Seis noches regias:
Fue un viaje raro a decir verdad. Me limité a planear pocas cosas y de esas pocas creo la mayoría se cumplieron, excepto comer sushi con Kika, pero bueno al menos comimos mariscos y en el plato había bastante arroz, pero eso en realidad es poco relevante, asi como este escrito, asi es que si tienes algo mejor que hacer te recomiendo que no lo sigas leyendo.
Separé los capítulos por noches, ya que fue el tiempo donde las cosas relevantes sucedieron. El resto del día me limitaba a comer, ver tele, jugar XBOX, caminar por la escuela y conectarme a el messenger.
Lunes:
Vi a Pato conectada al messenger y le avisé que estaba en la ciudad. Quedamos en salir a tomar unas Micheladas para combatir el calor nocturno. Pasé por ella, terminamos en una terraza tomando cerveza y platicando. Me preguntó de Eliza, le conté la distorcionada historia de la última ocasión que la vi y de como, en aquella mañana desayunando en un McDonalds, me dijo que nunca más podría estar conmigo, o alguien como yo, ya que no era un líder cristiano.
-Como? así como Jesucristo o que pedo?
-No, mas bien algo asi como un pastor yo creo.
-... ah orale, pues que pedo?
-Exacto.
Era medianoche, y a pesar que ella igual que yo no tenía nada que hacer al siguiente día, me pidió que la llevará de vuelta a su lugar. Me pareció justo pues yo no había dormido nada después de aquel viaje de 16 horas.(Cd. Juarez-Monterrey)
Regresando hechamos un volado Kics y yo para ver quien dormiría en el piso aquella noche, naturalmente perdí.
Aquella noche cenamos hamburguesas y papas fritas.
Martes:
Kika pasó por mí para darme mi regalo de cumpleaños atrasado. Un corte de pelo con un estilista, segun ella era chido. Después me dí cuenta que ella no se lo cortaba con él, comenzarón mis sospechas, sin embargo estas se completarón al ver volar mi pelo por los aires con furia y al ritmo del "clak clak" de sus tijeras. Como fondo musical de aquella escena estaba su pitorrienta voz de maricón, porque es lo que era, un maricón, pero bueno no diré más al respecto de su comportamiento ya que luego me catalogarán de homofóbico. Me veía al espejo tratando de encontrar algún angulo en el que mi pelo no se viera mal, traté por varios minutos y me dí cuenta que era imposible. Me hizo un corte de pelo a la "vagabundo style". Quería agarrar sus tijeras y enterrarselas en los ojos. Me controlé. Al menos yo no había pagado esta mutilación. No quería hablar con Kika a pesar que a ella era a la única que le había gustado.
Mas tarde Kics y yo fuimos al "Crack House", lugar donde se habían dado a lugar las últimas debrayantes noches de fiesta en mi vida como universitario. Sin embargo solo estaba Visbal y su morra, y al parecer habíamos llegado en mal momento pues notoriamente interrumpiamos un momento personal de los dos. Duramos pocos minutos en lo que quedaba del "Crack House" y nos fuimos a dormir. El volado lo gané ahora yo y me tocó la cama en vez de el suelo.
Esa noche cenando Tlayudas conocí aCecy Leos quien me regaló su CD.
Miercoles:
Cuando desperté el miercoles tenía grandes ansias de salir de aquel lugar. Monterrey ya no era como lo recordaba. Estaba completamente aburrido. Pero aun tenía asuntos pendientes que atender. Tomé el teléfono y sin dudar más hice la llamada. Tenía que verla una vez más antes de hacer lo que iba a hacer, quería verla a los ojos en el momento. Por un instante pensé que ella se imaginaba lo que iba a suceder, pero sus ojos sorprendidos en el momento me dijeron lo contrario.
Estabamos sentados, yo tomaba cerveza, Suny tenía la vista divagante. Me pusé frente a ella y le dije:
-Tengo algo que decirte.
-... que pasa?
-Solo te quería ver una última vez antes de decirte adios.
-Como? Adios así ya bien, chingesumadre.
-No, no adios chingesumadre, un adios adios.
-Asi definitivo?
-Si.
Ella había sido la mujer que mas me había dañado en la vida. Por un momento me fue gracioso que me utilizara solo para satisfacer su placer, pero ya había llegado a un punto preocupante. No quería ser más su amante, estaba harto de su manera tan voluble de ser. Me paré le agarre de la nuca y la acerqué a mis labios, le di un beso en la frente, después me acerqué a su oído y tan solo le dije:
-Adios.
Me fuí con la frente en alto y nunca más volteé atrás. Henry estaba del otro lado de la fería donde estabamos, cenando tlayudas con Goga. Yo tenía mi yarda de cerveza en la mano y llegando a su mesa les dije:
-Esta noche nos vamos a emborrachar.
La verdad el resto de la noche la quisiera borrar y al mismo tiempo no. Amanecí en el sillón de la casa de Goga. Me había despertado un comentario de una roomate sorprendida de Goga al ver a un hombre casi muerto en el sillon. Venía a mi mente la noche anterior y de como le había propuesto a otra roomate de Goga que me diera un beso, y al negarse me mofé de ella ya que no quería serle infiel a su "canco" (neologismo juarense que significa: pareja sin compromiso).
Aquella noche cenamos cerveza.
Jueves:
Concierto gratis de Belanova en Expotec, la misma feria a la que había ido los días anteriores. No recuerdo otra cosa mas que a la vocalista, no era muy bonita pero era sexy.
