Tres foto-historias frías:
Noche de pasos fríos:
Nos habían dicho que la fiesta quedaba a unos cuantos metros del edificio donde vivíamos. Los copos de nieve caían y el frio era insoportable, pero nuestros pasos no pesaban aquella noche. Rompimos el hielo,tal vez con un poco de ayuda de los encantos de Baco. Casi podiamos ver como los copos se convertían en gotas al acercarse a nosotros, o tal vez asi nos gustaba imaginarnos, con aquella calidez humana que encontrabamos al cantar canciones que todos sabíamos a pesar de ser cada uno de un país distinto. No encontramos la fiesta aquella vez, sin embargo encontramos nuestra primera historia como grupo.
Los copilotos:
Habíamos decidido dos días antes que saldriamos a primera hora de la madrugada, sin embargo la noche anterior a nuestra supuesta partida nos encontramos demasiado despiertos. Improvisamos. Decidimos salir a las once de la noche en un camino que duraría más de doce horas, con la condición de que yo manejaría las primeras cuatro ya que ellos me mantendrían despierto aquellas, las consideradas "horas más pesadas". Dos horas después a pesar de estar completamente dormidos seguían cumpliendo su promesa, pues sus ronquidos eran mas aturdentes que sus pitorrientas voces. Aquella noche tuve que parar el auto en tres ocasiones para no caer en los brazos de Morfeo. Nunca supe si fue el frio, la escaces de luz en aquella carretera, el sueño que tenía o la canción cósmica de Royksopp, que escuchaba aquella noche, lo que me hizo ver tantas estrellas en ella, como nunca en mi vida; me gusta pensar que fue un poco de todas.
Nicoletta:
Encontró la manera de confesarme, unas horas antes de partir de aquel país, que estaba enamorada de mi mediante una carta. Tomó el coraje que yo no me atreví a tomar, pues si bien los dos sabíamos a medias que era mutuo, yo opté por el camino del silencio. Me prometí no leerla antes de que ella partiera, pero aquello ya me había pasado alguna vez y antes de aquella promesa me había prometido a mi mismo no volver a hacerlo. Corrí hacia ella por aquellas calles que algún día caminamos mientras los copos de nieve se derretían, brinque los charcos con los que en un San Valentin para bobos nos mojamos intensionalmente. Era la misma luna que guardaba nuestros secretos la que me acompañaba en mi corrida, era el mismo Venus que nos prometía unirnos a pesar de un oceano de distancia, era el mismo frío . Yo no era el mismo. No tenía ni una duda mas, absolutamente todo encajaba perfectamente. Corría hacia ella aquella noche después de leer sus bellas palabras, pero yo no era el mismo.









0 comentarios:
Post a Comment