerraba uno de sus redondos ojos, para después volver a su estado natural de demencia y continuar bailando en medio de la pista y volver a ser uno con el ritmo.

Bailaba con el ritmo.

Yo sentía que un millón de ojos me observaban detrás de aquella cortina de oscuridad que me separaba de todo. No sabía como había llegado a este lugar pero si esto era la antesala del infierno, entonces Kenton era mi Virgilio y yo necesitaba urgentemente un trago.

Me acerqué a la barra donde estaba Falco, un diminuto coyote de seis patas que no paraba de aullar cerca de esta, pidiendo tragos para todos.
-Pide mas Lucas, ¡pide! pide para todos, uno para cada uno, no dos, mejor tres ¡pide mas! ¡pide mas! ¡no van a alcanzar!
Hice caso omiso, pedí cuanto pude. Después de eso Falco sacó de su cartera billetes para doblarlos en forma de avión y lanzarlos a las mujeres que bailaban en la pista alrededor de Kenton. Reía como un demente.
-Lucas, necesitamos mas tragos, no van a alcanzar, yo se lo que te digo, de verdad no van a alcanzar ¡Escúchame por favor!
Maldito animal excesivo, pensaba. Sin embargo lo escuché y volví a pedir mas.




El bartender, un ser de cabeza ovalada, trompa de caimán y con una sola ceja que se prolongaba a lo largo de toda su frente, comenzó a llenar la barra de “scotch & sodas”, definitivamente no era la opción más barata, pero ¿Qué demonios importaba? Si esto era el fin de la vida, si esto era una estación y nuestra próxima parada era una entrevista personal con el diablo, tal vez, mi estimado público, parte del proceso de liberación de nuestras almas era el desprendernos de todo lo material.

Inspeccioné mi cartera y aún tenía 250 dólares. No hacia falta buscar ni mi dignidad ni mi orgullo, pues desde el verano del 2005 los había perdido gracias a la zorra de Esther. Mi estilo aún lo tenía guardado en un bolsillo secreto de esta, esto era lo último que quería perder, pero a decir verdad no sabía si este sobreviviría esta noche, pues como diría mi padre: “La noche era joven y la platica no emborracha”.

Mi estimada audiencia, nunca se me ocurrió preguntar como había llegado a aquel lugar. Todos reían, bailaban, bebían, fumaban y parecían disfrutar el momento, todos parecían sorprendente contentos, sumamente tranquilos, considerando las circunstancias esto era para mi absolutamente incongruente, mi dura cabeza no podía concebirlo ya que en breve, todos y cada uno de nosotros, rendiríamos cuentas con el diablo. Por mi parte yo trataba de tranquilizarme, al fin y al cabo no sería la primera sino la tercera vez que vería al diablo a los ojos.

A Dubois lo habíamos perdido hace tiempo. Sabía que había estado con nosotros por un momento. Tal vez tan solo asumí que su hora de rendir cuentas había sido antes de la mía o la de Kenton o la de Falco, ese hecho no me sorprendía en lo más mínimo ya que Dubois siempre fue el de alma más oscura de nosotros cuatro.

Caminé por pasillos oscuros dentro de aquella sala de espera que mas bien parecía una bodega de desembargo. Entré a un cuarto oscuro, donde podía ver como las mismas mujeres succionaban las almas de otros menos afortunados, estos desistían su existencia sentados cómodamente en sillones blancos de piel, sosteniendo entre sus manos los desnudos senos de las demonias y mientras que estos trataban de succionar de los pezones de ellas, estas succionaban del cuello de ellos sus últimos fragmentos de existencia. A primera instancia un intercambio del cual ambos sentían recibir un pago justo.



El camino se tornaba cada vez mas oscuro y mas difuso. Volví entonces a la barra. Cada segundo que pasaba sentía mas soledad. Las demonias tal vez detectaron algo de esto pues enfocaban sus encantos incrementalmente hacia mí, se acercaban bailándome, rozando sus nalgas en mis brazos, sentándose en mis piernas, queriendo morder mi cuello, probar mis labios, succionar mi alma, agarraban mis manos y las colocaban sobre sus senos, luego ponían sus senos en mi cara, yo desistía por momentos pero por otros no. Quería al menos tener un poco de concentración para poder negociar con el diablo y estas putas eran mucha distracción. Pensaba en proponerle al diablo un trato, pero ¿Como puede uno engañar al diablo? Tal vez aceptaría mis 250 dólares, pero tal vez esto no sería suficiente dinero para sobornarlo ¿Cuál es el valor de un alma? Más importante ¿Cuál es el valor de mi alma? Tal vez no mucho, quien diablos quiere un alma tan desgastada como la mía. Ya lo sabría dentro de poco… sentía que pronto llegaría mi turno, tal vez podríamos hablar con él de nuestros últimos tres encuentros, tal vez podría preguntarle porque no me tomó cuando estaba en sus manos aquellas tres ocasiones.




