Sunday, January 25, 2004

Uno de los proyectos que siempre he tenido en mente es el de escribir una novela que hable de duendes. Hubo un tiempo de mi vida en el que estuve exageradamente traumado con ellos, les culpaba de las cosas que me perdian y otras cosas que no podia explicar. Bueno pues este fin de semana volvi al taller de literatura de Felipe Montes y el primer ejercicio era hacer el inicio de una novela. Esto fue lo que surgio. Si continuo escribiendola le pondre un titulo creativo, ahora no se me ocurre nada.

Noche de focos fundidos:

Fue hasta aquel martes con aroma a paloma muerta cuando los duendes se apoderaron de la casa. Estrella había gastado el penúltimo cartucho de su escopeta rociándolo sobre la cesta de uno de ellos llamado Alvery. Con la ultima munición, después de ver que no había otra salida, procedió a hacer lo mismo pero en su cabeza.

Cuando Estrella despertó, aquella mañana húmeda, recordó que había tenido el mismo sueño por 3 noches consecutivas. En este unos cuervos gigantes la tomaban de los hombros y la llevaban a la cima de un monte de hierbas secas donde solo estaban sus nidos. Parecía que estos enormes pájaros la habían confundido con una de sus crías pues la tiraban junto a sus pelones y horribles polluelos. Eventualmente volvía uno de aquellos cuervos gigantes y comenzaba a alimentarlos con gusanos; ella trataba de escapar del nido donde se encontraba aprisionada, pero el sofocamiento e insoportable pestilencia del mismo le hacían casi imposible mover cualquiera de sus músculos. Del resto del sueño tan solo recordaba detalles estúpidos y colores. Parecía como si aquel sueño encriptaba algo mas porque irónicamente sentía ella esa mañana pertenecer más a la muerte que a la vida. Preparó café, se sentó en la mesa de su comedor, miró por la ventana tapizada por gotas de lluvia caminantes, y dijo después de un suspiro:
-Hoy es buen día para morir.

(continuara...)

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