Confesiones de medianoche a las orillas de Tulum:
-¿Sabes que es lo que más me gusta de tu país?
-Mm... no en realidad.
-A diferencia de mi país, lo que más mes gusta del tuyo es que de vez en cuando uno puede ver sonreír la luna.
Ella solía siempre sonreír después de agarrar mi mano:
-Tus manos están siempre calientitas, ¿Cómo le haces?
-Las tuyas siempre están frías, ¿Cómo le haces tú?
-Yo soy fría por naturaleza.
-Ah, pues yo soy caliente entonces por naturaleza.
Reía. Después llevaría mis manos hacia sus mejillas, estas eran frías como el viento urbano que solía rodearnos cuando caminábamos antes del atardecer. Abriría entonces mis manos como una carta con sonetos de amor, como aquellos que solía escribirle, tratando de cubrir completamente sus mejillas con estas, cerraba los ojos mientras mis manos y su rostro hacían contacto, como pretendiendo impregnar estos recuerdos en su mente por el resto de su vida. Me gustaba que ella hiciera esto, pues sentía como si fuera especial y ella supiera que yo era especial también. Quería darle un beso, pero me daba pena que alguien nos viera, mientras caminábamos en el atardecer por esas calles frías, llenas de nieve, llenas de vientos fríos.
Solía odiar el invierno hasta el día que descubrí que a ella le gustaba calentar sus mejillas con mis manos mientras caminábamos antes del atardecer.
Y uno vuelve, sin darse cuenta, uno vuelve, cometiendo los mismos errores, sosteniendo en su cabeza las mismas falsas esperanzas, pero uno vuelve, pues solo hay una cosa más terca que el amor… y esta es la fe ciega que uno tiene muchas veces al amor.
Habíamos tratado de ignorarnos mutuamente por toda la noche.
Ella estaba acompañada del tipo que nunca cambia su cinturón, mientras yo estaba acompañado por mis amigas. Este le continuaba pagando tragos y yo pretendía ignorar estas acciones. Parecía todo ser una competencia de celos y cada uno de nosotros no desistiría hasta el último momento, sin embargo no podíamos dejar de voltear a vernos a cada momento. Esporádicamente nos tomaban fotos abrazados, mientras seguíamos con el juego de pretender ser solo amigos. Sin embargo la noche nos llevó a un espacio donde solo nosotros dos existíamos, aquel espacio y tiempo donde ella descaradamente robó el beso que había guardado en mi bolsillo por toda la noche. Este sería interrumpido segundos después por su hermana quién rotundamente juzgaría nuestra percepción a la realidad, aquella noche, aseverando que esta había sido ofuscada por las múltiples copas de vino que ambos habíamos ingerido. Mi princesa sería separada de mí como una cenicienta a media noche, su hermana se encargaría de esto, sin embargo ella no dejaría una zapatilla de cristal en el camino y su carruaje no era en forma de calabaza, este era más bien un taxi color amarillo como un plátano.
Yo tampoco era un príncipe azul, era tan solo un tipo con suerte, al cual le habían robado un beso que había guardado por toda la noche en su bolsillo, el cual a su vez sonreía junto a la luna, en medio de las calles frías, mientras caminaba de vuelta hacia su departamento.












5 comentarios:
Bien, Chivardi ha vuelto a escribir en forma…
Fácilmente de lo mejor que te he visto escribir en mucho tiempo; particularmente me gusta mucho el texto que dice que siempre "volvemos" ese es sublime…
Gracias Xavier, trataremos de mantener el momentum :)
Si shiva, cada dia estas mejor... te felicito y sigue haciendolo porfavor...luego hacemos los ejercicios que me dijiste... Me
Excelentes !! estos cuentos,Dany, cada dia lo haces mejor, felicidadez.
Papo
Mi estimado Daniel,
Una vez mas...
Felicidades por tus escritos...
Los ultimos "Cuentos frios" son literatura contemporanea condensada y destilada...
Estando desvelado por mi pequeño de 1 año a las 3:45 am....son buena literatura de madrugada...
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