Las cosas tan solo empeoraron. El bartender me llamó enfurecido, con su uniceja y su enorme trompa de caimán. Me preguntó: <<¿Quien va a pagar por todas estas bebidas?>> Busqué a Falco, busqué a Kenton, pero no estaban ¡Se habían ido! ¿a dónde fueron? ¿Estarían ya en el infierno? ¿Estarían ahora sentados en los sillones blancos de piel? ¿Encontraron una manera de escapar de este lugar y me abandonaron? Conociéndolos estaba casi seguro esta última opción era la más probable. Esta no sería la primera vez que estos cabrones me la aplicaran. Hijos de perra, si salgo vivo de esta yo los mato, pensaba.


Quería escapar. Traté de hacerlo, se los juro estimado público, pero las tipas semi-desnudas me detuvieron al ver en mis intenciones de dar fuga. Estaba rodeado por ellas y me llevaron a la barra con fuerza mientras mordían como perros hambrientos mis brazos. Tomaron mi cartera.
-¡Ahora si te va a cargar la chingada!
-¡Viejo tacaño! ¡Al diablo con el!
-¡Te va a cargar la chingada hijo de tu puta madre!
-¡Pervertido cabrón! ¡Paga lo que debes hijo de la chingada!
Al diablo conmigo, pensé. Ya estoy aquí, que demonios me importa, vuelo directo a Pandemonium y sin escalas.
-¡Llévenme con el diablo pues! ¡Ya me tienen hasta la verga! – Dije con seguridad y harto de todos estos preámbulos, todo este coqueteo, por dios, parecía que estuviera en la sala de espera del dentista con un dolor molar incesante, parecía que estuviese viendo una película de softcore porn en el cual escuchaba todos los gemidos pero no veía ni siquiera un solo pezón.
-Terminemos esta farsa de una buena vez, llévenme con el diablo.

Todos callaron. Todos estaban estáticos. Parecía que hubiese presionado por error el botón de pausa. Fue entonces, mi estimada audiencia, cuando pensé que tal vez el infierno en realidad no existía, tal vez era un engaño para controlar nuestros instintos mas salvajes y estas putas tan solo querían drogarnos con sus encantos, quitarnos nuestros centavos y dejarnos en la calle. Ese realmente sería el verdadero infierno, haber perdido todo por no poder controlar esa hambre, ese deseo, esa ilusión que solo existe en nuestras cabezas. El verdadero infierno es el llegar al final de tu vida y darte cuenta que no viviste lo suficiente, que viviste una vida falsa, una vida ajena, que tal vez fue aprobada por el resto del mundo excepto por la persona mas importante, tu misma persona. El verdadero diablo tal vez lo llevamos cada uno dentro de nosotros pues es el que a final de cuentas tendrá que vivir en medio de aquel solitario lago congelado.

- Señor, su platica esta muy interesante pero ya llegamos a su destino.
-¿Destino? ¿Cuál destino? ¿Dónde estoy?
- Hotel Apolo, como usted lo ordenó.
- Oh dios, ¿Pero como? No entiendo ¿le debo dinero?
- Asi es mi estimado, el taxímetro indica 17 dólares.
- Lo siento señor, estoy un tanto confundido, estaba yo en otro lugar y estaba contando mi historia a mi público.
- Asi es señor, su historia del infierno es sumamente interesante, ha tenido la atención de todos mis compañeros, la hemos disfrutado bastante, sin embargo hemos llegado a su destino y yo necesito continuar trabajando.
- Pero no lo entiende, yo estaba en el escenario del teatro y la historia de la que usted habla se la platicaba a mi publico usando un micrófono.
- No señor, usted ha estado sentado en el asiento trasero, contándonos su historia y no ha sido un micrófono lo que ha usado sino mi radio, nos ha hecho reír bastante a mi y a los otros taxistas, hasta me da pena cobrarle.
- Ah ¿ahora te hago reír hijo de la chingada? – Pregunté indignado pero un tanto confundido aún, tomé un billete de 20 dólares lo hice bolita y se lo tiré en la cara mientras añadí:
- Quédate con el cambio y cómprate un poco de cultura, pendejo.
El taxista soltó una carcajada, al parecer creía que bromeaba o simplemente yo le causaba mucha gracia.

