Hay quienes sostienen que su maldición se debió al haber nacido en tierra de brujos, otros opinan que fue causa de haber muerto clinicamente por unos segundos en sus tempranas horas de vida; Algo se trajo del otro mundo. Todo el pueblo tiene un opinion y una teoría; talvez nunca se encuentré una explicación lógica a la maldición de Elida, pero su historia será siempre recordada en las tierras turulas que la vieron morir.
Elida desde pequeña fue una chica temerosa y con escasa simpatía. Hija menor y con 4 hermanos barones: Andres, Lucas, Orlando y Eufemio. Su pelo cenizo y la gran verruga debajo de su ojo derecho la volvían en un blanco fácil para los niños crueles de su escuela. Le apodaban “cara de jaiba”, pero a pesar de tener menos de doce años Elida tenía ya preocupaciones más grandes en aquel tiempo, como el sentirse siempre observada y perseguida. En sus sueños frecuentemente aparecía la imagen de una horrenda anciana vestida de gris, sin cejas, con sonrisa diabolica y dientes negros. Siempre soñaba que esta la quería ahorcar y ella por el pánico no podía defenderse. Cuando caminaba por la plaza del pueblo sentía los ojos de la anciana en su espalda, los pasos en sus talones, los dedos en sus hombros y el pánico en su alma.
Le apodó “La malora”, por tener una manera de respetar sus temores. No fue hasta sus quince años de edad que la conoció en persona. Ella caminaba rumbo a su casa por la desolada calle Revolución. Regresaba de cenar una orden de garnachas en el puesto de “El negro Bartolo” ubicado en el parque central, a unos cuantas cuadras de su casa. Escuchaba en las paredes de adobe el eco de sus pasos. Una de sus pocas maneras de divertirse era brincar en los charcos y salpicar su falda de fango, reía mientras lo hacía, sentía rebelión en sus actos, a pesar que ella tendría que lavar la ropa salpicada. Aquella noche en la calle Revolución habían unos cuantos charcos. Despues de salpicarse en ellos siguió con su camino. Comenzó a caminar de nuevo hacia su casa pero después de unos pasos se detuvo, sin embargo el eco en las paredes de adobe no lo hizo. El sonido de los pasos continuaba a pesar que ella estaba parada. Temerosa volteó atrás, el eco en el adobe continuaba, esperaba que sus sospechas fueran efimeras y no una cruda realidad. Una vez mas estaba equivocada.
“La malora” caminaba hacia ella. Elida sintió entonces el paralisis de sus sueños y la otra continuaba caminando hacia ella. Elida temblaba de miedo y comenzó a sentir la asfixia mucho antes que “La malora” la comenzará a ahorcar. Cuando sintió las calludas manos de la diabólica anciana orinó sus calzones y procedió a desmayarse.
Cuando despertó aún era de noche y “La malora” ya no estaba. Corrió las tres cuadras que faltaban para llegar a su casa. Abrió la puerta gritando, temblando de miedo, llorando de desesperación, pero nadie contestó. La casa estaba sola, se percibía un aroma polviento de abandono. Una hora y media antes habían partido todos al hospital “La Santa Gracia”. Un ataque al corazón le había quitado la vida a Don Antonio Chedraui, padre de Elida.
Elida no mencionó a nadie el incidente de aquella noche, sin embargo nunca tuvo duda que los dos eventos tenían una relación intrínseca y fuera de su razonamiento.
Aparte de salpicarse en los charcos, Elida gustaba de escuchar el quebrar de las olas, ahí sentada a las afueras de la palapa de “Mamá Huga”, con sus talones enterrados en la arena, las escuchaba todos los dias. Aquel era su lugar tibio, donde sus temores pretendían desvanecerse, donde al menos por un momento podía olvidar que un demonio acechaba su vida.
Después de aquel encuentro con “La Malora” en la calle Revolución, siempre temió de la oscuridad, por ello nunca podía ver el atardecer en la playa. Corría cuando aún faltaban dos horas para el ocaso hacia su casa. Se encerraba en su cuarto y no salía hasta el amanecer.
Los años pasaron sin que ella volviera a ver a su “Malora”. Bloqueó en su mente aquel evento que por tantos años la traumatizo.
Aquella tarde Elida cocinaba platanos fritos. No había nadie más en la casa pues habían partido temprano a “Velo de novia”, una cascada alejada a media hora del pueblo por carretera. Algo llamó a Elida a salir al patio, una fuerza la empujaba, ella tenía miedo a ver lo que le esperaba.
