Monday, June 22, 2009

Soliloquio a mis musas olvidadas:

Tal vez no haya sido justo, mucho menos equitativo, en cuanto a inspiración y dedicación de mis escritos. Me he dado cuenta de mi preferencia por ciertas musas, mientras otras han permanecido olvidadas, les he quitado la voz, su presencia, casi pretendiendo borrar toda evidencia que quede de ellas en mi vida. Tal vez existan motivos más profundos por los cuales haya yo decidido ni siquiera mencionarlas.

Se que esto puede sonar ridículo, pero uno debe de ser muy precavido al escoger sus musas. La finalidad de todo ese proceso se puede definir como otorgar la inmortalidad en el mundo de las palabras, la máxima aceptación de inspiración plena, pues cuando uno escoge a su musa uno primero se desnuda frente a ella y luego pretende desnudarla con la sensualidad de ciertos adjetivos y ciertos verbos.

Las siguientes historias son basadas en musas de las cuales jamás había escrito antes, al menos como mis musas, pero esta noche tengo la confianza en que puedo hacerlo sin arrepentirme el día de mañana. Si una de ellas llegara a reconocerse en leer las próximas líneas les pido primero mis mas sinceras disculpas por haber tomado el atrevimiento y segundamente por haberlas silenciado por tanto tiempo en lo mas profundo de mi alma.

Déjame caer:

-¿Cuando te voy a volver a ver?- Me preguntaba con mirada fija a mis ojos debajo de aquella solitaria y desértica luna.
-Tal vez en tres meses, tal vez en doce, ¿Quién sabe?-Contestaba tan fríamente como la misma noche, mientras ella incrédula de mis palabras contestaba con una risa nerviosa pensando que tal vez estaba bromeando, sin embargo mis palabras no podían ser mas sinceras, pues aquella ciudad se había convertido en una ciudad de paso para mí, mientras el cariño que ella me demostraba cada minuto me parecía casi desechable.
-Deja de pensar en eso, mejor hay que disfrutar que estamos aquí, así, tu y yo.- Tuve que agregar a mi respuesta anterior en manera de improvisación, pues veía que mis anteriores palabras tan solo habían hecho que ella dirigiera su mirada hacia el suelo mientras desaparecía su sonrisa, que pinche descaro el mío, pensaba, tal vez de seguir así algún día en realidad lograré morir solo.

Sus besos continuaron por el resto de la noche y sus palabras se asilenciaron, tan solo existían miradas ahora entre nosotros dos, tal vez por su miedo a mis respuestas frías, tal vez porque en el fondo ella sabía que yo, involuntariamente, le estaba rompiendo el corazón desde aquella noche.

Desde el crepúsculo hasta el amanecer:

Ella cabía tan perfectamente entre mis brazos. Nuestros dos cuerpos desnudos continuaban acariciándose debajo del edredón y las sabanas de seda, pretendiendo escapar de las horas más frías de la madrugada. Entre las persianas entraban apenas líneas verticales del sol naciente, y nuestros cuatro ojos se mantenían abiertos hacía este amanecer. Mi nariz acariciaba la intersección de su cuello y nuca, justo al nivel donde su pelo lacio y oscuro terminaba.

-¿Que voy a hacer sin ti todo este diciembre? Creo que me voy a volver loca.
No pude responder su pregunta, las anteriores ocho horas con ella en la cama parecían haber succionado cualquier respuesta inteligente que hubiese podido formular. Ella todavía no sabía que yo no volvería a Monterrey después de las vacaciones de diciembre, no le había mencionado que había sido aceptado en una universidad en Austin para el siguiente semestre. Su mayor preocupación en ese entonces eran los últimos 31 días del año y yo no tuve el atrevimiento ni siquiera de notificarle que tal vez después de aquella fría noche de noviembre no la volvería a ver por al menos 6 meses.

Metí mi brazo entre su cadera y el colchón haciendo después un movimiento para hacer que su cara volteara hacia la mía. Ella sonreía y yo no dije una palabra, tan solo la besé mientras los penetrantes rayos del sol hacían que nos olvidáramos de la fría noche. Nuestros cuerpos continuaban uniéndose debajo de los edredones y sábanas. Ella no volvió a preguntar y por consecuencia yo nunca respondí a su pregunta.