Kenton me esperaba afuera del taxi. ¿Cómo me encontró? Jamás lo sabré, tal vez yo fui el que lo encontró a él. Su protuberante sonrisa con dientes afilados parecían querer comerme. Su cara era redonda y roja casi como un tomate. Me veía de frente y yo solo veía un 37 en sus ojos y dos filas de dientes afilados que abarcaban todo el horizonte.
-No tienes idea del cagadero que hicimos Lucas.
-¿Qué? ¿No entiendo? ¡¿Por qué me dejaron solo cabrones?! – Le grité a Kenton enfurecido.
-No te dejamos, ya nos íbamos y tu te regresaste… ¿Estas bien?
-Si, ahora si, pero ya quiero irme a mi casa. – Respondí con escalofríos.
-Hombre espera que Falco va 400 dólares arriba en el Black Jack, sígueme.



Entramos a el Hotel Apolo, caminamos un par de metros entre maquinas tragando monedas. Llegamos a la mesa y ahí estaba nuestro amigo Falco, pensativo mientras veía sus cartas en la mesa, con dos de sus seis patas arriba de esta. Una mesera se acercó con unas cervezas pero yo no podía tomar nada más. Quería volver a mi casa.
-Ya me quiero ir – Dije.
-Tranquilo Lucas, ya casi nos vamos – Dijo Kenton.
-¡No! ¡Ya no puedo! ¡Quiero dormir! – Gritaba mientras con mi puño daba golpes a la mesa.
-Lucas cálmate por favor y deja de gritar que nos van a correr de aquí también.- Dijo Falco -Necesitas tomarte una píldora.
-Vámonos de aquí- Grité con desesperación, pero Falco y Kenton me ignoraban. Decidí entonces tomar por mi cuenta otro taxi y dirigirme hacia el hotel Saint-Michel.

Estaba por fin en frente de mi cuarto, en el veinteavo piso del hotel, una sola puerta con el numero 433 me separaba de mi tan anhelada cama, moría del cansancio, no podía esperar el momento en el que mi cabeza tocara la almohada, fue solo entonces cuando me percaté de que había perdido mi llave. Comencé a tocar la puerta con la esperanza de que Dubois estuviera dentro, tocaba desesperado con unas inmensas ganas de entrar al cuarto, gritaba:
-¡Dubois! ¡Maldito pajarraco abre la puerta!
Pero mis intentos eran inútiles. Continué gritando desesperado y pateando la puerta. A lo largo del pasillo observé como dos siluetas se acercaban a mí. Eran dos enormes gorilas que trabajaban como guardias de seguridad del hotel, ambos vestían traje y lentes oscuros.
-Señor ¿Cuál es el problema?
-Este es mi cuarto pero no tengo la llave ¡La perdí! ¡No se donde está!
-Muy bien señor, si esto es verdad no habrá ningún problema, le daremos acceso, pero si es esto es mentira vamos a tener que seguir el protocolo de este hotel y tendremos que proceder a quitarle la vida– Decía uno de los guardias tranquilamente mientras el otro sacaba una pistola y me apuntaba en la cabeza. Comencé a temblar de miedo ¿En que lugar me fui a meter? Pensé. Comencé a dudar del número de cuarto, el número de piso, el nombre del hotel, mi nombre, esta realidad, mis rodillas temblaban.
-¿Tiene algún tipo de identificación?
Saqué de mi cartera mi licencia para conducir. Uno de los guardias la tomó y se comunicó a recepción mientras que el otro no dejaba de apuntarme con su pistola.
-Muy bien dale acceso, el hombre dice la verdad.
Los guardias me dejaron entrar. Dubois, el cuervo, dormía en la cama.

