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Tuesday, May 27, 2008

La Vida Es Un Viaje

Rompiendo nuevamente los mandamientos de Quiroga.

La vida es un viaje:

-Yvonne, me tengo que ir, ya no te voy a ver.
Al escuchar ella estas palabras, interrumpió lo que estaba haciendo, dejó su bebida en una de las mesas, sujetó mi mano y me llevó hacia fuera del bar en el que todos celebrábamos su fiesta de despedida. Eran ya casi las dos de la madrugada. Yo tenía que partir y no podría verla en sus últimos días en San Francisco, pues estaría fuera de la ciudad. Nuestros pasos hacia las afueras de ese bar, ubicado en la calle Fillmore, eran invadidos por un silencio en nuestras mentes que nos permitía sentir antes que pensar. Yo sentía el calor de su mano.

Apenas tres días antes los dos habíamos llorado desconsoladamente, mientras tomábamos sangrías en el bar “Cha Cha Cha” cerca de Haight y Ashbury, sabiendo bien que el tiempo de partir estaba a la vuelta de la esquina. Horas antes de llorar ella había bailado arriba de una barra en un Pub en esa misma calle. Le dijimos, Yvonne hazle como en Coyote Ugly, y ella sin dudar mas de un par de segundos se subió a la barra y bailó para el deleite de todos en dicho lugar, quienes la acompañamos con aplausos y risas. Movía las caderas como cuando imitaba a Shakira, mientras presumía inconscientemente su fina sonrisa. Bien pareciera que el carisma fuera su esencia natural, pues más de una vez he visto a gente, incluyéndome, llorar de la risa gracias a sus actos de espontaneidad.

Salir con ella cualquier noche era diversión garantizada. Ya fuese por ponerse a cantar y bailar con los mariachis en un cinco de mayo disfrazada de Adelita, coquetear con el tipo que vende “hot dogs” afuera del bar para no tener que pagar la cuenta de la cena o el descaradamente olerse el sobaco frente a sus galanes,

Se volvió una tradición cada jueves disfrazarnos tipo los ochenta y asistir a el CatClub, en donde dichos días solían poner solo canciones de esa década. Frecuentemente recibía las ovaciones del resto de la gente. Todos le aplaudían mientras bailaba en la tarima, o mientras bailábamos en la jaula. Nunca batallaba para ganarse a la multitud, pues esta se sorprendía fácilmente con una combinación de su encanto, ocurrencias y descaro. Entre ella y yo existió una química que hacía que nos importara muy poco lo ridículo que podíamos parecer para los demás, al contrario, el ridículo parecía ser un estilo de diversión que nos fascinaba practicar y que día con día perfeccionábamos.

Yvonne se caracterizaba también por sus versiones distorsionadas de frases coloquiales:
-Eh mijo no vayas a “tirar la cobija” eh – Refiriéndose a que no me rindiera.
-Yvonne, es “tirar la toalla”. – La corregía.
-¡Claro que no!
- Si, es una frase de box, los entrenadores tiran la toalla al ring cuando ya ven que a su boxeador se lo están chingando.
-Mm, no, estoy segura que es tirar la cobija.
Otro ejemplo de este tipo era el uso de la frase, “todo va viento en pompa”, cuando todo parecía estar bien en su vida.

Un día le dije que ella sería una buena musa, prometiéndole que definitivamente escribiría acerca de ella. No en el sentido romántico, si no mas bien en el sentido de que ella se estaba convirtiendo en alguien importante en mi vida y fue demostrándolo día a día como la excelente amiga que es, estando conmigo en momentos difíciles de mi vida y siempre animándome. Yvonne siempre quería asegurarse que yo no fuera a “tirar la cobija”.

Una de esas noches en las que yo tenía mi corazón destrozado encontré su teléfono en mi agenda y sin dudar le marqué. Le conté mi dramática historia que se desvanecía en ese preciso momento, historia que espero nunca tenga la necesidad de contársela a nadie más. Ella me consoló y me explicó una linda manera de ver la vida: “La vida es un viaje. La vida es como estar dentro de un tren, pero no tienes que estar en el mismo tren toda tu vida. Los caminos del tren tienen estaciones y en cada estación tú puedes decidir a quien invitas a tu vagón o a quien sacas de este; o bien tomar otro tren con otro destino. Hay personas que aunque quieras tener en tu vagón no pertenecen contigo, hay otras que aunque se quieran quedar tienen que tomar otro tren, pero esto no significa que no te quieren o que nunca más van a volver a estar contigo, bien podrías encontrarlas en la próxima estación. Cada estación es una oportunidad de cambiar y en ocasiones tan solo uno tiene que dejarse llevar y apreciar el paisaje detrás de las ventanas en este viaje hasta llegar a la próxima estación”

Sonreía sujetando el teléfono después de escucharla. Mi fracturado corazón se mantenía unido gracias a las vendas que Yvonne delicadamente colocaba con sus lindas palabras.

Nunca olvidaré esa llamada.

Reconocí su mirada al momento de nuestra despedida, mientras nos abrazábamos afuera del bar en la calle Fillmore. Era la misma mirada que yo tuve cuando partí de Austin. Mi Austin era su San Francisco. Ella no sería la misma, se lo había advertido antes mientras llorábamos en el “Cha Cha Cha”, y se daría cuenta desde el momento de abordar al avión que la llevaría de vuelta Monterrey. Recuerdo yo bien ver las nubes en el vuelo de Austin a El Paso; tomaba un whisky en las rocas mientras pensaba en cada uno de los recuerdos de mis últimos seis meses, sentía desvanecerme junto con los hielos dentro del vaso, pensaba el que sería la vida después de Austin, trataba de encontrar respuestas en las nubes, hacía historias con ellas. Yvonne había estado un año entero en San Francisco, a la mitad de esta etapa ella tenía dudas de si quedarse era la mejor decisión, habló conmigo y le sugerí que se diera la oportunidad de quedarse, yo estaba seguro que no se arrepentiría.

Mientras la abrazaba le decía las palabras que a mi me hubiera gustado escuchar en el tiempo similar de mi vida.
-Todo va a estar bien, la gente que conociste este tiempo se quedará contigo por el resto de tu vida, recuerda, la vida es un viaje, esto es solo una estación, tú estás por tomar otro tren, pero nos volveremos a ver en una próxima estación.

Comprendía entonces el porque suelo escribir tanto de las despedidas. Cada una de ella es una estación de este largo viaje que se llama vida. En estas uno tiene la oportunidad de valorar el tramo del viaje que acaba de emprender. En ellas también uno tiene la oportunidad de decidir cual es el próximo destino en su vida.

El pitido del tren sonó, indicando los escasos segundos que teníamos juntos, nos abrazábamos con fuerza, pero sabíamos bien que no era el final de nuestra historia.
-Eres mi mejor amiga, ¿si sabes?
-Tu también.
-Te voy a extrañar.
-Yo también.
Sus lágrimas escapaban de sus grandes ojos formando caminos en su bronceado cutis y pasando alrededor de sus finos labios rojos. La estación comenzó a llenarse del vapor que escapaba de la locomotora. El tren comenzó a avanzar e Yvonne, sonriente, a bordo de este, movía una de sus manos para decirme adiós mientras con la otra limpiaba los caminos de lágrimas secas en sus mejillas.

Ella vestía de un color perla la última vez que la vi en aquella estación imaginaria en la calle Fillmore.

trainspotting

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