La vuelta a Italia en Ochenta Copas:
El departamento:
La mayor parte de mi tiempo en Milán dormí en el sillón de la sala del pequeño departamento de Antonella. Este contaba con dos cuartos, en uno de ellos dormían, en camas separadas, Antonella y Simone, su amigo de la infancia. Simone tenía carácter fuerte y no era muy amable. Creó que nunca fui de su agrado pues a pesar de que era el único que hablaba un poco de español pocas veces fueron las que tuvimos conversaciones. En el otro cuarto dormían Sergio y Vincenzo, también en camas separadas.
Sergio solía sentarse conmigo en el sillón en el cual yo dormía antes de la comida para ver novelas gringas ochenteras traducidas en italiano. La característica más notable de Sergio era que tan solo paraba de hablar cuando tomaba aire para continuar hablando, hablaba conmigo a pesar que mi italiano no era muy bueno y él no entendía una palabra de español, normalmente entiendo a la gente cuando me hablan en italiano, pero a Sergio solamente entendía una de cada diez palabras que me decía, pero esto no lo detenía para que hablara conmigo horas y horas.
Antonella me advirtió desde antes que llegara a Milán que uno de sus roomates era gay, pero que no me asustara, como si el ser homosexual fuera una especie de enfermedad contagiosa. Me dio un poco de risa, pero me dio mas risa el saber que un día Sergio, al regresar a medio día de una de sus clases en Bocconi, abrió la puerta de su cuarto para encontrar a Vincenzo y al amigo de Vincenzo compartiendo desnudos y entre sábanas algo que los ojos de Sergio jamás habían atestiguado de dicha forma.
Aquel día Sergio no decía una sola palabra. Antonella me explicó los motivos por el silencio de Sergio. Todo el tiempo parecía ido y con una mirada de incomodidad. Después de unos días lo superó y continuó hablando como siempre. El altercado no pasó a mayores, pronto todo volvió a la normalidad. En ocasiones deseaba que el silencio de Sergio hubiese durado unos días más.
Por su parte Vincenzo probablemente la persona más amable que conocí en todo Milán. No hablaba mucho pero cuando lo hacía siempre sonreía. Era delgado, su pelo estaba casi a ras de cráneo y vestía siempre de negro.
A pesar que me esforzaba por no ser carga para Antonella y Nicoletta sabía bien que lo era. Decidí entonces, después de casi doce días de estar en Milán sería mejor que fuera a visitar aunque fuera por un par de días a otros amigos en el viejo continente. Le había prometido también a Yesi, mi “exroomate”, que lo visitaría a él y a Walter en Madrid. Un boleto de avión barato de Bergamo a Girona y un pasaje de tren bastante costoso de Girona a Madrid me llevarían a pasar un fin de semana en Madrid.
Sancho y la rambla:
Había viajado por más de 18 horas, pero finalmente llegaba a Madrid. Use un teléfono público para marcarle a Yesi y Walter, me dieron instrucciones de cual línea de metro debía de tomar y en que estación bajarme para llegar a su “piso”.
Yesi cocinaba un par de huevos estrellados en su estufa eléctrica cuando arribé a su departamento, se preparaba para ir a tomar clases de su maestría. Walter se quedaría conmigo y me daría un “tour” por las calles de Madrid.
Primero fuimos a desayunar unas tortas de calamares a unas cuadras de su “piso”, tomamos un par de cervezas. Caminamos después por las calles de Madrid hasta llegar al Palacio Real. Walter me tomó un par de fotos en este lugar y en una estatua de Don Quijote con Sancho Panza, un par de cuadras más lejos. Walter siempre se había caracterizado por su manera tan diferente de ver la vida, fue el quien me platico del “bosque matemático”, de la conectividad del hombre, su entorno y sus pies.