Only for a moment:

Eran las tres y media de la mañana, mi teléfono sonaba y yo sabía bien quien era la persona que me llamaba.

-Estoy afuera de tu edificio, ábreme.

-Dame dos minutos y te abro. – Contesté aún adormecido; me puse unos pantalones sucios y arrugados que llevaban una semana tirados a lado de mi cama. Tomé las llaves del edificio que se encontraban en mi escritorio a un lado de mi computadora, bajé las escaleras hasta llegar al pasillo en el cual ella se encontraba, detrás de la puerta de vidrio al fondo de este. Ella vestía una gorra tipo motociclista y un abrigo de mink. Habíamos estado un par de horas antes en el mismo bar a unos escasos 50 metros de mi edificio, sin embargo, despues de un par de tragos, yo me había hartado de la escena pretenciosa en la cual habíamos estado envueltos aquella noche. Me había despedido entonces de ella con un ligero beso en la boca mientras le explicaba los motivos de mi partida abrupta.

Caminaba entonces por el oscuro pasillo, en el fondo ella me esperaba. Abrí la puerta y ella me siguió sin decir una palabra hasta que llegamos nuevamente a mi cuarto:
-Vine por el lipstick que dejé la otra vez. – Defensivamente dijo tan pronto como entramos a mi cuarto
-Esta ahí a un lado de la tele, donde lo dejaste.
-Ah gracias, ya lo ví – Respondió ella mientras se desabrochaba su abrigo y se sentaba sobre mi cama, poniéndose un poco mas cómoda.
- ¿Sólo por eso viniste? – Le pregunté, mientras su lenguaje corporal me respondía antes que sus palabras.
-No, en realidad el lipstick vale madre, en realidad vine a echarme un palo.
-Ah bueno, menos mal, por cierto, me fascina tu finura.- Le respondí sarcásticamente.
-Digo, si te molesta tomo mi lipstick y me largo de aquí.
-Jah, mira, no es molestia, pero tampoco limosna.- Ella rió ante mi respuesta ocurrente y comenzó entonces a desabrocharse botón a botón hasta quedar solo vestida por sus zapatillas. Se paró de la cama. Se acercó a mi. Sus nudillos entonces acariciaban mi nuca y capturándome entre sus piernas ella pretendía apropiarse de mi alma, mientras sus muslos conspiraban a inmiscuirse en mis sueños, pareciera que sus labios pretendieran atravesar mi corazón, pues quizás, tal vez quizás, en otras circunstancias cabría la posibilidad de que yo cayera enamorado. Pero lastimosamente parecía que había sido vacunado de aquella enfermedad muchos años antes. Pero ello no me excentaba de disfrutar la misma noche. Yo tan solo volaba entre sus caricias y abrazos; tal vez el siguiente día ella tristemente se percataría de mi inmunidad a sus bellos encantos, tal vez se daría cuenta que todas mis respuestas eran una farsa tan similar a la de un circo de paso; sin embargo al ver su cara podía ver una sonrisa y eso al menos me hacía creer que tal vez yo no era tan mala persona… aunque este pensamiento durara al menos por unos cuantos instantes.

Monday, May 18, 2009

Email Subject: Mi Ninja, Dr. Fatness y yo:

Ah morra ¿Cómo te explico? De que me habla mi Ninja en la morna, tipo once y me dice que mi cita con Dr. Fatness era en una hora y media después.Para esto yo me levanto y sabes, así sin camisa, creo que la que traía la noche anterior la había guacareado toda, porque obvio sabía que Dr. Fatness me iba a poner a dieta después de su consulta y claro que me aventé a Jack in the Box la noche anterior y me atraganté medio menú, super biggie size todo, a huevo, a parte me paré en la licorería a comprar un six de cheves, una botella de vino para hacer calimochas y una botella de whiskey con como ocho litros de agua mineral, digo esta bien que era mi última noche con calorías alcohólicas, pero tampoco tenía que marranear tanto. En fin, no recuerdo que más pasó pero me acabé todo lo que compré y desperté sin camisa tirado el día siguiente en mi sillón. Mi ninja andaba todo emputado cuando me habló en la mañana, de que porque como era tardado tipo y así, él no podía creer que antes de ir con Dr. Fatness me había valido madre y me había puesto una peda de rockstar, ya sabes que ese cabrón es bien especialito.