Pude por fin entrar en la cama, cerré los ojos pero no podía dormir. Pasó una hora, escuchaba ruidos en el pasillo y después un llamado a la puerta. Eran Kenton y Falco. Estaban felices de haber ganado en la mesa de Black Jack del Apolo’s. Se servían otro scotch en las rocas de la botella que habíamos comprado desde el día anterior.

Falco sacó una píldora de su maleta, se acercó a mí y la puso en mi mano:
-Te la mereces, es tiempo de partir.
Tomé un vaso de agua y tomé la píldora sin esperar un solo segundo mas. Me recosté sobre la cama. Mis ojos pesaban.

Cerré los ojos.

Abrí los ojos.

Estaba en el mismo cuarto del hotel, pero ni Kenton ni Falco ni Dubois estaban ahí. En la habitación tan solo habían otras tres personas idénticas a mi unidas por el torso. Cerré los ojos de nuevo, pretendiendo estar dormido, no fuera a ser que aquel ser de tres cabezas quisiera hablar conmigo. Me sorprendía mi incapacidad de poder distinguir la realidad de lo ficticio, de tomar control de mi vida y de mis pensamientos.



Abrí los ojos de nuevo, amanecía y yo me encontraba solo en aquel cuarto en el veinteavo piso del hotel Saint-Michel. Sentía un inmenso calor, mis sabanas estaban llenas de sudor y mi boca estaba completamente seca. No estaban ni Kenton, ni Falco, ni Dubois, ni el ser de tres cabezas. El vaso con whisky y hielos derretidos estaba a lado de la ventana. Comprendí todo en ese momento. Yo sentía como poco a poco mi cuerpo se iba desintegrando, desvaneciéndose de ese mundo hasta desaparecer, casi como si mi cuerpo fueran las últimas paginas de una historia ardiendo en el fuego, como si siguieran una regla en la que las cosas que suceden en el infierno en el infierno se quedan.

Saturday, May 21, 2011

Siete y medio

Por cada beso tuyo iria al infierno siete segundos; por cada abrazo, tal vez medio.

Ninguna

Tienes razón. No eres a la primera a quien le recito poemas de Benedetti, ni cuento cuentos de Cortazar, pero si la primera que me los ha pedido de vuelta. Y eso, querida, te hace única.

Sunday, April 10, 2011

Confesiones de un Corazón de Piedra:

Siempre me había preguntado que sienten esas parejas sosteniéndose las manos en la playa mientras ven el atardecer. Pensar en palabras como: playa, sol, manos, mirada, besos, labios, arena, ocaso, creaban por si solas transportarme a otro planeta, uno con atmósfera poética, me recordaban a Neruda y sus marineros que besan y se van. Confieso que envidiaba a esas parejas ya que yo siempre era un espectador. Tan solo me quedaba conformarme con el sonido de las olas quebrarse ante mis ojos y suspirarme en el oído en secreto: “Estás solo”.

Yo no temia a la soledad.

Aquella tarde en La Jolla, mágica tarde sin duda, sentí por primera vez esa mano acariciando la mía y fue en realidad el atardecer mas bello, tu soltabas mi mano y te adentrabas al mar, este cubría tus tobillos, luego tus rodillas, volteabas y sonreías, mientras yo desconfiando de mi memoria sostenía mi cámara y engatillaba mi dedo tratando de capturar cuantas fotografías me fueran posibles. Es que debo de confesarte que perdí la cuenta de los días a tu lado pues todo pareció un sueño lúcido en el que me dormía viendo tus ojos, jugando al cíclope de Cortazar en Rayuela, y despertaba con tus besitos de piquito por las mañanas, en un mundo donde nos mecíamos en la hamaca de mi patio contando estrellas y viendo a la luna sonreír.

También debo de confesarte que desde que te fuiste duermo en el mismo lado de la cama, pensando que tal vez mientras yo duermo mis sueños llegan hasta ti en el otro lado del mundo y tal vez se roban un segundo de tus pensamientos y traen de vuelta a mi un poco de ti.

Algo mas que necesito confesarte es que yo no temía a la soledad sino hasta que te conocí, pues antes esta tan solo significaba estar solo... pero ahora significa estar sin ti.