El árbol de tamarindo lo había plantado su padre, Antonio Chedraui, 20 años antes. Su esposa Miranda, madre de Elida, nunca gustó de aquel árbol, siempre lo quizo tirar pero después de la muerte de su esposo decidió conservarlo como un recuerdo de su viejo. Cuando Elida salió aquella tarde al patio encontró colgando de sus ramas y con una soga al cuello a su madre y a dos de sus hermanos: Andres y Orlando. Se movían como péndulos de reloj de un lado hacia el otro, tiesos, carentes de vida y con la lengua fuera. Su mirada parecía observar a la pobre Elida, pero no solo ellos la veían sino también “La Malora”, quien estaba detrás de estos. Elida cayó de rodillas y comenzó a llorar. Corrió hacia la cocina, agarró el cuchillo con el que estaba partiendo los platanos y salió dispuesta a enfrentar a “La Malora”, pero cuando regresó los cuerpos colgantes y “La Malora” no estaban. Estaba el árbol de Tamarindo, pero de él tan solo colgaban hamacas. Parecía que todo había sido una alucinación de Elida. Me estoy volviendo loca, pensaba. Sin embargo el teléfono sonó. Elida corrió a contestarlo. Era su hermano Lucas:
-Elida, algo terrible pasó.
-¿Qué pasa?
-Mamá y Orlando estan muertos...
-¿Qué?
-Si, Orlando se quedó dormido mientras manejaba, y nos volteamos en la puta carretera.
-No mames no puede ser.
-Si, estuvo de la verga, estamos en el hospital, Andres esta muy hérido, yo me rompí la pierna.
-No mames cabrón, dime que estas bromeando...
Elida colgó. Con esa llamada comprendió su maldición. Recibiría una visita de “La Malora” cada vez que algún familiar o ser querido fuera a fallecer. Andres falleció unas horas después de la llamada. Era el preludio de una muerte, el aviso de algo innevitable.
Muchas muertes más sucedieron en la familia, y Elida siguió recibiendo visitas de “La Malora” en cada una de ellas. En cada ocasión Elida trataba de hacer algo, como tratando de evitar la muerte de sus cercanos.
-¡Llevame a mi pendeja!- Le gritó en algún encuentro.
Le preguntaba cosas tambien, pero “La Malora” nunca respondía y Elida en cada encuentro perdía un poco de su cordura. Llamaba a todos sus familiares advirtiendoles que no salieran de sus hogares cuando “La Malora” la visitaba, pero siempre era demasiado tarde.
A sus 45 años de edad y con más de la mitad de su familia muerta decidió ir nuevamente a las afueras de la palapa de “Mamá Huga”. Enterró sus talones en la arena y se sentó a escuchar el sonido de las olas quebrarse. Faltaban unos cuantos minutos para que atardeciera pero Elida no se iría como siempre acostumbraba. Cruzando sus brazos movía su torso para adelante y para atrás, como siguiendo el ritmo de una sinfonía que nadie mas escuchaba. Esperaba la visita de “La Malora” aquel día en el que ella vería el atardecer después de tantos años. Pero “La Malora” nunca llegó. El sol tenía la mitad de su cuerpo en el horizonte oceánico y Elida comenzó a quitarse la ropa hasta quedar completamente desnuda. Caminó lentamente hacia el mar y nadó hacia el horizonte como tratando de alcanzar el atardecer. Nunca jamás volvió a tierra firme y nunca jamás su cuerpo fue encontrado.
Mientras daba los últimos braceos que su cuerpo soportaría antes de desistir por el cansancio, Elida sonreía. Sonreía porque al menos no vería a “La Malora” el día de su muerte. Sentía que a pesar de perder todas las batallas había ganado la guerra ya que aunque “La Malora” acertó al predecir la muerte de la mitad de su familia no pudo predecir la muerte de Elida. Flotando desnuda y con los últimos rayos del sol acariciando su cuerpo, Elida veía las nubes y sonreía.






Creo que si no es mi favorito este post es definitivamente uno de los que mas me ha gustado! En la parte del árbol realmente hasta se me puso la piel 'chinita'!
ReplyDeleteGracias GirlyReader. Esto me inspira a escribir las otras historias turulas de terror, como la de "El cadejo", "El ñe" y "La gallina con pollitos" :D
ReplyDeleteY aquí estaré yo esperando nuevos escritos, por lo pronto sigo descubriendo algunos posts de tu blog que me he saltado. Definitivamente es uno de mis actividades favoritas a la hora de trabajar, escaparme por la red para leer tus escritos.
ReplyDeleteGracias de nuevo, te mantendre informada, tenlo por seguro :D
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ReplyDeleteMe encanto...Hizo que se me erizara la piel,uhm logra que imagines todo.Y no muchos escritos llegan a lograr eso.
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