Bueno pues nada, ya me fui a donde me iba a recoger y claro que había una taquería a lado, de esas super nacas con morra dientito de metal y sobaco sudado, y pensé que todo era valido antes de ir con Dr. Fatness, ya después de su consulta sería valido de que me cagara y me dijera que estoy super fat, osea obvio, pero whatever, take the chill pill mister, entonces de que le pedí a la morra taquera un taco de buche y otro al pastor, si ajah, con todo y salsita de cochiflu incluído. Buenerrimos los pinches tacos, así con la ‘che grasa salpicando como catarata, pensaba en que iba a extrañar mi ‘che vida en la fakin junk food, pero bueno mi ninja me manda entonces un mensaje psycho diciéndome que ya me estaba esperando en el McDonalds donde nos habíamos quedado de ver, justo en frente en la taquería donde estaba comiendo y pues yo me cruzó y ya pasa aca mi ninja pitando en su Explorer como si se fuera a pinche acabar el mundo, oso total, con los weyes del McDonalds, han de haber pensado, ‘ches juniors, equis whatever.

Total ya llegamos con Dr. Fatness, esperando en su salita cool de asientos de piel, viendo desfilar a los gorditos que entraban y salían, ya mero te toca eh vatito y yo si ajah whatever morra vengo por pura vanidad, ¿sabés? Y pues nada ya me dejan entrar y mi ninja dice que quiere entrar conmigo, lo pienso por un instante y digo, bueno equis, se que a veces se pasa de lanza con su espada, pero equis, no es como que nunca me ha visto sin mi pinche camisa, ¿sabes? Total Dr. Fatness me empieza a medir y pesar y ya sabes, me dice lo que todos sabíamos, que estoy fat, mi ninja se pone violento por el insulto y quiere desenfundar la espada, pero le digo , ‘che ninja aguanta, a eso venimos cabrón, no mames, y ya se controla el guey y nada, Dr. Fatness entonces nos pone su pinche dieta, así de que comete los putos cinco rabanitos y los tres betabeles en una sopa y métetela por el culo y así seguramente bajas de peso, pinche fatso, ajah , que pedo che marrano. Bueno no estaba tan hardcore como te la platico, pero poquito si, en fin si se pasó de lanza el pinche Dr. Fatness, eso de comer un pinche nopal los domingos nomás pues como que no.

Total, mi ninja y yo nos fuimos después de la cita a dar el rol por Tijuanice,(not!), hasta que terminamos en unos mariscos donde no lo viera lo sociedad, porque aparentemente soy una ‘che mala influencia, whatafak, ‘che ninja, ¡que se creé! Pero me vale ¿sabés? Afortunadamente no soy un Tijuanaco, arriba Juarez, ‘ches culeros, hasta en muertitos y futbol nos la pelan, pero no en lo pinche caro de los tacos, bueno total equis, me vale. Pedimos unas tostadas de ceviche y unos tacos de camarón empanizado, empezamos a charlar y mi ninja de repente solo se puso a limpiar sus estrellitas sin pelarme, entonces ya me dio hueva y le dije: “ash ya dejame en la línea, alejame de tu ciudad naca”, y ya equis me dejo. Vete a matar un ‘che naco si andas aburrido ninja, pero no me vengas con tus intensidades. Total morra, como te explico que en ese transcurso que disque ir con el Dr. Fatness me comí mas tacos que los que me he tragado en el resto del año, me da hueva empezar la dieta, pero en fin, total todo sea porque me veas hot cuando me encuere, pues todo bien , ¿sabés? Pues bueno eso fue mi día, y ya te veo pronto, mándame un mensaje. Mi ninja te manda saludos por cierto.

Besos y quesos darlin’.

Mateo

In memoriam:

Benedetti ha fallecido el día de hoy. Ni una línea más será jamás escrita por el, y esto me entristece. Hoy no solo se pierde a un gran escritor, se pierde a un hombre que como pocos sabía guiar el alma hasta el nivel más vulnerable y que con palabras construía puentes, construía barcos, construía historias bellas que transportaban al alma a otros mundos.