Aquella tarde en La Jolla el sol se despedía y tu regresabas a mi lado, me dabas un beso, era tiempo de partir, y también era tiempo de que partieras [sic], lo sabía, no quedaban muchas horas, tal vez después de todo esto si era un sueño pues también recuerdo despedirme de ti en el aeropuerto, una ventana nos separaba, tu no me veías pero yo veía como ponías tu mano en tu corazón, parecía que te dolía, pero luego me veías del otro lado de la ventana y sonreías, sin embargo ya no nos podíamos dar besos, solo besos al aire, fue algo muy fuerte, esa fue la última vez que te vi, pero no la no la última que te veré.

Mi última confesión es que después de despedirme de ti en el aeropuerto, en medio del trafico y debajo de un sol calcinante, yo también puse mi mano en frente de mi corazón y me percate que no era de piedra como tu solías llamarlo.

Thursday, March 03, 2011

El Mar Seco

Era yo muy pequeño cuando conocí el mar, tan pequeño que no recuerdo cuando fue la primera vez que lo vi. A veces envidio esto de personas que tienen ese recuerdo, de esa primera vez que vieron el mar. Yo nunca tendré ese recuerdo, pues yo desde que tengo uso de razón di por un hecho que estaba ahí.

Sin embargo si recuerdo bien la primera vez que vi el mar seco, a las faldas de una ciudad surrealista, la misma a la que años después yo llamaría, y a la que sigo llamando hasta el día de hoy, como hogar.

Una ocasión encontré en un cajón una cinta de audio en la que mi padre declamaba un poema a su estado natal, Chiapas. Mi madre era mi cómplice aquella noche, ambos pusimos la cinta en la grabadora, después de encontrarla en un rincón escondido de un cajón del escritorio de mi padre. Escuchamos la voz de mi padre declamando el poema “Soy de Chiapas” platicando las virtudes del estado que lo vio nacer, desde las ruinas de Palenque hasta la arena de Puerto Arista. Mi madre me dijo, mientras ambos llorábamos casi de la risa:
-Claro, a su tierra hasta le declama poesías y se graba mientras lo hace, pero a su esposa no le declama una poesía ni aunque le paguen.

En mi juventud no pensé con profundidad acerca de los motivos que hubieran conllevado a mi padre a recitar una poesía a su estado natal. Años después creo comprender ese sentimiento, pues si bien esto no es una cinta de audio es algo parecido, son un par de líneas dedicadas a mi tierra, no la que me vio nacer, ni crecer, sino la tierra que yo adopté, la tierra donde dejé mi corazón.

Muchos podrían pensar que para alguien que no ha vivido más de dos años de su vida adulta en una sola ciudad le resultaría difícil identificar cual es la ciudad a la que se siente pertenecer, sin embargo, a pesar que este es mi caso, no me resulta difícil decir que soy de Ciudad Juárez, a pesar de que no nací en esa ciudad, a pesar que no es una ciudad bonita y es una de las ciudades más peligrosas del mundo, creo que el hogar es donde el corazón está y el mío hizo raíces hace mucho tiempo en esta ciudad en medio del mar seco de Samalayuca, donde cada atardecer parece ser un bello poema de Dios recitándonos el fin del mundo.

Uno aprende, viviendo en Ciudad Juárez, a adorar los días nublados, a amar la lluvia y danzar junto con ella, en los escasos días que esta se digna a visitarnos; uno experimenta lo que es una tormenta de arena y uno llega a sentirla hasta en las encías, pero mas importante que todo uno aprende a seguir viviendo a pesar de las adversidades, a pesar de lo que diga el mundo, uno vive ahí, en la boca del lobo y uno aprende a vivir, a sobrevivir, a mirar de frente, a ser fuerte, a pesar de los golpes a pesar de parecer casi imposible ante los ojos del mundo vivir ahí uno vive, y uno sigue adelante.


Existe una fraternidad tan intrínseca dentro de los juarenses cuando estos se reencuentra fuera de la ciudad que no he podido encontrar con ninguna otra de las localidades a las que podría decir que pertenezco. Bien se podría decir que esto pasa igual con los chilangos, tapatíos, regios o jaibos, sin embargo experiencias propias me dicen lo contrario. No es lo mismo ser juarense y encontrarte con mas juarenses, pues pareciera que los juarenses fuéramos cómplices de un mismo crimen, o bien refugiados de una misma guerra; el crimen de ser juarense en la cruzada contra Ciudad Juárez. Nuestro propio Sodoma y Gomorra. Nuestra capital del pecado. Pero eso nunca avergüenza a un Juarense, uno sabe que la vida continua, por muy dificil que aparente ser, uno sale adelante y toma de la mano a otro juarense para seguir adelante, pues si podemos subsistir a pesar de esta adversidad tenemos la esperanza que tal vez el día de mañana sea menos doloroso, que tal vez vengan días menos miserables y quizá tal vez también en un futuro no muy lejano podamos recuperar lo que Ciudad Juárez algún día fué.

