Jueves Cultural:
Todo había comenzado como una forma de matar el tiempo entre dos clases de la universidad. Ese concepto de horas libres era algo nuevo para nosotros. El lapso no era mayor al de una hora y media; después de meditar un poco Isaac, Julián y yo decidimos que la mejor manera de hacerlo era degustando un poco de alcohol, pero no cualquier bebida, pues tomar cualquier chango puede, urgía en nosotros la necesidad de hacer algo diferente y decidimos adoptar entonces ser autodidactas en la cultura del vino.Esa hora y media era lo justo para poder ir a un super mercado, hacer nuestra selección, ir a un parque e ingerir una botella de vino.
Una botella diferente cada semana, entre más barata mejor, mientras tirados en un parque, discutiendo filosofía barata, pretendíamos ser intelectuales. Sabíamos bien que no lo éramos pero así, con esa gran aura sarcástica, nació el "jueves cultural", así decidimos bautizarle. Cada semana teníamos un invitado especial a este evento a quien le explicábamos en que consistía el concepto, muchos no lo entendieron del todo y otros prometieron volver la siguiente semana a repetir la experiencia. Nuestras intenciones no eran, en esa etapa, la de embriagarnos, sino solamente hacer esta una bonita costumbre, aunque creo que nuestra maestra de inglés, Tracy Fontanot, que nos esperaba después de cada "jueves cultural" en su salón, percibió más de una ocasión el aroma etílico de nosotros tres, así como un intento fallido de inglés fluido y risas simples en la última fila, donde normalmente nos sentábamos.
Julián había tenido las faltas suficientes para reprobar la materia pero convenció a Tracy de que se las quitara a cambio de que le leyera el “Tarot”, ella aceptó. Nosotros seguíamos con nuestra tradición, conociendo del Burgundi al Zinfandel. Isaac coleccionaba siempre los corchos de las botellas y las colgaba en los espejos de su carro.
El semestre acababa y poco a poco contra nuestra voluntad murió el "jueves cultural". Julián el siguiente semestre se había cambiado de escuela, Isaac y yo no teníamos más clases juntos; en esas ocasiones esporádicas en las que nos encontrábamos en la escuela nos prometíamos mutuamente que el próximo jueves recuperaríamos la tradición. Talvez el "jueves cultural" fue en realidad la primera lección de la universidad: “el tiempo fluye, más rápido que lo que uno espera”. Un semestre después fui yo quien abandonó esa universidad, me trasladé a Monterrey donde nada relevante a este tema pasó.
Regresé a Juárez un año después. En los pasillos caminaban rostros desconocidos y algunos otros viejos amigos. Fue con estos con los que intenté revivir mi tradición una tarde en las que le platicaba las cosas que hacía antes para perder el tiempo, el "jueves cultural" les llamó la atención particularmente a Cecy y a Jorge. El único problema es que ellos no les gustaba tomar vino. Una tarde de calor seco que curiosamente era jueves decidimos ir a comprar una botella de un vino baratísimo. Extrañamente sentía una melancolía licuada con alegría, pues aunque de cierta manera añoraba al pasado sabía bien que no podía revivirlo. El siguiente jueves coincidimos, yo sentía que había encontrado nuevamente a mi equipo, en una nueva etapa, evolucionando talvez y aprendiendo que los momentos, a pesar que perduran en la memoria, son irrepetibles. Hacíamos de todo un poco, cocinar sushi, disfrutar una película en el cine, irnos a sentarnos en el afamado “parque hundido”, donde un día nació el jueves cultural, tomando un vino barato e inventando pretexto a nuestras respectivas parejas del porque no podríamos estar con ellas al tiempo antes establecido.
Recuerdos gratos se los debo al “jueves cultural”, las lenguas hinchadas por el alcohol de los slammers de colores en las sesiones del bar “Freds”, Cecy ayudándome a darle celos a Eliza bailando en el Ibiza, la feria del tequila y el culpar al alcatraz del perifoleo como el causante de la descompostura de mi camioneta.
Poco a poco y lentamente se fue distorsionando la idea original. En realidad las últimas ocasiones no tenían nada que ver con la primera. Adquirió tal fama que se convirtió mas bien en “jueves social”, donde la última intención era la de evocar un poco de cultura, en esas fechas no aceptaba la realidad sin embargo me di cuenta que Cecy tenía razón, se convirtió en un pretexto para salir con mujeres y coquetear con estas. Un extraño sentimiento, ahora de nostalgia fermentada con desconcierto, me hizo ver que había vuelto a lo que había huido en un principio, a lo habitual pues el “jueves cultural” era como una especie de reclamo personal en contra de la sociedad que poco se preocupa por ello, sobre todo en Juárez. Tiré un boomerang al viento y este me pegó en la nuca cuando le di la espalda. Así me sentía. Por respeto a lo que un día fue jamás lo volví a llamar "jueves cultural".
Un día llegó a mi cuenta de correo una invitación a un jueves cultural, que curiosamente daría a lugar un sábado, lo organizaban dos amigos, la curiosidad me ganó aquella vez. Me llamó la atención que aquello no parecía ni "jueves cultural" ni "jueves social", parecía mas bien "jueves político" pues hablaban del comunismo, de la tiranía del capitalismo y otras cosas que en ese entonces me importaban lo mismo que el olor de la caca de los changos. Todos en aquel lugar me causaban una gran indiferencia, excluyendo claro a mis dos amigos que la organizaban. Inventé un pretexto barato y partí en menos de media hora por la misma puerta que me vio entrar.
Hace poco pasé en mi auto por el parque hundido, donde nació el jueves cultural, me paré, me senté en la misma hierba seca, traté de evocar con mi pensamiento un pasado difuminado, podía escuchar nuevamente el eco del recuerdo. Aprendí la lección al parecer, y talvez algún día me reúna con los que algún día fuimos parte de ese recuerdo a la sombra de las higueras, tomando un Chianti mientras discutimos la influencia de Kafka en las películas de Capulina.






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