Mi primera experiencia con Benedetti fue cuando en una clase de programación le robé su cuaderno de notas a Diana Manzanedo, tratando de combatir la aburrición, en este encontré transcrito el poema de “Viceversa” que desde ese momento se convirtió en uno de mis favoritos. Recuerdo también años después el tener una conversación con Judith Farré, la maestra de literatura de la que me enamoré, sentados los dos en un salón vacío ella me explicaba que la magia de Benedetti yacía en la brevedad de sus textos. Y es que pocos como él he tenido la oportunidad de leer, en cuanto a la magia de decir tanto con tan pocas palabras. Sin duda él junto a Cortazar son mis mayores influencias para escribir cuentos cortos.

Podría escribir más líneas hablando bien de Benedetti, pero tal vez estaría más orgulloso si escribiera un par de cuentos cortos en su honor. Lo visualizo fumando un puro, sentado junto a Cortazar, sonriendo al mundo que le regaló tantas sonrisas, tantos latidos reconfortados por sus palabras… sonriente y radiante, tal vez mas lo primero que lo segundo y también viceversa.

Monday, May 04, 2009

Preludio de un cuento

Desesperado en la búsqueda de un desenlace para su cuento, aquel que había estado escribiendo por los dos meses anteriores y del cuál no podía encontrar la inspiración para escribir su segunda mitad, el escritor se sirvió su cuarta copa de Shiraz. Este había desistido, por su propia salud, de aquella práctica de invocar inspiración por medio del alcohol, sin embargo se reconfortaba en la idea de que en ocasiones uno tenía que recurrir a demonios para poder abrir aquellas puertas negras de su subconsciente que normalmente llevan a uno a la inspiración. Era como el camino lleno de rosas, pero de rosas con espinas. La inspiración no es gratis, nada es gratis en este mundo, pensaba el autor mientras tomaba otro sorbo de su copa de vino.

Una vela apagada, un bote de pastillas para dormir medio vacío, una copa de vino medio llena y una envoltura de mazapán todavía con fragmentos de turrón yacían en el escritorio en el que el autor normalmente escribía, pero el ya no se encontraba ahí.

La plaza de Santa Cruz Matagallinas nunca se había visto tan desolada, ni siquiera cuando el autor la visualizó por primera vez en uno de sus sueños. La ceniza aún caía y los cuervos volaban en el cielo gris, sin embargo ninguno de los personajes que el autor había creado se podía encontrar en todo el pueblo. El autor caminó por las calles abandonadas en búsqueda de estos pero las casas parecían ser hechas de cartón, parecía ser todo una farsa, un pueblo fantasma, pero este estaba tranquilo, pues él había estado antes ahí y recordaba solo en ese preciso momento que el final de su historia había sido escrito incluso antes de que este pensara en aquel cuento del campanero del pueblo remoto llamado Matagallinas, pues esta historia, como la mayoría de las antes escritas por el eran solo un reflejo de su personalidad, un relato entre su vida y sus fantasías.

El autor abrió los ojos y se encontraba nuevamente en medio de aquel escritorio con la vela apagada. Aún no había encontrado el final de su historia pero la sombra de una puerta negra a su espalda le daba la confianza que se encontraba por buen camino.

Boleto de Salida

Tendrían que haberse consumido las últimas horas de mis vacaciones en Juárez para que tuviéramos aquella plática, y es que aquella ya se había convertido desde muchos años atrás como una especie de confesionario en el que desnudaba mi alma, como una especie de peaje antes de partir, o si bien fuera el caso, una limpia de espíritus; un ritual de purificación antes de abandonar mi tierra.

Recuerdo muy bien, muchos años atrás, cuando Eliza, "my sweetheart from the past", me decía con celos: "Ah ya te vas con tu otra novia", como una queja ligera, pues sabía bien que después de pasar las tardes en el porche de su casa, aquel con bugambilias enredadas en los pilares de piedra, iría a fumar un cigarro o dos, o al menos pretender que acompañaba a Luigi fumando, pues nunca me adjudique de dicho vicio, mientras teníamos nuestras pláticas filosóficas. No somos amigos, somos familia, me confesaría alguna vez mientras los dos estábamos ahogados en la tempestad del alcohol; y eso que el borracho nunca miente, en realidad así ha sido considerada por mi la amistad de Luigi; a pesar de sus imprudencias, sus defectos y descaros, pero a fin de cuentas siempre con la genialidad de percibir las necedades del alma y encontrar las palabras exactas que uno necesita escuchar en el momento preciso, casi como un hermano… si no hubiese tenido la dicha de tener uno, a él definitivamente lo consideraría como tal.

