Saturday, November 01, 2003

Puerto Peñasco:

Todavía no habíamos salido de nuestra ciudad y ya estábamos perdidos. Era nuestro primer “roadtrip” como amigos, una suburban era nuestro transporte, y dentro de ella cada quien tenia su función especial, Jullz , dueño de ella, era nuestro piloto, José era el copiloto, encargado de que Jullz no se durmiera, Odi nuestro DJ, su tarea consistía en encontrar la música adecuada al ambiente que llevará la carretera, Jorge el chef preparaba los sándwiches , y yo era “el chico del mapa”, buscador de la mejor ruta, aunque para ese momento todavía no habíamos comprado uno, lógico, estábamos perdidos.

El plan era simplemente que no había plan, sin reservaciones, sin tiempo de partida ni de regreso. Ibamos con el objetivo de coincidir con el “spring break” de ciertas universidades americanas, despejándonos un poco de nuestra atmósfera con severas sesiones de alcohol fuera de nuestra ciudad y de paso hacerle el favor a gringas locas, ebrias y promiscuas. Odi se decidió a ir la misma mañana que emprendimos el viaje, el presupuesto de cada uno era de cien dolares, a todos nos dio gusto el saber que él los había conseguido y nos acompañaría, recuerdo bien que inmediatamente después de que Julio arrancará la suburban Odi dijo:
-¡Puerto Vallarta, allá vamos!
-Es Puerto Peñasco guey- respondió José con un tono burlón.
-Lo que sea… es la misma chingadera – dijo Odi después de un leve momento reflexivo.
Creo que cada quien tenía sus expectativas en este viaje; Jorge nunca había visto el mar. José era el único que había estado antes en esa playa, un año atrás, con la que fuera en ese momento su novia. Odi nunca había hecho un viaje con el grupo. Jullz tan solo tenía que despejar su mente. Yo sacrificaba un viaje a Boca Ratón con mi familia, pero a la fecha no me arrepiento haberlo hecho, pues jamás me hubiera perdido nuestro primer viaje de carretera por nuestra propia cuenta, pues habíamos viajado juntos antes más nunca de forma independiente.

Nuestro piloto, Jullz, al ver que estábamos perdidos se paró en una gasolinera, dijo:
-Compren un pinche mapa .
Hice caso omiso, me bajé, pagué, y después de analizarlo pude ver que íbamos por el camino correcto, después de ello dije las mismas palabras que repetí durante el resto del camino como mi función del “chico del mapa”:
-Síguete derecho.

La ruta no fue complicada, las autopistas gringas cooperaban bastante, en realidad más que el camino nos preocupaba el hecho que Jullz se quedara dormido, pues no nos dejaba ayudarlo a manejar, para ello llevábamos un excelente repertorio musical incluyendo hits ochenteros, también ciertas canciones muy malas de los principios de los noventas en los que explotaban una sola frase por toda la canción. Ejemplifico:
-I like to move it move it… i like to move it move it… I like … to … move it!
También escuchábamos ciertos grupos de britpop como Travis y Coldplay, los inicios de Sophie Ellis Bextor, cuando aun no se volvía una pieza de pop comercial, sin embargo ninguna canción me marcó tanto como la de “bay of plenty” de Ian Pooley, pues curiosamente empezó cuando pudimos ver las luces en el horizonte de nuestro destino, Puerto Peñasco. En la canción se escuchan ciertos cantos de gaviotas mezclados con el golpe de la marea en rocas cercanas a la orilla del mar, supe en ese momento que esa pieza quedaría completamente fusionada a todo lo que abarcaría este viaje, aún me llena de recuerdos del mismo al escucharla.

Al llegar a nuestro destino todos pudimos notar cierta atmósfera de vacío, parecía casi un pueblo fantasma, y existía cierta soledad en las calles, no parecía para nada el ambiente “spring break” mostrado por MTV, ni mucho menos al que muestra E! entertainment television donde exponen a chicas alcoholizadas mostrando todo y dispuestas a todo. Parecía como si esa fiesta hubiese terminado y nosotros habíamos llegado justo a tiempo para barrer las migajas.

Sin embargo esto no nos detendría de tener un buen tiempo pues ya estábamos ahí y en el fondo nos conformaba el hecho de saber que no iba a ser un viaje estereotipado por la televisión.

