Las once puertas:
Recibió en un sobre cerrado una carta esa misma mañana. Dentro de ella sólo estaba escrita una dirección: “Oplatova #551”. Pensó por un momento que era una broma pues sabía muy bien que en esa misma dirección habían encontrado asesinada a su esposa once meses atrás. El presunto asesino fue capturado en un vagón de tren que pretendía llegar a la estación de Berlín; pero el nunca se trago esa historia. Pensaba que solo habían agarrado a un pobre diablo sin coartada; que todo había sido parte de un gran complot para boicotear su campaña política a la que por supuesto renunció después de aquella tragedia. Cincuenta y cinco habían sido las apuñaladas que punzaron por el cuerpo de su esposa Magdalena. Recordaba con ira e impotencia aquella tarde en la que sonó su teléfono para informarle de la tragedia.
Tomó el primer taxi para ir a aquella dirección en la calle Oplatova. Nada había cambiado en la fachada de aquel departamento excepto la puerta que tenía ahora pintado un once con un gis de cal. Abrió la puerta y se encontró con un largo pasillo que ahora le era poco familiar. Caminó hasta encontrar otra puerta con un diez grabado con la misma intención que la anterior. Pegado a esta estaba un sobre idéntico al que había recibido esa mañana, dentro de él venía una nota que decía:
-Sabemos por qué estas aquí.
Abrió la puerta y el oscuro pasillo quebraba hacia la derecha para luego hacerlo a la izquierda. Encontró después otro sobre pegado en una puerta con la misma tipografía de las anteriores, ahora era un nueve el número que estaba pintado, dentro del sobre venía nuevamente una nota que decía:
-Sabemos como te sientes.
Él infería lo que iba a encontrar detrás de esa puerta. Ocho puertas más con diferentes mensajes; sin embargo la numero ocho no tenía sobre sino una pistola “Colt” calibre .45.
El la tomó y siguió hasta la puerta siguiente con un siete marcado. En este si había un sobre y dentro de él una nota que decía:
-Sabemos que quieres matarlo.
Su ira iba en aumento. Si esto era una broma alguien pagaría muy caro por ello. Caminó hasta la puerta seis y leyó la respectiva nota, la cual decía:
-Esto no es una broma, seis puertas te separan del asesino de tu esposa.
Siguió caminando por aquel oscuro pasillo que se quebraba de lado a lado como el laberinto del minotauro; la nota en la puerta cinco decía:
-Cincuenta y cinco puñaladas, ¿recuerdas?
Por supuesto que recordaba el número. El velorio de su esposa tuvo que ser con el sarcófago cerrado. Llegó a la puerta cuatro. Leyo la nota correspondiente:
-Pobre Mikael, inútil sistema de justicia.
Mikael era la persona que ahora residía en una penitenciaría en las afueras de Praga, con su débil coartada y mala suerte de estar en el lugar y la hora equivocada. Siguió caminando hasta llegar a la puerta 3 pero no encontró sobre alguno, detalladamente busco en el contorno de la puerta para finalmente observar que en el suelo estaba parada una bala. La tomó, abrió la “Colt .45” e insertó la bala en la cámara más próxima al disparo.
La puerta dos si tenía nota, esta decía:
-Una sola bala, una sola oportunidad, un solo muerto.
Caminó con miedo a la última puerta, lo único que lo separaba del asesino de su difunta esposa. Tomó el sobre con la nota dentro, la leyó, esta decía:
-Detrás de esta puerta encontrarás al asesino de tu esposa.
Lentamente abrió la manija de la puerta, al percatarse de lo que había detrás de ella, martilló la pistola, apuntó con certeza, jaló el gatillo, se escuchó un disparo y cayó al piso desangrándose. Recordó mientras la bala atravesaba sus sesos cada una de las cincuenta y cinco puñaladas que habían penetrado el vientre, la cara y las piernas de su esposa en uno de sus ataques de celos. Fue un espejo lo que le hizo recordar aquella realidad bloqueada.






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