La noche era fría, como solía serlo en el desierto de aquella región, con las espesas bocanadas diluyéndose en la oscuridad bajo el manto de la luna, iría nuevamente con Luigi con el corazón partido a buscar mi boleto de salida de aquella ciudad, él diría como siempre las palabras que mis oídos querían escuchar, como si yo fuera un drogadicto en búsqueda de un “fix”, sus palabras alejándome de toda culpabilidad, pues sabía que pronto habría de partir y solamente quería escuchar eso, que mis errores no habían sido mi culpa, si no solamente había sido una vez más víctima de las circunstancias.

Necesitaba un boleto de salida que me sacara de aquella ciudad, un boleto que me desapareciera y que borrara mis errores… las palabras de Luigi eran lo mas cercano que jamás pude encontrar.

Tuesday, March 31, 2009

Los problemas de un autor

El problema ahora no es el no tener inspiracion para escribir, ni historia que contar. Ambas las tengo. El problema ahora es el tiempo para escribir, el escoger lo que tengo que escribir.

Hace tres días, tras una noche de insomnio me vino a la mente una historia. Escuché un par de campanadas entre los suspiros de la noche y junto a los latidos de mi corazón que escuchaba hasta en la punta de mi nariz se me ocurrió una historia.

Normalmente hubiera tomado mi computadora y hubiera tratado de terminar de escribirla antes de que mi inspiración se diera a la fuga, algo así como cuando un surfer ve una buena ola y nada rápidamente para tratar de agarrarla, pero gracias a un par de consejos de un viejo amigo he desarrollado nuevos métodos. Me he percatado que el escribir una buena historia no se asemeja tanto a ser un cazador de olas, a pesar de la gran satisfacción que algunas veces esta práctica puede ofrecer. Creo más bien que escribir una buena historia se asemejaría mas bien al construir una telarañal, haciendo una estructura que a su vez es una trampa. Al escribir uno debe de ser paciente y ser selecto cuales son las ideas, o presas, que uno quiere capturar, pues uno tiene un plan, una finalidad, la de comer, la de contar una historia y para esto uno tiene que ser paciente. Es por eso que mi estrategia el día de hoy y el dia de ayer y el día anterior, fue la de crear mi telaraña de ideas, de palabras, de ocurrencias. Tengo la estructura de mi historia, se como empieza y como termina; tengo también una estrategia de cómo seleccionar las ideas que la van a enriquecer.

Aquel viejo amigo me dijo que un escritor no se hace por las historias que cuenta, si no por la selección que este mismo hace de las historias que deja de contar. Se bien que en mi página abundan historias a la mitad, algunas de ellas se que las terminaré algunas más probablemente nunca lo haga. Es por esto que opto por esta estrategia de no publicar mi historia hasta que la historia este completa, pues si algo no quiero es tener una historia más a la mitad.

Espero comprenda respetable lector. Este es solo un mensaje para decirte que aquí sigo, que no he olvidado de vez en cuando escribir un poco.

Friday, March 27, 2009

Y yo te siento temblar junto a mi ...

Algunos lectores reconocerán esta imagen. Por mucho tiempo fue la imagen principal de este blog. Hace un año rediseñe la página tratando de mejorar su aspecto visual y tratando de mejorar a su vez la navegación de esta. La imagen la recorté como si fueran pedazos de un rompecabezas, pero una de sus piezas, quizas la más importante, fue perdida: la frase.

Aquella frase se la debo tanto a Roxy Restaino como a Julio Cortazar. Esta es la parte más importante de mi capítulo favorito de Rayuela, escrito por este último. Sin embargo la primera vez que supe de su existencia fue a través de los labios de Roxy.

Era una tarde habitual en el departamento de mis pinches argentinas nostálgicas: Roxy y Marina. Tomábamos mate los tres sentados en su sala, como si fueramos un grupo de intelectuales. El tema nos llevó a la literatura, el que consideraba mi fuerte. Tratando de sorprenderlas recité de memoria "Poema de las cosas" de José Angel Buesa, sin embargo el sorprendido fui yo pues Roxy respondió a mi poema con el capítulo siete de Rayuela, también de memoria.