Llegamos pues al hotel donde se había quedado José su estancia pasada, conseguimos un buen precio y apenas dejamos maletas y salimos a las calles en búsqueda de fiesta, de alcohol. Nuestro primer destino, Pink Cadillac, a decir verdad era mas costoso de lo que ofrecía, música que a ninguno de nosotros le gustaba, cerveza cara, muchos hombres, pocas mujeres, no duramos mucho en ese lugar y terminamos en un antro enfrente a nuestro hotel, del cual no recuerdo el nombre, pero si que mientras caminábamos hacia aquel lugar, en medio de las calles oscuras, cantábamos abrazados el himno nacional. En aquel lugar donde terminamos daban shots de tequila a 1 dollar, cuando comenzó la música electrónica nos apropiamos de la pista y empezamos a hacer pasos raros sin que nos importara hacer el ridículo, todos en el lugar nos catalogaban de raros con la mirada, en realidad nos importó muy poco. En ese mismo lugar vi a una señorita rubia con una sonrisa de ebria carismática, la cual se unió a bailar con nosotros, en eso llego un individuo, de facciones norteamericanas también, de la nada diciendo:
-No se recomiendo, suya vagina huele mucho queso.
Por supuesto la señorita no entendió una palabra, nosotros en cambio reímos desaforadamente, se presentó este individuo entonces como el novio de la susodicha, y a decir verdad no recuerdo su nombre; sin embargo si recuerdo que ambos se ganaron nuestra amistad. El resto de la noche fue bailar y tomar.

Puerto Peñasco es un pueblo raro, puedes encontrar una cerveza dentro de un bar por un peso, sin embargo no puedes encontrar un taco más barato que un dólar.

El día siguiente Jorge conoció el mar, recuerdo bien su mirada perdida de admiración contemplándolo, a decir verdad lo envidié, quería un poco de ese sentimiento. Aquella playa era adornada por una infinidad de piedras elípticas y lisas, el agua en este lugar era demasiado fría, sin embargo a todos nos cayó bien un baño dentro de ella para neutralizar un poco la resaca que traíamos. Después de una ducha tomamos un poco el sol, empezamos a cavar hoyos en la arena, parecíamos niños con juguete nuevo, pero nuestros sueños e ilusiones se vieron atacados cuando prácticamente la mitad de un equipo de futbol americano, o al menos aparentaban eso por sus físicos, después de ver nuestro comportamiento infantil, se nos acercaron en tono mamón a decirnos:
-Why don’t you all go and find some pussy? ( ¿por qué no van y buscan un poco de vagina?).
Intimidados por su tamaño nadie de nosotros dijo una palabra, sin embargo minutos después se nos ocurrieron mil maneras de cómo contestarles.