Algo más sucedio aquel día más no sucedió en la noche. Caminaba por un pasillo de Aulas VII en la escuela. La vi al otro lado del pasillo, con los brazos extendidos, gritaba mi nombre. Me dió coraje que ella me reconociera primero que yo a ella, a pesar que estaba tan esplendida como siempre. Era mi maestra de literatura, Judith Farre. Corrí hacía el otro lado del pasillo a buscar refugio entre sus brazos. Comenzamos a platicar de todos estos meses que no habiamos perdido contacto. No podía quitarle la vista de encima. Pretendía memorizar cada ángulo de ella para ni siquiera pensar en la posibilidad de olvidarla. Fumaba su cigarro, sonreía, preguntaba, se admiraba, fumaba de nuevo y se volvia a reír. Me invito a pasar a su clase que comenzaría en pocos minutos a un lado de donde estabamos platicando. Con gusto acepté y nuevamente pude revivir aquellos momentos en talvez lo que fue la clase que más disfruté en mi carrera universitaria. El tiempo paso sin piedad y la clase terminó. No quería pararme de mi silla, quería congelar el tiempo, sin embargo tenía que aceptar las circunstancias. La abracé nuevamente y le di un beso. Esta despedida fue diferente a la que tuve con Suny unos días antes. Esta era una despedida de la cual esperaba volver a repetir, la otra había sido un adios esperando jamás vivirlo de nuevo. Esta ocasión si volteé hacia atrás para verla una última vez, por si acaso hubiera olvidado de memorizar alguna parte de ella. Judith seguía sonriendo.
Aquella noche cenamos gorditas.
Viernes:
Ese dia estaba decidido a regresarme a Juarez. Había empacado todo. Kika pasó la tarde entera conmigo. Fuimos a la central camionera a ver los horarios de salida. No compre el boleto porque no llevaba el dinero. Despues fuimos a comprar unos litros. Cuando los terminamos fuimos por mi maleta. Mi camión saldría en una hora. Antes de irme cometí el error de conectarme al messenger de donde pronto llegaron mensajes con posibles planes para la noche. Los motivos de mi partida eran la aburrición y la falta de pendientes en la ciudad, sin embargo a pesar que a Kics no le agradó nada la idea opté por quedarme al menos un día más. Kika se alegró y prometió salir con nosotros aquella noche. Rondamos la ciudad tomando unas Micheladas con Chamoy bautizadas "Chamoyadas", las cuales pocos minutos despues generarían en nosotros una condición diarreica poco envidiable. Kics le nombraba a su estado como "la water shit".
El plan más prometedor era una fiesta de estudiantes internacionales. La propuesta era de Henry y el resto del "Bufanda Gang"; un apodo que les puse a estos individuos ya que a pesar de que sea verano con un calor de 42 grados celsius no se quitan su bufanda. Es parte de su personalidad y son capaces de llevarla a esos límites. Con un aíre fantochon y poetico-frustrado, sin embargo son simpaticos y amenos. Aquel jueves brindamos por cosas estúpidas como el desierto y el vidrio. Aquella noche me perdí también entre recuerdos, deseos, risas y mareos. Desperté en el suelo nuevamente aunque no recuerdo haber perdido un volado, sin embargo aquel suelo fue para mi esa noche la cama de la suite presidencial del "Bellagio".
Aquella noche cenamos Pizza.
Sabado:
Ultima noche. Goga y Henry prometían una gran fiesta en su casa. Cosa que no sucedio. Sin embargo fue algo agradable y a un precio razonable. No esperaba mucho de aquella reunión, sin embargo un reencuentro inesperado sorprendió mis espectativas.
Ella se veía espectacular, un poco más delgada a la última vez que la había visto. Yo me lamentaba con ella de no haberla conocido antes, talvez lo nuestro comenzó muy tarde. Ella me abrazaba y acariciaba mi espalda, nunca nos dimos un beso pero eso era poco importante, sabiamos traducir otros mensajes corporales. Hicimos aquella noche tantas promesas y continue repesandolas en mis sueños. Confiabamos de cierta manera en el destino y sus manifestaciones tan casuales. Era un broche de oro para cerrar mi viaje pues a pesar de tener su telefono los 5 días anteriores no me atreví a hacer la llamada. Sin embargo esa noche llegó a mí. Así terminó mi sexta noche en Monterrey, los dos sentados en la polvienta banqueta, bajo un árbol, ella recostada en mis piernas mientras yo acariciaba su cara.
-Tengo sueño.
-shh... duermete... shh.
Aquella noche cenamos hamburguesas dobles.
Domingo:
Era tiempo de partir. Aquella tarde fuimos a comer mariscos con Kika. A una amiga que venía también con nosotros le apareció una mosca en el arroz, lo cual fue algo realmente desagradable. Yo había comida demasiadas galletas saladas. Me dieron ganas de vomitar.
Me despedí de Kika y talvez eso fue lo que más me dolió, pues a nadie extrañaba en esa ciudad más que a ella. Esta era una diferente despedida a todas las demás. Era una despedida con una seguridad de que no sería la última vez que sucedería.
Llegué a la central, compre mi boleto, tome el asiento que me tocó en el camión. Dieciseis horas más de inactividad me esperaban. Me asomé a la ventana y no pasó nada más. Era tiempo de partir. Leía "La tumba" de José Agustín y al mismo pensaba en las últimas noches de Monterrey. Recordaba a Pato con su humor negro sentada en la terraza, recordaba el beso en la frente de Suny, la sonrisa de Farre, el pelo de Paula escurrirse entre mis dedos. A pesar que toda la semana me había quejado de la inactividad me iba satisfecho de aquella ciudad.
En aquel viaje engorde 5 kilos.






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