Sunday, February 29, 2004

Nombre de la especie: Guantupoto

Descripción:
Su cuerpo es similar al de un oso. Orejas grandes y redondas. De su espalda salen dos extensiones que parecieran alas, sin embargo jamás soportarían su exagerado peso. Una vez que llegan a edad madura los Guantupotos desarrollan un prolongado cuerno en forma cónica que sale de su frente. En su panza tiene una mancha en forma de espiral.

Este animal es extremadamente perezoso y estúpido. Sin embargo se convierte en un gran predador debido a sus largas garras, filosos dientes y prolongado cuerno.

Tiempo aproximado de vida: entre 40-45 años.

Nombre de la especie: Moli

Descripción:
Molusco verde con 3 ojos y 7 tentáculos. Posee alas pero no puede volar más de treinta centímetros de altura. Presa predilecta de los gorriones. Pariente lejano de los pulpos. Gusta de habitar en hongos. Mide aproximadamente 4 centímetros de diámetro.

Tiempo medio de vida: 500-510 años

Edi y Hob:

Edi era un guantupoto tan perezoso como cualquiera de su especie, pero tenía un problema: las pocas horas que estaba despierto no las utilizaba para socializar con los demás de su manada. Era un guantupoto antisocial. Esto comenzó a generar disturbios en el grupo hasta que un día por votación unánime decidieron desterrarlo de la cueva donde todos dormían.

Marmi , la guantupoto mayor, tuvo una plática muy profunda y extensa con él , la cual tuvo que ser interrumpida 3 veces por siestas espontáneas de los dos. Le dijo que era demasiado tarado, roncaba mucho, nunca cooperaba con la manada en la cacería y sus hábitos alimenticios eran deplorables.

Edi tomó una siesta más antes de partir de aquella cueva. Era la primera vez que salía de aquella cueva en los últimos tres años. Caminó como nunca lo había hecho en su vida hasta llegar a una planicie a un lado de una pequeña cascada. Se acostó nuevamente, estaba muerto del cansancio, pero no notó que esta vez lo hacia sobre el lugar donde vivía un pequeño ser de la especie moli llamado “Hob”.

Hob en su comunidad era conocido como un viejo amargado, gruñon, sarcástico, y oportunista. Pero para nada era considerado como un tonto.

Hob esa tarde regresaba de recolectar antenas de hormigas para decorar su casa-hongo, La observaba desde afuera y de frente cuando vio que el extremadamente obeso cuerpo del guantupoto la destruía aplastándola. Hob peló sus ojos, comenzó a hervir sangre; sus tentáculos enrollados temblaban del coraje. El pequeño molusco lleno de ira le grito << ¡Imbecil ,destruiste mi casa! >>. Edi volteó a todo su alrededor buscando el origen de un zumbido perturbador que había interrumpido el comienzo de su sueño.
-Aca estoy imbécil, parate gordinflón, te voy a dar en toda tu madre.-Dentro de las características de Hob, se sabía bien en aquel diáfano bosque, que la cortesía ni la propiedad en el uso del lenguaje figuraban.
Edi más dormido que despierto optó por ignorar aquel zumbido y se hecho a dormir de nuevo. Esto generó tan solo más furia a Hob. Le escupió, pateó y orinó, pero Edi no mostraba indicios de una posible conexión con el mundo de los despiertos, nada despertaría a aquel perezoso guantupoto de su siesta. Después se le ocurrió a Hob una idea un tanto ingeniosa.

Comenzó a mover sus alitas hasta que, con un tanto de dificultades, ya que los molis no suelen ser grandes voladores, pudo llegar a una de sus orejas donde se instaló con facilidad. En ella vivían 4 gorgojos. Estos al ver a Hob inmediatamente le reclamaron:
-Lo sentimos señor pero este lugar esta tomado, ¿Por qué no busca en la otra oreja?.
Hob con una mirada endiablada les amenazó:
-Tienen 5 segundos para desaparecer antes que los comience a estrangular.
Los gorgojos volaron de aquella oreja inmediatamente. El plan de Hob podría continuar.
-Despierta Gordinflón.- gritó el moli “Hob”, una vez instalado en la oreja.
Edi asustado abrió los ojos y preguntó:
-¿Quién es? ¿Quién me habla?- con un tono entorpecedor y babeante.
-Soy tu conciencia. La voz de la verdad.
Hob sabía bien que el éxito de su plan dependía absolutamente de la estupidez de aquel guantupoto, sabía de antemano que no eran muy inteligentes, pero nunca se imaginó que fuera a terminar en la oreja del más estúpido de todos. Le tomó dos semanas de convencer a Edi que su voz era realmente su conciencia; primero tuvo que explicarle lo que era una conciencia, el porqué nunca antes había escuchado su voz y tuvo que inventar también un pretexto estúpido del porque solo se le escuchaba en la oreja derecha. Tuvo que contestar tantas preguntas y tan estúpidas que estuvo a punto de abandonar el plan, pero perseveró y después de esas dos semanas Edi empezó a llamarlo como su “conciencia”.