Regresamos al hotel, dispuestos a continuar con la fiesta, esa noche era el turno de “Pitahaya Bar” quien nos ofrecería cuanto alcohol quisiéramos tomar por la módica cantidad de ciento cincuenta pesos. Empezamos tomando margaritas, nos supieron deliciosas hasta que detectamos que estas eran preparadas con el alcohol más barato del mercado, “viva villa”, me imagine en ese momento el dolor de cabeza que me daría el día siguiente. El tratar de narrar detalladamente el resto de la noche sería inventar cosas que no fueron, pues recuerdos específicos no vienen a mi mente, ni mucho menos a los de mis amigos, pues al tratar de recolectar los datos para formar esta historia nos encontramos con un rompecabezas de piezas muy complejas que hasta la fecha no hemos podido armar en su totalidad; sin embargo recuerdo cosas como el hecho de que le quité el sombrero a un vaquero y me puse a bailar a su alrededor imitándolo despectivamente, me dicen ahora mis amigos que aquel tipo iba a agarrarme a golpes. Otra pieza de este rompecabezas es el hecho que Jorge le empezó a decir en repetidas ocasiones a un tipo que tenía cara de gay, nos dimos cuenta que era un hijo de algún narcotraficante de la zona cuando uno de sus guardaespaldas llegó amenazándonos que nos iba a cargar la chingada, yo entre el susto y la borrachera articulé un “bluff” bastante barato pero que al parecer funcionó pues de no haber servido no estaría aquí. Me presenté a ellos como: Daniel Carrillo sobrino de Amado, de Ciudad Juárez. Recuerdo haberles dicho algo así como que estábamos en el mismo negocio, y que olvidarán las pendejadas que había dicho mi alcoholizado amigo. Nos dejaron ir, salimos un poco asustados José estaba con unas señoras cuarentonas, gordas, que se hospedaban en nuestro hotel, Jullz había desaparecido y Odi había ido a buscarlo. Le explicamos la situación a José y nomás nos dijo:
-Como están pendejos.
Las señoras por alguna extraña razón le agarraron las nalgas a José y momentos después apareció Jullz y Odi, les dijimos que era tiempo de irnos ya. En camino al hotel , a la mitad de una calle oscura ibamos caminando cuando vemos a lo lejos una camioneta Suburban con vidrios polarizados y a gran velocidad se acercaba a nosotros, efectivamente, eran el narquito y su banda. En esos momentos pensé, voy a morir en un lugar que se llama Puerto Peñasco, en medio de una calle sin pavimentar. La camioneta se detuvo justo a un lado de nosotros, el individuo que nos había amenazado en el bar bajo su ventana y nos dijo:
-¿Todo bien?
-Si, todo bien bari.
No se quien contestó, pero alguien de nosotros lo hizo. Después de eso subió su ventana y continuó su camino. Nosotros proseguimos nuestra ruta al hotel. La noche continuó, pero mi memoria al parecer no lo hizo ya que pocos recuerdos tengo del resto de la noche, no puedo dejar de mencionar que Julio fue atacado en la noche por otra de nuestras vecinas del hotel a la cual cariñosamente habíamos apodado como “Marranosa”, otra cosa que sucedió fue el hecho que Jorge vomitó negro y se quedó dormido abrazando el retrete.

El domingo en Puerto Peñasco es como en cualquier otra ciudad, todo muerto, parecía que los pocos turistas que quedaban habían regresado a su casa en la madrugada, o talvez un poquito más tarde ya que nos levantamos aproximadamente a las 3 de la tarde. Intentamos meternos a la alberca de nuestro hotel pero esta era, sin exagerar ,10 veces más fría que la del mar, sin embargo esto no impidió que Jullz y José se aventaran de un segundo piso hacia ella. Ese día fue como una reflexión para todos de lo que habíamos vivido estos dos días anteriores, pocas palabras, poco dinero, poca comida. Estando sentados en la playa después de ver el atardecer José preguntó:
-¿Qué pedo, ahora a donde vamos?
-¡A Juárez! – respondió harto Odi.

Era nuestro tiempo de partir, en ese domingo que no se podía hacer mucho solo descansamos e hicimos nuestras maletas. Partimos al siguiente día en la mañana. El camino fue una vez mas amigable, pero con menos energías por nuestra parte. Sucedieron ciertos eventos en el camino, como el hecho que mi permiso de circulación por Estados Unidos estaba todo borrado ya que lo había metido a lavar junto con mi ropa, sin embargo insólitamente los agentes aduanales se portaron amistosos y no hicieron gran problema de ello. El resto del camino fue tranquilo, tanto que comenzamos a cantar la canción del elefante que se columpiaba sobre la tela de una araña y llegamos hasta los mil elefantes.

Al llegar a nuestros respectivos hogares sabíamos que ya no éramos los mismos. Estaba entre nosotros ese nuevo lazo de experiencias que nos unía más fuerte aún. En el transcurso de mi vida he viajado mucho y con mucha gente, pero pienso que el hacerlo con esas personas que uno ha decidido son parte de mi familia son con quienes mas me he divertido hacerlo, si bien no fue la mejor playa, ni con las mujeres mas bellas creo que si ha sido de los mas memorables por las risas que aún hacen eco en mi memoria; es por eso que escribo estas líneas dedicadas a aquellos momentos, lo hago antes que las desvanezca mas el tiempo.

-->una foto para el recuerdo.

Pto Penazco

1 comentarios:

  1. hola!! la verdad es ke no se como rayos vine a leer esto,bueno el chiste es ke me diverti muchisimo al ir leyendo palabra por pàlabra. gracias por narrar ete viaje chidisimo y ps me hubiese gustodo ir jajajaja
    pero pronto iré pa allá por ke ´allá vive el amor de mi vida...

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