6:00 AM - Odio los lunes:
Desperté una hora después de los dos lunes anteriores. Esta ocasión podía darme el lujo de tomar el vuelo hacia Los Angeles de las 8:25 AM en vez del de las 6:55 AM, ya que la junta de las diez había sido postergada una hora por mi cliente.
Todavía adormecido me metí a la regadera, no tanto por cuestiones de limpieza si no mas bien para poder despertar. Al terminar sequé mi pelo, tomé una de las navajas de Eoghan, mi nuevo “roomate”, ya que las que yo había comprado el día anterior no eran las adecuadas para mi rastrillo. Llevaba dos semanas comprando rastrillos desechables, adquiriendo, gracias a estos, numerosas cortadas en mis mejillas y cuello. Eoghan tenía ocho navajas de sobra, y me dijo que no le molestaba regalarme una, después de todo era una emergencia a causa de mi distracción al comprar las navajas incorrectas. Se lo agradecí en su momento. Tomé dicha navaja y finalmente, después de quince días, tuve una rasurada decente. Mi cara se sentía tan suave como la piel de un bebe.
Tomé después la ropa que había apartado el día anterior, un pantalón gris oscuro con textura de cuadros, una camisa beige, cinturón negro, zapatos negros y chamarra negra.
Cuando eres daltónico tienes que pensar en las combinaciones básicas para no hacer el ridículo al vestirte, se muy bien que el negro combina con casi todo y por ello es uno de mis colores favoritos. Al verme al espejo decidí que no me fajaría la camisa hasta llegar a Los Angeles. Nunca me ha gustado fajarme, esto puede ser gracias a un trauma de mis maestros de la primaria y secundaria que me obligaban siempre a ello. Si algo realmente me molesta es que alguien me obligue a hacer cualquier cosa.
Eoghan, me preguntó la noche anterior la hora a la cual partiría, la reservación del taxi era para las 6:45 AM. Eoghan había programado su nueva cafetera para que hiciera el café a las 6:30 AM. También se lo agradecí. El departamento era aromatizado por la esencia del café. Tomé una taza para poder mantenerme despierto. Negro y sin azúcar.
Era tiempo de partir. Hice inspección final de las cosas básicas para mi viaje: Teléfono celular, ¡listo! Computadora portátil, ¡listo! Tarjeta de crédito, ¡listo! Identificación oficial, ¡listo! Todo parecía estar listo, podía darme el lujo de dejar cualquier otra cosa. Era una nueva semana de trabajo en Los Angeles.
Salí de mi edificio y mi taxi aún no llegaba. La mañana era fresca y el sol ya iluminaba los edificios del distrito financiero. Tomé un pedazo de goma de mascar que tenía en mi pantalón. Se me olvidó lavarme los dientes, pensaba. Minutos después arribó mi taxi:
-Good morning
-Good morning, to
-No problem sir.
Aprendí gracias a un incidente en el casi pierdo mi vuelo en Nueva York que siempre uno tiene que especificar a su taxista el nombre del aeropuerto al que se dirige, no basta solamente con referirse que su destino es “el” aeropuerto, ya que uno puede terminar en el aeropuerto John F. Kennedy en vez de LaGuardia, o en este caso en el aeropuerto de Oakland en vez del de San Francisco.
7:05 AM – Negro y sin azúcar:
Justo al llegar al aeropuerto un conductor de una limosina, otro asiático de mayor edad, le rayó la madre a mi taxista, ya que este no lo dejó cambiarse a su carril. Mi taxista al ver esto se detuvo inmediatamente, abrió su ventana, sacó la mitad de su cuerpo y le gritó al otro:
-Go fuck yourself old man!
Al terminar esta escena volvió al taxi y sonriente me dijo:
-Thirty three dollars is your total.
-Make it thirty eight – Le respondí, dándole mi tarjeta de crédito, infiriendo que el resto era su propina.
