San Valentín para bobos:
Los recuerdos de aquel día en que solemos vestirnos de rojo, regalar flores y declarar mal de amores, denominado por la gente como día de San Valentín, siempre fueron trágicos para mí. Son muchos los recuerdos de ese día en el que al final del día siempre me iba a dormir con un corazón fracturado.
La primera ocasión que viene a mi mente fue hace un poco mas de 6 años en el que le declaré mi amor a una señorita, según mis planes todo saldría a la perfección ya que había roto su relación con su novio semanas antes. Talvez mi error fue anticipar mi declaración con un anonimato interesado en ella. Jorge y yo éramos los voceros con esta chica de aquel anónimo enamorado que durante una semana se dedicó a regalarle flores. En nuestra escuela había tres recesos entre clases, dos de ellos cortos y uno un poco más largo. En el primero de ellos fuimos a avisarle que todo estaba listo para revelar la identidad de esta persona, le dijimos que esta le esperaría, con una orquídea en la mano, en una banca que sombreaba un árbol en el segundo receso. La estuve esperando por 35 minutos repasando lo que quería decirle, en confesarle que de ella estaba enamorado, pero nunca llegó. Fui a buscarla, la encontré y estaba haciendo una actividad que le habían puesto en su salón y no podía salir de ella. Me dijo:
-Dile a tu amigo que nos vemos mejor en el tercer receso.
Me calmé un poco y la esperé hasta el tercer receso como me lo había pedido. A lo lejos la ví, era tan mágica como cuando la imaginaba. Se acercó, pero no venía sola, estaba acompañada por otra amiga, no me importaba ya nada, no me importaba que me escuchara todo el mundo. Al verme me preguntó:
-¿Dónde esta tu amigo?
-No hay ningún otro amigo, siempre fui yo- Completamente nervioso respondí.
Después de ello le confesé que estaba enamorado de ella. Admirada y con los ojos más que abiertos no lo podía creer y me dijo:
-No sabes cuanto lo siento, pero volví con mi novio en el segundo receso.
El segundo trágico San Valentín que recuerdo fue unos años después de aquel incidente. España era el nombre de mi primera novia y por mucho tiempo no pude descifrar porque terminó con nuestra relación ese preciso día. Ella fue mi primer beso, cuando pensé por primera vez que estaba realmente enamorado. Recibí su llamada un 12 de febrero en el que me decía que no me quería volver en su vida, hablaba completamente alterada. No tenía la menor pista de que era lo que pasaba, le dije que pensara bien las cosas y quedamos de vernos el próximo domingo para que se relajara. Sin embargo nada cambiaría a la drástica España , estaba completamente decidida a arrancarme el corazón y comérselo a mordidas aquella gélida noche, a pesar de ser noche de enamorados, noche de embobados por el amor, estúpida noche de San Valentín. Término nuestro amor un 14 de febrero, tres semanas después de haber comenzado. Durante mucho tiempo me atribuí la culpa de aquel fracaso, sin embargo con el tiempo me di cuenta que no había sido mi culpa, que el único problema fue que el amor que existía dentro de aquello relación no era similar, talvez fue mas triste darme cuenta que en realidad no me habían querido. Pensaba con el tiempo, que fuera cual fuera la razón no justificaba el afán de humillación de hacer su escena en aquel día. Comencé a notar cierto patrón de mala suerte en relación a la fecha, al mismo tiempo fui adquiriendo resentimiento y apatía ante la misma.
Pasaron después un par de San Valentines que ni siquiera recuerdo. Siento algo de inquietud pues pareciera que mi memoria por defensa propia hubiese borrado evidencias de aquellos días del amor y la amistad perdidos dentro de ella. Sabía bien que uno de ellos lo había pasado como novio de Eliza, acudí a ella en búsqueda de pistas, sin embargo ella también parecía ignorar evento alguno de esta fecha, nos sentamos tomando un café mientras platicábamos de eso entre otras cosas. Tres horas después y seguíamos sin pista alguna de nuestro 14 de febrero.
Sin duda el evento que mas marco la apatía ante la susodicha fecha fue la muerte de Gerard. Falleció un 12 de febrero, y durante el San Valentín todos mis amigos y yo estábamos velándolo en una funeraria.
Creo firmemente en que debe de existir cierto equilibrio en la naturaleza para que podamos coexistir todos en armonía, y el destino me debía un poco en esta fecha en la que siempre me convertía en un ser miserable; utilizo el verbo debía pues hace un año fue la primera vez que le deje de dar importancia a esta fecha y así como en la vida y en el amor cuando muestras poco interés hacia algo ese algo incrementa tu interés en ti. No solo funciona en las mujeres al parecer, sino también con los días del año. Recuerdo muchas cosas de mi último Valentín, detalles que son triviales para cualquiera que lea estas líneas. Sin embargo tomo el atrevimiento para relatar este hecho que sigue ofuscado por una realidad que coquetea con mis sueños:
Recuerdo que sostenía mi mano. Los dos teníamos garganta seca y voz afónica de tanto cantar. Las piernas dolientes de tanto bailar. No se que fue lo que nos llamó a caminar juntos de regreso a casa, pues abandonamos a todos los demas. Abrazados por el frío e iluminados por la luna, caminábamos a un lado de los charcos y en ocasiones brincábamos en ellos para salpicarnos con su agua sucia. Todo lo que hiciéramos aquella noche era causa de gracia, una invitación a mofarnos de nosotros mismos. Ella me preguntó entonces:
-¿No te parece romántico esto?
Yo respondí:
-Sin duda alguna. Es probablemente la noche más romántica de mi vida.
Nos abrazamos y seguimos intentando caminar mareados un poco por nuestro amigo el alcohol. Por primera vez nos vimos a los ojos, continuamos hablando de lo mágico que era la noche, de lo bella que se veía la luna, cada palabra que salía de nosotros era un pretexto para intercambiar nuestros alientos, un coqueteo que prepara al beso. Fue tan mágica la noche que no sabría decir que si la bese en realidad o la bese tantas beses en mis sueños.
San Valentín es para bobos, gente que no sabe nada del amor, gente que es embrutecida por el mismo. Yo aquella noche logré lo que intente ser por tanto tiempo, convertirme en un bobo más.






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