Fue triste ver las condiciones en las que encontré a Juarez la última vez que la visité. Las calles nunca se vieron tan llenas de paranoia y tan vacías de carros a la vez. Sentía casi como si visitara a un pariente que estuviera en estado de coma en un hospital. Quería darle golpes al pecho y darle respiración de boca a boca para que despertara. Quería buscar a los culpables de haberla puesto en dicha condición, pero mis esfuerzos parecían carecer de sentido alguno.




El rojo cobrizo encrespándose con el azul cobalto del amanecer que contemplaba en mi último día pareció ser la metáfora que yo necesitaba para partir con una pizca de esperanza, pues a pesar de la oscuridad en la que vive mi ciudad se que la única forma en la que esta puede seguir adelante es por medio de su propia gente. La gente es el sol que en un principio tímidamente encara a la oscura noche, pero nada ni nadie la puede detener, ni siquiera el frió del desierto, y conforme pasé el tiempo esta seguirá enfrentando con sus rojos cobrizos, convirtiendo el negro en cobalto y luego en celeste... y probablemente algún día no muy lejano nuestra ciudad pueda volver a ser, aunque sea al menos parecer, lo que algún día solió ser.

Tuesday, February 22, 2011

Nosotros los Pocos

A veces siento que soy tal vez demasiado sensato, creo que la mayoría de la gente no esta preparada para decirle lo que realmente pienso de ella.

Tal vez debería investigar si existe una condición psicológica que describa mi forma de ser, puesto que cuando era pequeño me callé tantas veces lo que realmente quería decir, al momento de encarar mis miedos, mis demonios, tan solo optaba por el camino del silencio, dejando pasar el momento; pero llego el momento que exploté y ahora no callo nada, encaro, enfrento e insulto a mas no poder, a cualquiera que pueda sin pensar en consecuencias, no callo una sola cosa de lo que pienso... no hay vuelta atrás... pero a veces pienso que tal vez caigo en el exceso y tal vez digo cosas que no debería de decir, puesto que sé que estas lastiman a la gente que prefiere vivir en la ignorancia, o gente que no le gusta que les digan lo que uno realmente piensa. Es dificil, pues al mismo tiempo encaro un dilema, puesto que si hay algo que realmente detesto en esta vida es la hipocresía. Pues bien, decidí hace tiempo que mi modus operandi sería el siguiente:
"No digas nada a las espaldas de una persona que no puedas decirselo a la cara"

Parece una buena filosofía de vida, con la excepción de que a mi no me importa decirle casi nada en la cara a nadie y eso creanme que tambien es un problema, como ya lo he mencionado antes, a la gente no le gusta escuchar sus defectos, o lo que uno honestamente piensa de ellos, mucho menos cuando uno se les dice en la cara. Y yo me apoyaba con la tesis de argumentar que tengo suficientes amigos en mi vida, y en realidad los tengo, a tal grado que pienso que no tengo que quedar bien con nadie, pues he tenido la fortuna de encontrar grandes amigos a lo largo de mi vida que me aceptan como soy, y creanme que si de alguien he aprendido esto de ser ultra-sincero es de ellos, ya que actuan de la misma forma que yo. Y tal vez uno de mis tantos defectos es que sea demasiado honesto, demasiado cínico, demasiado sarcástico, demasiado imprudente y demasiado cualquier-cosa-que-quieran-agregar.

Mantengo mi filosofía de ser y actuar, de ser congruente y elocuente con lo que pienso y lo que soy... y si esto significa que quede con menos amigos de los que puedo contar con mis manos... pues bueno... como diría Cárcamo, mi amigo perdido al cual le encantaba plagiar a Shakespeare:
"Nosotros pocos... nosotros felices pocos"

agur!