Bajé del taxi y me dirigí a la estación de registro automático de mi aerolínea ya que no iba a registrar equipaje. Aprendí tiempo atrás que tanto el registrar como el recoger equipaje son las actividades que más tiempo consumen en un aeropuerto. Aprendí también, después de varias incidencias, que la probabilidad de que el equipaje de uno se pierda es directamente proporcional al nivel de necesidad que uno tenga de recibirlo. Es por eso que siempre viajo con una pequeña maleta en donde apenas cabe lo estrictamente necesario para cuatro días de viaje.
Pasé el molesto proceso de revisión y después llegué a la sala 27 del aeropuerto, de donde saldría mi avión. Quería comer algo de fruta, me formé en la fila de Pete’s Coffee & Tea que se encontraba a un lado de esta sala, al llegar al mostrador me dí cuenta que mis únicas opciones eran un sándwich de ensalada de pollo o un chocolate croissant, tomé la opción más dulce junto con un café mediano; pensaba que al menos aquí, a diferencia de Starbucks, podía pedir un café mediano sin tener que lidiar con los empleados que tomaron su entrenamiento muy en serio, y es que todavía no entiendo esos tamaños sin sentido usados por Starbucks, de verdad, ¿por qué al café pequeño le llaman Tall, al mediano lo llaman Grande y al grande lo llaman Veinti? Es una pendejada. Siempre me he opuesto a usar esos nombres estúpidos cuando termino comprando café en un Starbucks; suelo pedir café mediano, negro y sin azúcar, como debe de ser, aunque no falte la ocasión en que uno de sus empleados trate de corregirme. Afortunadamente no han sido muchos los casos en que eso sucede.
Me senté en una de las bancas para revisar mi correo electrónico. No había nada interesante. Después me puse a jugar Megaman 7 en un emulador de super Nintendo en mi computadora hasta que fuera tiempo de abordar.
8:20 AM - Estrategías de Abordaje
La aerolínea por la que suelo viajar no asigna asientos en el avión, tan solo asigna una numeración conforme los viajeros se van registrando al vuelo, separándolos en tres letras: A, B y C. Cada letra a su vez tiene una numeración del uno al sesenta. A decir verdad no se si pienso que esto es bueno o malo. Pienso que es algo bueno en vuelos que no van completamente llenos y eres una persona que usa Internet para registrarse. Pienso que es algo fatal si el vuelo esta sobrevendido y eres una persona que llega de último minuto al aeropuerto. Desafortunadamente si me tuvieran que clasificar como viajero quedaría en el punto exacto de estos dos grupos. A pesar que normalmente arribo al aeropuerto con al menos una hora y media de anticipación, nunca me registro por Internet, por lo que cual siempre termino en el limbo de los pasajeros, en la incógnita de saber si podré tener un asiento decente al subirme al avión; sin embargo a diferencia de los demás pasajeros tengo una estrategia muy sencilla pero sumamente efectiva de abordaje.
Primeramente tienes que decidir si prefieres un asiento de pasillo o de ventana. En los vuelos de las mañanas prefiero las ventanas, no por la vista sino por el poder recargarme y poder continuar dormido. Los pasillos son más cómodos pues tiene uno más espacio al invadir con los pies el pasillo. Los asientos de en medio son los que evitan todos los pasajeros, sin embargo son inevitables en vuelos llenos (obvio).
El escenario ideal es el encontrar un asiento en el que no tengas a otra persona a tu lado, es decir tres asientos para una persona, un asiento de ventana con un asiento de en medio y uno de pasillo vacíos. Es muy difícil conseguir esto en la mayoría de los vuelos. El siguiente escenario un tanto más realista es de encontrar un asiento con nadie en el asiento de en medio y con alguien en el pasillo.
La estrategia es la siguiente. Si eres letra “A” no hay necesidad de tener una estrategia, a menos que tu vuelo venga de otra ciudad y tu escala no sea nada popular, en cualquier otro caso es casi seguro que encontraras un buen asiento en el avión, ya sea pasillo o ventana.
