Puntos suspensivos:
Esta ocasión no se por donde comenzar. Pensé por tantas ocasiones alguna forma de empezar mi historia, pero al parecer he fracasado. No se de que hablarles, no se que platicarles, talvez porque la mistica de ese viaje fue tan compleja, o talvez porque al recordar me pierdo nuevamente, doy vueltas por mi cabeza y no encuentro un inicio razonable.
Normalmente dejó las historias reposar en el tiempo, espero a que obtengan un sabor añejo y les agregó entonces una especia melancólica, donde las cosas ya no son como sucedieron, sino como las recuerdo, o quiero recordarlas. A veces no soy yo quien las escribe, sino ellas mismas, en una posesión casi demoniaca en la que tan solo escucho los tactacs de mis dedos golpeando el teclado, me vuelvo entonces un espectador y voy leyendo lo que mis manos disponen a mis ojos.
Nicoletta me preguntó si había valido la pena mi viaje a su país, faltaban dos noches para que yo partiera de Italia, el frio en la parada del autobus número cuarenta y tres era plutonico, yo contesté con una mano en el corazón :
-Desde la primera noche.
Fue ella la razón absoluta de mi viaje, mi motivo, mi sueño, mi musa. Sabía desde antes de llegar que las cosas nunca resultan como se planean, es por eso que no planee nada. Los dos recordabamos bien aquella primera noche. Despues de haber tomado un par de Absinths salí del pub, ironicamente me trataba de alejar de una realidad que había soñado por un año, talvez salí porque no creía en mi situación, talvez porque es algo que siempre hago cuando quiero ser encontrado, y por supuesto ella fue a encontrarme, igual que la primera vez , cuando tan solo quería ver el mar. La diferencia es que esa noche no la besé como en aquel bosque, en aquella primera noche tan solo le confesé lo que no hacía falta. Ella lo sabía.
Podría contar mil historias de mi viaje a Italia, y algún día escribiré un par de ellas. Podría contarles de aquella noche de desencanto en la que hice una historia en mi cabeza de la desaparición de mi musa, pues en realidad la perdí, pero la perdí mucho tiempo antes y es por lo que creo sirvió mi viaje. No fue una desaparición abrupta sino mas bien parsimoniosa, y no fue tanto una desaparición en sí sino mas bien un desvanecimiento. Podría seguir escribiendo pero no lo haré, creo que necesito reposar estos recuerdos, añejarlos y disfrutarlos cuando ya este viejo.
Dos cosas me dijeron personas sabías y con esto concluiré. La primera me dijo que algún día me daría cuenta que todo lo que busco viajando por el mundo está mas cerca de lo que piensó, aquí donde vivo, supe que tenía razón cuando me congelaba en una madrugada en la estación de Mestre-Venezia. Otra persona me dijo lo doloroso de la pasión era que al punto final no le siguieran suspensivos, cuando el final es absoluto, y buscamos entonces motivos para no terminar nuestra historia. Los sueños cambian, la pasión cambia, las musas tambien, pero uno continua y la historia continua continua continua...






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