Paper Planes


"I'm getting tired of killing nazis and zombies, wanna make out?"
"Sure... why not?"
"Do you need another tequila shot?"
"Sure... why not?"
"Lime and salt?"
"I guess... "
"This light is not working out for me, do you mind if I switch it off?"
"Whatever, it's your house, you can do whatever you want"
"I think I might also need another beer, do you want one?"
"I don't think so, I need to drive home"
"OK, I think I'm ready now"
"Good for you"
"Do you want me to be on top or do you want to be on top?"
"I don't mind... whatever... could you just turn off the Xbox please, it's so fucking loud"
"Sure thing"
"Good... actually you know what, I think it's late and I have to go home"
"Really? You are such a freaking teaser"
"Yeah, maybe"
"It's all right I guess... I wasn't feeling it either"
"Yeah whatever...anyways, thank you for the paper planes"
"You are welcome freckles"

Friday, February 18, 2011

Almost Never

Pellizcos

Si tan solo tuviera un deseo, este sería sin duda repetir esa semana, y si repetir una semana sería pedir demasiado, algo que quebrara las reglas, al menos pediría repetir el último día ... y es que de todos nuestros días repetiría ese último si tuviera que escoger uno solo, tal vez porque fue cuando ambos fuimos más sinceros con nuestros sentimientos, fue cuando por fin ella agarraba mi mano mientras caminábamos por la calle sin que tuviera pavor de que alguien nos viera, era también cuando me besaba cada vez que los semáforos detenían nuestro paso.

Fue un día perfecto. Recuerdo que aquella tarde, en la que nuestras horas estaban contadas, nuestros pasos nos llevaron al corazón de un mercado, donde terminamos comiendo platillos típicos de Oaxaca. A la mitad de nuestro banquete tuve que salir corriendo al baño, cuando regresé le vi, tranquila y preciosa, tomando con sus dos manos un plato de chocolate caliente y sonriendo como nunca, ella aún no me veía, pero yo disfrutaba de verle, con su sonrisa magnífica... a mi espera. Jamás podre olvidar esa sonrisa, pues yo me sentía su cómplice al verla, como cuando un niño construye su castillo de arena, mientras mi corazón palpitaba y palpitaba, como si hubiese estado dormido por 10 años y quisiese recuperar el tiempo perdido en un par de horas, en ese par de horas que yo repetiría si tan solo tuviera un deseo. Pero de deseos tan solo me queda el desear recordar mas aquel momento, recordando el mercado, recordando sus manos agarrando las mías, recordando sus dulces labios, sus caricias y aquella sonrisa tan bella que nunca me quiso mostrarme, aquella que tuve que descubrir a escondidas, cuando ella no se percataba que la observaba.

El resto del día continuo siendo tan bello como pudo ser, ambos sabíamos que nuestros minutos estaban contados y todo fue lindo, casi como si en cada momento flotáramos acariciando una pizca del paraíso. Así me gustaría recordarle, pues así me sentía cada momento en ese día... sentía pellizcos desde el paraíso.

Tuesday, February 15, 2011

Advice To Writers



Estas tres frases inspiran...

Life Is Too Short for a Writer to Be Polite



I'm willing to show good taste, if I can, in somebody else's living room, but our reading life is too short for a writer to be in any way polite. Since his words enter into another's brain in silence and intimacy, he should be as honest and explicit as we are with ourselves. 
JOHN UPDIKE


It's Your Duty to Lie



There's an enormous difference between being a story writer and being a regular person. As a person, it's your duty to stay on a straight and even keel, not to break down blubbering in the streets, not to pull rude drivers from their cars, not to swing from the branches of trees. But as a writer it's your duty to lie and to view everything in life, however outrageous, as an interesting possibility. You may need to be ruthless or amoral in your writing to be original. Telling a story straight from real life is only being a reporter, not a creator. You have to make your story bigger, better, more magical, more meaningful than life is, no matter how special or wonderful in real life the moment may have been. 
RICK BASS



Pace Is Crucial


Pace is crucial. Fine writing isn't enough. Writing students can be great at producing a single page of well-crafted prose; what they sometimes lack is the ability to take the reader on a journey, with all the changes of terrain, speed and mood that a long journey involves. Again, I find that looking at films can help. Most novels will want to move close, linger, move back, move on, in pretty cinematic ways.  
SARAH WATERS