Si eres letra “C” básicamente estas jodido, es casi seguro que tu asiento no será ni pasillo ni ventana, mi recomendación es la de tomar el primer asiento disponible.
Donde las cosas son interesantes y cuando en realidad juega un papel importante mi estrategia es si eres letra B. Al entrar al avión uno tiene que olvidarse de la primera mitad del avión, uno tiene que pensar en los asientos mas allá de las alas de este, es decir la segunda mitad. Al llegar a esta segunda mitad uno tiene que buscar las líneas de asientos en donde esté solamente una persona. Una vez identificadas dichas líneas uno debe de hacer un criterio de pensar cual es la persona menos deseable de todas esas personas. Uno debe de evitar a como de lugar a mujeres, pues estas son las primeras filas que se llenan. El candidato ideal es un señor obeso de cuarenta años con sudadera y cachucha de un equipo de béisbol.
Mi letra esa mañana era B-36. Es decir 95 personas abordarían antes que yo. Al ingresar al avión me dirigí inmediatamente a la segunda sección del avión y como un regalo del cielo lo encontré. Era un señor de aproximadamente unos 45 años de edad, con barba cerrada repleta de canas, su barriga no era enorme pero lo suficientemente grande para intimidar a cualquiera que pretendiera tomar el asiento de en medio, y lo mejor de todo es que estaba sentado en el pasillo. Sin dudar un segundo tomé el asiento de la ventana y para darle un toque extra pondría mi saco en el asiento de en medio como si estuviera apartándole el asiento a otra persona. Estaba seguro que nadie tomaría ese asiento. Tomé dos de esas almohadas desechables y una cobija. Dormiría por los próximos 95 minutos que duraría mi vuelo.
El aterrizaje forzado anunciaría que habíamos arribado finalmente a Los Angeles International, mejor conocido como LAX.
9:45 AM - No cash no glory
Al salir del aeropuerto tomé un taxi, una junta telefónica con mi equipo empezaría en 15 minutos. Tomé la llamada y la mayor parte del camino estuve hablando por teléfono en esta. El calor era considerable, mi axila comenzaba a perspirar sudor y mi olor natural no era el más deseable. Recordaba en ese momento que había olvidado ponerme desodorante.
Llegué a las oficinas de mi cliente y mi tarjeta de crédito no era aceptada por el sistema de cobro del taxista. Duré aproximadamente diez minutos intentando que así fuera, el taxista apenado me preguntó si no traía conmigo algo de efectivo para pagar. Después de inspeccionar mi cartera vi que tenía 32 dólares, el monto total del viaje era 35. Le dije que era lo único que traía, el los tomó. Esta ocasión no daría propina.
11:00 AM - Juntas
La junta con mi cliente fue larga pero no intensa, como algunas juntas pueden llegar a serlo. Todo parecía ir bien con el sistema. Los defectos de su nueva página de Internet eran pocos y manejables. Esto significaba que había hecho bien mi trabajo. Sin embargo todavía me sentía un poco cansado del viaje, me costaba trabajo mantenerme despierto, por debajo de la mesa pellizcaba mis piernas para despertar con el dolor. Estoy seguro que uno de ellos me vio hacer esto.
12:35 PM - Nutriología 101
1:05 PM - Manzanas podridas
Al terminar de perder tiempo sin hacer nada pude finalmente comenzar a trabajar.
2:28 PM -Conversaciones con Balu
-Guardame invites pa el juevas
-Ok tengo dos extra
-Simon. Acuanta gente le diste guey?
-Cinco jejeje yo pense ke chuy te iba a dar a ti mas pases
-Te los dejo a ti fucker.. Con dos tengo ya si sobra me dices
-Jajajaajaja nunca me dijo eso pero a wevo esos son tuyos
-Cool. Me habla y me dice se los deje a la shiva. Hablales el los tiene.. jaja pinche chuyo
-Jajajajajaja che chuy awante ca
-Oye un paro en mandar el foyer de divino.