El dia de hoy encontré este video que me recordó a la pasión con la cual Roxy hablaba las palabras de Cortazar. No soy un gran fanatico del efecto de "eco" que utiliza para la edición esta mujer, pero el esfuerzo se agradece. Su acento español le agrega sensualidad. Este mismo video me llevó a encontrar el audio del mismo texto pero ahora hablado por el mismo Julio Cortazar.

Video de la Española:

Video de Julio Cortazar:

Cada quien tendrá su favorito, por mi parte definitivamente me quedo con los recuerdos de mi argentina nostálgica, explicandome el juego del cíclope mientras tomábamos mate.

mea culpa:

Este blog se ha convertido en mi peor enemigo. He creado un monstruo, un gigante que me intimada cada vez que quiero contar algo. Siempre quise evitar que este espacio fuera confundido con una especie de diario y como consecuencia siempre traté de publicar historias o narraciones con un trasfondo un poco mas ajeno a lo que sucediera conmigo día a día. Esto a generado mi distanciamiento del espacio y esa enajenación de controlar exhaustivamente el contenido del mismo. No creo que esto sea malo del todo, sin embargo me ha hecho perder un tanto la práctica de publicar cosas que escribo, de perder ese atrevimiento de romper reglas y contar las cosas por la simple necesidad de escribir.

Había escrito dos historias esta noche, sin embargo fueron perdidas por alguna combinación rara de teclas que cierra un documento en Word sin guardarlo, gracias Microsoft.

La primera era una historia en forma de conversación creada a partir de una de mis musas más escondidas y más queridas a la vez, trataba acerca de esa conversación que teníamos cada vez que la despedía en la puerta de su casa, después de que ella me besara y con sus dedos acariciara mi cuello como una patinadora en una pista de hielo. Traté de re-escribirla pero las palabras no re-nacieron. Espero algún día poder recrear aquella pieza perdida. La otra historia se titulaba “En la Cima del Monte Washington” y trataba de mis últimos días en Pittsburgh, en donde Wanyu y yo nos besábamos en una gélida noche, en la cima de un monte que se separaba de la realidad, iluminados por las distantes luces de la triste ciudad. En el escrito mencionaba que nuestro amor nunca tuvo una ciudad romántica como Paris, sin embargo aquella noche las luces de nuestra ciudad nos rodeaban como si fuera una lluvia de estrellas, mientras Wanyu y yo nos abrazábamos, mientras el monte Washington también volaba y giraba en el cielo perdido de aquella ciudad olvidada.

Las historias eran mas bellas que estas sinopsis. Pero ellas han sido perdidas. Sin embargo no quiero pasar un día más sin escribir un par de líneas. Esta es mi manera de combatir a mi enemigo, el blog. Espero continuar.

Por cierto, estoy dándole una nueva oportunidad a García Marquez. Espero poder escribir al respecto dentro de poco.

Wednesday, March 18, 2009

Nueve Noches Nuevas, Tercera Noche

Noche III, Amelie Wine Bar

Las horas de un día entero no parecían ser suficientes para terminar de repasar cada uno de los capítulos de nuestras vidas, empezando desde el día que nos habíamos visto la última vez. Parecía como si en nuestra memoria hubieran sido inscritas cada una de las palabras que diríamos la siguiente vez que estuviéramos compartiendo una copa de vino, éramos cómplices de copas, y hacíamos un homenaje absoluto al tiempo presente.

Solíamos platicar con Cabernet-Sauvignon, como si este nos acompañara tocando un violoncello en el fondo de nuestra conversación. Si, un vino de música de fondo. Sin embargo aquella noche tan solo teníamos un Cabernet-Franc en el menú de vinos, su melodía en nuestro paladar parecía ser interpretada por un trompetista tocando una canción melancólica de Jazz.

El bar de vinos en el que estábamos pronto cerraría. Después caminaríamos bajo la lluvia hacía el departamento, donde un par de botellas más de vino nos esperarían, pues a pesar que los músicos del bar tenían que descansar, nuestro paladar tenía la curiosidad de escuchar nuevas melodías.

Nuestras palabras parecían bailar un tango entre secretos, desahogos, risas y confesiones.

Las sombras del departamento se fueron desvaneciendo conforme las horas de aquella noche expiraban. Las horas de aquel día definitivamente no fueron suficientes para que nuestra conversación terminara su tango.

