Thursday, March 03, 2005

La vida es sueño:

Llevaba años sin acudir a ver una obra de teatro. Creo que la última vez que ví alguna fue hace dos años a ver una versión moderna de la tragedia griega “Electra”. Esta noche volví, esperanzado de encontrar en la anunciada obra “La vida es sueño”, que a su vez la había leído también un par de años atrás, una reconfortable reunión con aquella que fue por mucho tiempo de mi vida una pasión: el teatro.

Oh gran decepción.

Mis sospechas comenzaron al ver un estacionamiento casí vacío, reflejo de la cultura de mi ciudad, eso no me sorprendió ni mucho menos molestó. Lo que si lo hizo fue el ver que habían unos camiones escolares estacionados al frente del teatro, y por supuesto, la mayoría del auditorio se conformaba de estudiantes pubertos y otros especímenes.

Siento decir que a continuación seré severo.

En el panfleto venía indicado que un grupo de Santiago de Chile sería el encargado de interpretar la obra de Calderón de la Barca y mi segunda sorpresa fue el ver que dicho grupo sería representado en escena por solo un señor. El individuo interpretaría “La vida es sueño” en forma de monólogo. De cierta manera me descepcioné un poco ya que después de tanto tiempo iba con la esperanza de ver la obra con todos sus geniales personajes y esperé todo el tiempo que me sorprendiera con que al menos un acto involucraría a otros actores, un cambio de escenografía, pero nunca lo hizo.

El actor comienza a hablar, explicar la obra, y dar un breve prólogo para adentrarnos a su historia. Pero sus palabras se perdían entre risas sin sentido, murmullos desesperantes y chiflidos, “ ¡No se escucha!”, gritaba un desesperado mientras como un requinto suenan numerosas latas de refresco o cerveza abrirse “tsss.... tssss... tsssss”. ¡Primitivos! , gritaba desesperado el señor a mi izquierda, sintiendo impotencia al tratar de escuchar al actor, pero parecía poco importarle a los especímenes, pues parecían que los “shhh.... shhh”,de la gente interesada en la obra servían de aliento para que continuaran con su desmadrecito . A mi derecha un grupo de tres nacos pubertos con su celular hablando en voz alta, a uno de ellos me le quede viendo con cara de “avercuandochingadostecallas”, y creo que detectó la mala vibra que le tiré, ya que en un par de segundos se levantó con su escándalo y amiguitos buscando refugio en otra sección de asientos.

Para ese momento la obra no era mas una obra sino una batalla declarada de la audiencia, entre quienes queríamos poner atención a la obra y los acarreados, que al parecer en su puta vida habían visto una obra de teatro.

Vayanse a su pinche MMCinemas, pinches nacos. Pensaba.

Se acabó el primer acto, en el que el monologuista señalaba golpeando varias ocasiones unos platillos. En frente de mí un individuo regordeto con una bola saliendo de su oreja, se reía sin sentido, de todo y de nada. Parecía que no comprendía nada de la obra y tan solo en sus risas encontraba el confort de al menos no verse estúpido. O tal vez había inhalado resistol antes de llegar al teatro y el viaje que este le causaba le marcaba que su experiencia en el teatro era como un cine en tercera dimensión, y esto le causaba risa. Mi otra teoría era que esa bola que salía de su oreja era en realidad un tumor que se fue comiendo poco a poco su cerebro.

En el espacio que habían dejado los monitos del celular, que había corrido, se sentó una pareja la cual pronto comenzó a fajarse sin tapujos ni verguenzas. Los sonidos de los lenguetazos en el paladar ajeno opacaban al arido actor con poco aliento. Inevitablemente prestaba mayor atención a los sonidos de la parejita que a la misma obra, de pronto los lenguetazos se mezclaban con murmullitos traviesos de ellos diciéndose:
-Ay 'shiquita me encantas.
-Ay 'Shava no me agarres ahí.
-No se preocupe esta oscurito.
-Ay no 'Shava mejor al ratito.
-Vengase 'shiquita.
Y la pareja continuó con el faje durante los actos II y III, pero al menos tuvieron la descencia de salirse cinco minutos antes del final y en realidad no supe si por pena a nosotros, su auditorio, o tal vez ya habían calentado lo suficiente el pastelito.

El actor hace sonar nuevamente sus platillos y con esto indica el final del segundo acto y el principio del tercero.

El monólogo continúa y yo pensaba que cualquier otra distracción no me podría sorprender. Como ustedes han de esperarse, una vez más estaba equivocado.

El actor se transforma en un Segismundo que confundía el sueño y la realidad. La señora sentada detrás de mi le dice a su compañero de a lado:
-‘Hora saca las tortas ya ¿no?
-¿De que las hicieron?
-‘Pus de jamón ¿no?
-¡Venga! ya me ruge la tripa.
Una vez más perdí la atención del monólogo y me adentré a la conversación de la señora de las tortas, aunado a un delatador crispeo del plástico con el cual venían envueltas. “Una pinche hora no se pueden estar sin tragar”, pensaba. Pasó por mi mente el cambiarme a otro lugar, pero sabía bien que en cada sección me encontraría con un personajito similar si no es que peor. Así es que opté por resignarme, y escuchar lo poco que podía al simpático actor.

La obra terminó y el monologuista chileno se ganó los aplausos y chiflidos de la gente. A fin de cuentas nuestra ovación se convirtió en un hibrido entre aquellos que disfrutaron la obra, otros que disfrutamos lo poco que pudimos escuchar, los que fajaron, los que se drogaron, los que tragaron, los que chiflaron. Todos al final y a pesar de nuestras diferencias nos entendíamos en el lenguaje de los aplausos. Eramos un monstruoso híbrido lleno de folklor.

Daniel Chivardi.

¿Que es la vida?
Un frenesí...
¿Qué es la vida?
Una ficción,
Una sombra, una ilusión;
Y el mayor bien es pequeño,
Que toda la vida es sueño
Y los sueños, sueños son.

Calderón de la Barca.

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