-Arre lulu
-Ya te lo puse en tu myspace
-Ta wenoo
5:00 PM - Una junta mas
Al salir de la junta le marqué a Carlos, mi hermano. Hablamos por teléfono aproximadamente quince minutos, me senté en una de las bancas del patio, el clima era perfecto. Hablamos de futbol y del festival lollapalooza. Después de colgar le marqué a Dany Vi, pero no me contestó, le dejé un mensaje.
6:30 PM - Yo ardilla.
Al ver esto le pedí de favor a Rahul, uno de mis compañeros de equipo, que por favor escondiera el bote con nueces de la India. Este hizo un excelente trabajo al esconderlas pues en una conversación de pasillo pude escuchar a una tipa que trabaja en esa empresa preguntar por las nueces; aparentemente ella padecía de mi misma adicción, me sentía bien por ella ya que la ayudaba sin que se diera cuenta.
9:45 PM - Dependencias
Iban a dar casi las diez y yo me encontraba aún en la oficina. Se lo que han de pensar, tal vez si me organizara mejor y dejara de pendejear por tanto tiempo podría salir antes de trabajar. Sin embargo esto no es completamente cierto en el tipo de proyectos en los que suelo trabajar. En ocasiones es mandatario el quedarse hasta altas horas de la noche, no solo por el escaso tiempo que uno tiene para terminar el proyecto, consecuencia de malas estimaciones, sino también por la logística que se utiliza para el desarrollo de estos sistemas. No pretendo aburrirlos con esta verbosidad excesiva, el punto tan solo que quiero aclarar es que no ese lunes no me quedaba trabajando por gusto ni por perder mi tiempo en actividades ajenas, sino porque realmente tenía que esperar por dependencias a los horarios de otras personas.
Rahul pidió por teléfono un taxi que compartiríamos. El tiempo de espera estimado era de aproximadamente quince minutos. Me conecté al “Messenger” (mensajes instantáneos) salude a las personas con las que normalmente “chateo”. Sabía que el cumpleaños de Poli se aproximaba, le deseaba feliz cumpleaños, por alguna razón en esta conversación se dio a entender que el día siguiente era su cumpleaños. Me preguntó que si tan solo la iba a felicitar por ese medio, dado que normalmente solemos hacerlo al menos por teléfono. Las cosas con ella eran un tanto tensas ahora, habíamos tenido un considerable distanciamiento las últimas semanas. Mi taxi llegó y ni siquiera terminé esa conversación.
10:07 PM - Welcome Back Mr. Chivardi
Este hotel siempre regala una galleta de chocolate. Una ocasión la tipa de la recepción me dijo que cada una de esas galletas contenía 1000 calorías. Después de una larga investigación supe que esto era mentira, en realidad no eran 1000 calorías sino solo 375.
Mi cuarto estaba en el piso más alto con una vista hacia la playa de Santa Mónica. Dejé mi maleta y decidí ir a hacer un poco de ejercicio, todavía sintiéndome un poco culpable por las nueces y por las 375 calorías que me había comido en el elevador.
Corrí un poco en la banda, después levante un par de pesas, hice abdominales, mientras en la tele veía un programa de depredadores sexuales emboscados por un reportero. Entretenimiento puro.
Faltaban quince minutos para las once. Tenía que volver a mi cuarto antes de las once para poder pedir servicio a cuarto. De otra forma me quedaría sin cenar. Se muy bien que cenar a altas horas de la noche no es lo más recomendado pero sabía muy bien que si no lo hacía pasaría una noche de insomnio a causa del hambre. Salí del gimnasio y me dirigí de nuevo hacia mi cuarto.
10:52 PM - Kid’s Meal
Después de rápidamente inspeccionar el menú llegué a la sección para niños. Esa noche me apetecía un hot dog.