El sol invadia furiosamente los rincones del lugar. Ambos decidimos que lo mas sabio era descansar, pues aun quedaban suficientes noches, copas y piezas para continuar bailando.

Sunday, March 01, 2009

Nueve Nuevas Noches, Segunda Noche

Noche II, Movie Day… Movie Night…

Dany Vash y yo aún continuábamos tratando de recuperarnos de la noche anterior. Mi teléfono comenzó a recibir llamadas de mis otros amigos que no había visto la noche anterior: Balú, Armida, Rox y Tony S. El plan era de reunirnos todos para desayunar en “Lime”, uno de mis lugares favoritos en San Francisco, el cual de alguna forma siempre me recordaba al “Korova Milk Bar” de la pelicula “Naranja Mecánica” de Kubrick, a diferencia de los droogies nosotros no tomábamos “Moloko Vellocet” sino mimosas ilimitadas por siete dolares. Aprovechando de esta oferta normalmente prolongábamos nuestros desayunos hasta que nos corrieran, tres horas después.

Tomamos un taxi Dany Vash y yo, pasamos por Armida y Rox, quienes vivían a pocas cuadras de donde nosotros, los demás nos verían en Lime. Sin embargo justo cuando nos encaminábamos hacia dicho lugar recibí una llamada de Santiago:
-Guey, Balu , Tanya y yo ya estamos aquí en "Las Ollitas"
-¿Qué? ¿Qué chingados es “Las Ollitas”? ¿Qué no ibamos a ir a Lime?
-Había como una hora de cola en Lime y mejor nos venimos aquí.
-Pero ¿Por qué ahí?
-Pues aquí esta rica la comida, es así como que mexicana.
-¿Hay mimosas ilimitadas de perdida?
-No… pero hay caldo.
-¡¿Qué?!
-Que hay caldo guey.
-No mames, vámonos a otra parte
-No guey ya pedimos de comer, aquí los esperamos.
-Ah, no mames.

Mis esperanzas de “rockstarear” aquel domingo se esfumaban lentamente. Armida, Rox y Dany Vash, con quienes iba en el taxi mostraron resistencia, pues les había entusiasmado la idea de comenzar a tomar alcohol desde temprano, aunque de alguna manera no fue tan mala idea, pues no se que hubiera pasado conmigo de haber comenzado a tomar mimosas desde tan tempranas horas del día. Sí algo sabía acerca de dicha practica era que eso de empezar desde tan temprano nunca terminaba en algo productivo.

Tomé mi celular y le llamé a Tony S. quien supuestamente nos vería también en aquel lugar. Este opuso la misma resistencia que yo, sin embargo al final accedió así también como y nos veríamos después todos en "Las ollitas".

A fin de cuentas termine comiendo caldo de res en aquel lugar. Sentados en la mesa yo y mis amigos con el común denominador de tener un “Clamato” en frente de nosotros, comenzamos a tener la plática tratando de recapitular los meses anteriores, mezclando un poco entre las líneas los recuerdos de nuestras propias vivencias.

La lluvia castigaba el cielo gris aquel domingo. Rox y Dany Vash increíblemente tenían que trabajar aquella tarde húmeda. Santiago, Tony S, Armida y yo decidimos que con aquel clima no se podía hacer otra cosa que ver películas bajo un techo. El departamento de Tony S. era el más cercano y más conveniente en aquellas condiciones. Tenía un tanto de temor ir a aquel lugar, pues este había sido el mismo departamento donde viví gran parte de mi último año en San Francisco.

La nostalgia me tomó de la mano desde el primer pasó que di adentro de aquel departamento en la calle Folsom. Podría escribir un libro entero acerca de los sentimientos que salían de las yemas de mis dedos y de los recuerdos que escapaban de mis latidos en esos segundos en los que daba el primer respiro en el departamento al que antes solía llamar "hogar".