Aproveché mi estancia en Madrid para hablarles a Toño y Yessica. Ellos habían estudiado conmigo un par de veranos antes en Institut National des Télécommunications, localizado en un suburbio a las afueras de Paris llamado Evry, después habíamos viajado juntos a Barcelona. Ellos se habían graduado un semestre antes que yo y ahora se encontraban estudiando su maestría en

Nos encontrábamos ahora todos en un bar en medio de Madrid, el cual no tuve la molestia de memorizar, prefería esculpir en mi memoria ese sentimiento de estar nuevamente alrededor de lo familiar, lo mexicano, eso que había extrañado en mis últimas semanas en Italia, pues a pesar de que disfrutaba cada momento a su vez podía sentir un fantasma de la nostalgia acechando mis respiros. Fue esa tal vez la razón que me llevo a España, tal vez me quería perder en medio del bosque, como lo había hecho antes en Barra de Navidad, cuando Nicoletta me encontró y nos besamos por primera vez; O tal vez me sentía como una carga, como un invitado incomodo el cual había profanado a niveles extremos los rituales de la monotonía que frecuentemente apreciamos de una manera inconsciente.
El resto de la noche fue divertido, a pesar que Toño y Yessica desaparecieron en un momento de la noche. Al final tan solo rondábamos Walter , Yessi y yo por los callejones oscuros de Madrid. Parándonos en bares, tomando cañitas y brindando por personas del otro lado del mundo.
Al día siguiente Walter sugirió ir a conocer Toledo. Yessi tendría que quedarse para hacer unos trabajos escolares. Tomamos un camión y en menos de dos horas nos encontrábamos en medio de aquella antigua ciudad de España. A decir verdad ninguno de los dos nos vimos impresionados con ella. En realidad nos aburrimos y tan solo queríamos terminar de caminar alrededor de ella para regresarnos hacia Madrid. En el camino de vuelta conocimos a dos tipas de las islas canarias, de las cuales obtuvimos su número telefónico, el cual a su vez nunca marcamos.
El resto de mis días en España conocí sus diversos museos y la puerta de Alcalá. Me llamaba la atención tal vez solo por la canción ochentena a decir verdad y en realidad tal como dice esta, ahí estaba, viendo pasar el tiempo.
Conocí también a los amigos de mis amigos que por defecto se volvían los míos. Era diferente a Italia, pero no necesariamente mejor, tal vez al menos para mí no lo era, pues estos eran momentos de ellos, mis amigos, y yo compartía un poco de estos, en cambio en Italia eran mis recuerdos, y todos mis amigos de ahí se esforzaban por construirlos. Parecía todo tan claro, no tan confuso como este párrafo.
Me despedí de Yessi y de Walter sin dificultad, sabría que los vería mas pronto de lo que imaginaba. En el momento de decir adiós se me ocurrió otra razón por la cual tal vez pude haber decidido hacer dicho viaje a este país, probablemente era una preparación hacia el adiós más difícil que tendría que hacer en ese momento de mi vida. El adiós a Italia.
Volvería a Barcelona, estaba emocionado por ello pues tendría la oportunidad de caminar nuevamente por esa ciudad que me había fascinado unos años antes. Vería también a una amiga de la universidad y comeríamos paella en un restaurante en La Rambla. Desafortunadamente la sensación que tuve al regresar fue un tanto decepcionante, ya que a pesar que la ciudad era la misma la esencia que había embellecido tanto mis recuerdos se había desvanecido por completo, todos sus elementos se habían disipado entre los saltos de un segundero. Barcelona era un pueblo fantasma. No podía soportar un solo minuto más en ella. Me sentía tan solo, me sentía abandonado. Tomé el camión hacia el aeropuerto de Girona, el cual me llevaría de vuelta a Italia.
Mientras volaba por encima de los Alpes me sentía como el hijo pródigo de Italia, quien había escapado de ella para encontrar respuestas, para poder encarar con orgullo aquel fantasma de la nostalgia que lo debilitaba e incomodaba.
Volvía a Italia, sediento de su vino y listo para cazar más recuerdos.
(28 copas más…)
-La Renuncia (prefacio tardío hacia esta historia)
-I.-Sala de Espera
-II.-Las Narices de la Noche Fria
-III.-Ubriachi di Amore
-IV.-La Princesa de Piemonte
-V.-Un dia Normal












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