-Hello, yeah, I wanted to order the Kid’s Meal hot dog please?
-Alright sir, what else can I get for you?
-Is it really small?
-It depends
-Depends on what?
-Depends on how hungry you are
-I’m not that hungry actually, I just don’t want to have insomnia tonight.
-Well then I guess it should be ok
-Does it come with french fries?
-Indeed sir
-Nice
-Is that all? Anything to drink?
-Yeah, a diet coke please
-Diet Coke? Are you sure, I thought you wanted to get some sleep
-Oh yeah, caffeine, well do you have diet sprite?
-No diet sprite sir, just sprite
-Ok just bring me a sprite
-Excellent, is that it?
-Yes, that’s it
-Ok sir your order should be in 15 minutes
-Thanks
11:02 PM - Feliz no cumpleaños
-Gracias chiva por hablarme, pero mi cumpleaños es hasta el miércoles. – Me quedé callado por un momento.
-Bueno al menos ahora soy el primero en felicitarte. – Le contesté sintiéndome completamente estúpido.
En medio de la llamada llegó mi comida al cuarto. Firmé la cuenta y el individuo puso la charola en la mesa de la sala. Continuamos hablando por teléfono un par de minutos más. La llamada tuvo ciertos silencios incómodos. Las cosas habían cambiado tanto en las últimas semanas. Me despedí de ella y me dispuse a comer mi cena.
11:23 PM - El Opus Dei y yo
La cantidad de comida había sido la cantidad justa para no padecer insomnio. Al terminar de comer fui a lavarme los dientes, me puse mi pijama, me recosté apenas en la cama y mis parpados comenzaron automáticamente a caer. No hubo tiempo ni siquiera para apagar las luces
En mi sueño yo continuaba en la misma cama, en el mismo hotel, con la misma vista al mar, la única diferencia es que todo estaba oscuro y no me podía mover. Tan solo podía voltear hacia la puerta del cuarto y las puertas del closet. De estas comenzaban a salir ojos que brillaban en la oscuridad, cantaban una especie de cantos gregorianos. Venían por mí, sentía sus manos agarrarme los brazos, las piernas. Era el Opus Dei con intensiones de llevarme a sus salas de tortura, queriendo darme una lección por ser izquierdista. Mi cama comenzaba a aumentar de tamaño y textura. Las paredes del cuarto las desvanecían los cantos del Opus Dei cual ceniza de cigarro. Mi cama ya no era una cama era una montaña de arena que crecía de tamaño. Los monjes del Opus Dei con sus mascaras de bronce y capa roja se acercaban hacia mí. Trataba de alejarlos insultándolos, agarraba puños de arena y se los tiraba a sus ojos, tratando de defenderme. Mis esfuerzos eran en vano, estaba completamente rodeado, caminaban coordinadamente hacia mí, no había escape, era cuestión de segundos para que fuera su víctima. Sentí como uno de ellos clavaba un puñal en mi espalda atravesando mi pulmón izquierdo. Grité, abrí los ojos y estaba de vuelta en la cama del hotel, la luz del sol iluminaba mi cuarto, eran las siete de la mañana, en la televisión estaba un reportaje de John McCain por CNN, la lámpara continuaba prendida, volteé hacia mi espalda y una de las almohadas se encontraba justo en el lugar que el monje del Opus Dei había clavado su puñal la noche anterior. Sentía que era una señal que me habían dejado. Mi frente estaba llena de sudor. Había corrido con suerte, una vez mas había escapado del Opus Dei, pero sabía bien que cualquier noche podrían volver. Necesitaba preparar una mejor estrategia para cuando nos viéramos la cara en mi próxima pesadilla.
Pensé en ir a correr a la playa como suelo hacerlo, pero el día era gris incluso para mí. Mientras tanto me esperaba otra larga jornada laboral.






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