En un principio la idea de Hob era que después de convenciera a Edi de que efectivamente el era la voz de su conciencia lo iba a convencer a que se suicidara aventando su seboso cuerpo por el risco del cañón de platas. Sin embargo se dio cuenta del poder que realmente tenía al poder controlar a aquel animal; este haría cualquier cosa que el le pidiera ya que era tan tonto y tan inseguro que Hob sería como una extensión de su cerebro. Empezaron a vivir como una simbiosis. Lo de Edi definitivamente no era pensar, y el cuerpo de Hob nunca le había sido de gran utilidad para sus macabras metas.

Mas que ser una excelente guarida para sus más temidos enemigos, los gorriones, Hob comenzó a ver a Edi como un arma de venganza. Lo convenció de que aquellos pájaros eran una delicia para el paladar. A Edi nunca le agrado el sabor de gorrión, le daba mucho asco escuchar el crujir de sus pequeños cráneos mientras el caliente relleno cerebral se paseaba por su lengua, pero Hob disfrutaba ver y escuchar a aquel guantupoto masacrar a sus enemigos. El moli aprovechaba las largas siestas del guantupoto, que normalmente era después de que el comiera, para el también comer y limpiarse de la cerilla que se le embarraba en aquella oreja.

Paso el tiempo. Hob fue conociendo día a día la vida de Edi, este le mencionaba frecuentemente de su destierro de la cueva de la manada, le hacía saber del odio y resentimiento que tenía ante aquellos guantupotos:
-¡Quiero matarlos a todos!, hacerlos llorar y oirlos suplicarme perdón.
Hob conocía bien aquel sentimiento de odio. Comprendía su resentimiento y sed de venganza. Le sorprendía que de aquel tierno guantupoto salieran palabras con tanta ira; sin embargo se sentía ya parte de Edi y sabía que tenía que ayudarle a idear un plan para consumar su venganza.

El día que regreso Edi a aquella cueva fue sin un gramo de misericordia. Todos dormían y el silenciosamente fue hasta el rincón donde dormía Marmi, la líder de la manada. Levantó con parsimonia una grande, pesada y picuda piedra, para solo dejarla caer sobre la cabeza de aquella guantupoto. Sus sesos decoraban las patas de Edi, El cuerpo de Marmi se contraía y temblaba como respuesta retardada al gran golpe que despertó a los demás guatupotos. < < Debes de aprovechar este desconcierto Edi, mátalos a todos ahora sin piedad > > le decía su conciencia. Edi tomo nuevamente la gran piedra para arrojarla a la panza de otro guantupoto que se acercaba a él. Aconsejado por Hob daba marometas frente a ellos en forma de bicicleta para marearlos por el efecto visual que se generaba gracias al espiral de su panza, una vez mareados procedía a clavarles su cuerno en el corazón. Edi mató aquella noche a cinco de sus antiguos compañeros. Derramó la sangre necesaria para calmar su sed de venganza, para hacerles saber a lo que restaba de la manada del error que habían cometido al desterrarlo.

Hob y Edi tuvieron que irse de aquel bosque, sabían bien que el resto de la manada los buscaría. Viajaron por varios meses hasta que se instauraron en un agradable bosque con diversas cascadas azules y prolongados pinos donde Edi se rascaba la espalda. Vivieron felices por mucho tiempo como aquella complicidad simbiótica. Los años hacían cada vez más lento y perezoso a Edi. Hob estuvo con el hasta su último respiro. Un día el viejo Edi después de darse un baño en el rio y comer un par de gorriones entró en un profundo sueño del cual nunca despertó. Hob nunca se atrevió a decirle a Edi que él era realmente su conciencia, sabía que si lo hacia le rompería el corazón, pero siempre tuvo la duda si realmente Edi había creído que todo ese tiempo Hob era la voz de su conciencia o si el guantupoto lo había utilizado a su conveniencia tal como él lo hizo. Derramó tres lágrimas Hob aquella fría tarde en que murió Edi, una por cada ojo que tenía, salió lentamente de su oreja moviendo sus cansadas alitas que no usaba hace tanto tiempo.

Hob trató de buscar a otro guantupoto, pues al menos le quedaban otros doscientos años para vivir, quiso aplicar el mismo método con otros pero jamás encontró guantupoto tan idiota como el buen Edi.

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