Monday, August 06, 2007

Fragmentos de mi pinche argentina apretada

Un escrito imprudente,

que los melancolicos del mundo podrán entender mejor que nadie... Gracias shiva por tu espacio que es tan enorme para mis palabras chiquititas.

Espero que puedan entender mi argentino malescrito.

Pura Vida.

Surfear el aire-

Un par de lagrimas amarretas amenazan el frío que congela mi nariz.

Se escapan de mis ojos sin permiso,
ni derecho,
ni vergüenza.

Y ahí van,
en perfecta simetría,

aguellandome la piel,

surcando su camino recto hacia el piso,

humedeciendo cada milímetro de mi cara petrificada por el frío;
y ruedan, y agonizan,
y se agotan en el blanco absoluto de mis mejillas para darse sagrada sepultura en lo mas profundo de mi boca, que se entreabre para aspirar una bocanada de oxigeno, gigante y vital, cada vez que me acuerdo de respirar.

Y mis lagrimas ensalan el aire,
que vuelve a oler a mar.
Y el mar tiene notas de tu cepa. El aire huele a vos.

Y entonces decido cerrar los ojos para ver si logro encontrar de mi lado de adentro una razón
Minúscula y lógica que justifique el vandalismo emocional que me ataca de tanto en tanto.

Y busco,
abro puertas, cierro puertas,
abro cajones, muevo estantes,
se me caen los recuerdos,
se me desordenan las cosas lindas del archivo de las cosas lindas,
destapo esos casilleros prohibidos que no se deben por nada del mundo destapar,
y me encuentro con la mas sintética y veloz secuencia pictórica de mi vida...

Remuevo, muevo y vuelvo a requete-remover y no encuentro la razón que busco.

Cierro los cajones,
amucho los recuerdos
y salgo del laberinto de mi adentro...

Abro los ojos.
Silencio.
Siento todavía la humedad de los mil y un batallones de lagrimas perdidas que se me escaparon en algún momento de esta poco feliz búsqueda de razones desesperadas. Respiro.
Respiro tan hondo que el frío de este invierno se roba mi voz.

Y ahí voy yo en otro día calcado del de ayer e igual al de mañana-

afónica de tristeza,

surfeando desquiciadamente en este mar de aire intoxicado de vos...

Te extraño tanto. Silencio.

Sunday, August 05, 2007

Dancing on Grand Central

Dancing on Grand Central:

Se sentía bonito, su último beso, en aquella estación que nos separaría, yo trataba de mantener abiertas las puertas del vagón que la contenía, en una estación en New York, pero la inercia del mismo me impediría continuar por el tiempo que deseaba continuar.

Aquella noche yo sabía bien de sus intenciones de terminar nuestra relación, pero eso no impidió que me atreviera a estar con ella, viajar cinco horas, ir a verla, ir a besarla , abrazarla, sostener su mano y después despedirme, talvez por siempre… aunque en realidad uno nunca sabe, pues este mundo es mas pequeño de lo que aparenta ser; uno tan solo puede estar seguro de esa entropía de eventos que algunos llaman destino, otros la llaman suerte, y algunos otros la llaman simplemente vida.

Ella me besaba en las calles de East Village, como no me besó en todo el día, y curiosamente me comenzó a besar en el momento que decidimos terminar nuestra relación… habían pasado dos meses desde la última vez que la había besado en la sala 52 de un aeropuerto en Pittsburgh, en aquella misma ocasión que me di cuenta que nuestra relación de larga distancia tan solo me lastimaba tanto a mi como a ella.

El calor era casi insoportable en la estación de Grand Central, ella tomaría Flushing Express, mientras yo tomaría el vagón que me llevaría a World Trade Center, pero eso era solamente logística para nosotros, pues sabíamos que era nuestra última noche, y aún cuando oficialmente nuestra relación formal había terminado nos podíamos aventurar en las travesuras de besarnos como si este día existiera solo en el infinito.

Bailábamos al ritmo de una guitarra distorsionada mientras ella se quejaba que tan solo sabia tres pasos de baile y siempre los repetía, yo le respondía delicadamente en la oreja que eso era mejor que nada. Nuestros respectivos trenes no llegaban aún , pero seguíamos bailando aunque la música pausara por momentos, nuestros amigos se mofaban de nosotros pero eso nos importaba poco, pues eran nuestros últimos momentos juntos, en los que traviesamente pretendiamos engañar a nuestro súbito destino.

Ella me continuaba besando.

Yo no quería soltarla.

Su tren llegó.

El día que muera me gustaría despedirme así de la vida, besándola delicadamente, bailando con pasos de mi imaginación, subiéndola a su vagón sin despegar mis labios de los suyos y abrazándola fuertemente hasta el momento en que las puertas automáticamente se cierran, pero justo en ese momento detenerlas para poder darle un último beso, un beso final, de despedida, decirle “ I still love you” justo en el momento en que no puedes sostener esas puertas mas, escuchar las puertas cerrar y el motor del tren furiosamente encenderse para por fin separarte de ella. Así tenía que ser y así fue.

Ella me besó por última vez en Grand Central, y yo no pude detener aquel tren, sin embargo ella me besaba y yo sentía… bonito.