Recordaba en mis primeros pasos de vuelta en este departamento a mis últimos momentos en la ciudad, tres meses atrás, y con ellos a su vez mis primeras lágrimas, después de percatarme finalmente aquel tiempo, que cuando caminaba hacia el taxi que me esperaba afuera del edificio, que en realidad caminaba en ruta a mi exilio de la ciudad, pues cada paso que daba hacia mi transporte era un paso menos que tenía en San Francisco. Mi tiempo había llegado aquella vez, y yo había tratado de postergar aquel sentimiento lo mayor posible, sin embargo ese momento me pegó en esos mismos pasos como una patada en los testículos. Aquella ocasión Mr. Beauchamp, Santiago, Gabriel I, mi primo Paúl y su esposa Natalia estaban en la sala despidiéndome. Una vez dentro del taxi , en camino al aeropuerto, lloré como un puberto “emo” destrozado. Mr. Beauchamp llamaría a la mitad del camino pues había percibido mi inestabilidad al ir con el llanto quebrado y los ojos llorosos al darle un último abrazo. Sin embargo aquella noche mi vuelo sería retrasado por las condiciones climáticas, Mr. Beauchamp y Santiago irían hacia el aeropuerto para tomar una última cerveza en el bar de este, gracias a una llamada desesperada de mí hacia ellos, jamás olvidare ese detalle pues después de yo explicarles que mi vuelo se retrasaría por al menos 3 horas como los grandes amigos que son los dos, me acompañarían hasta el final, acudiendo los dos al bar del aeropuerto para pasar las últimas horas conmigo. Pareciera aquella ocasión que la ciudad conspirara en prolongar mi despedida lo mayor posible, pues su clima no dejaría abandonar ningún avión. Aquella noche, mientras esperábamos mi vuelo de partida en el bar del aeropuerto, que se retrasaba cada segundo más, decidí que lo más prudente para todos sería cancelar el vuelo y tomar el primero de la mañana siguiente. Mis anteriores lágrimas en el taxi parecían haber existido en vano, pues la ciudad no me dejaba apartarme de ella. Tomamos mis maletas y los tres regresamos en el último tren que nos llevaría de vuelta a San Francisco. Medio borracho y medio dormido en un sillón me encontraba, en medio del departamento de Dany Vash en “La Marina” de San Francisco, el mismo que me hospedaría esas nueve noches nuevas, meses después. Aquella ocasión Dany Vash llegaría después de trabajar, nuevamente después de media noche, Beauchamp y yo la esperábamos platicando anécdotas y riendo. Ella cuando llegó al departamento se sorprendió de verme pues pensaba que yo ya iba en camino a San Diego. Sin embargo aquella noche, esa de mis últimas horas en San Francisco, los tres parecíamos conspirar contra el destino, tratando de alargar las horas y posponer lo inevitable.
-No podías irte de otra manera de esta ciudad Shiva.- Decía.
-¿Qué te puedo decir? Soy muy malo para las despedidas.
-…O tal vez muy bueno
Volviendo a las nuevas noches, me encontraba caminando por lo que fue mi departamento en San Francisco. Habíamos comprado los cuatro una botella de vino barato para hacer Calimochos, aunque Armida y yo habíamos optado por comprar un vaso de veinte onzas de café y una minibotella de Kahlua. Bebida que resultó perfecta para una tarde lluviosa de películas.

Después de terminar la función en aquel departamento, Balú y Tanya me marcaron pues querían ir a ver una película al cine. Armida y Tony S tenían otros planes. Santiago y yo correríamos en medio de la lluvia hacia los cines ubicados a un par de cuadras de distancia. Llegamos a tiempo sin embargo dicha función, de la película “Coraline”, estaba agotada. Un tanto decepcionados compramos boletos para una película de Clive Owen y Naomi Watts llamada "The International". La película resultó ser un poco lenta, sin embargo me daba risa el hecho que mis amigos mas íntimos de Juárez habían hecho muchos años atrás un "trailer" ficticio de una película con el mismo nombre, me hubiera encantado haber visto aquella tarde una película que se pareciera un poco más a la que ellos habían tenido en mente.

Al terminar la función me dirigí hacia el departamento de Dany Vash. Ella llegaría una hora después que yo con una botella de un vino tinto italiano en mano, Notarpanaro 2000 de Salento Taurino. Nos pondríamos los dos a brindar aún con el sonido de las gotas golpear las calles de San Francisco, mientras en la pantalla de una computadora veíamos la película “Amelie”, para minutos después junto a la sonrisa de la luna caer los entre ronquidos al aire y copas flotando en nuestras palmas, debajo del techo de aquel departamento entre las calles Van Ness y Francisco, donde mi segunda noche nueva en San Francisco se consumía.