Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que hábito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.
Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.
Retrato - Antonio Machado
Descubrí estas líneas en mis primeros días de lectura. Estaban escondidas en las páginas de un libro de Anthony de Mello, a quien por mucho tiempo se las adjudique. Sin embargo este autor citaba a otro Antonio, Antonio Machado, quien en su poema "Retrato" finaliza con estos dos últimos párrafos. Estas palabras se convirtieron en una especie de doctrina en mi vida desde muy temprana edad, el tratar de deslindarme lo mayor posible del mundo material. Uno es sus acciones, uno es sus interacciones, uno es sus recuerdos y los recuerdos de sus cercanos.
Me encuentro ahora en la sala de espera, sin saber con certeza que será de mí el día de mañana. Sé de antemano que no es el último viaje, sino una estación más. No sé que nave o que tren he de tomar. No sé quien estará a bordo acompañándome en este proximo viaje. No sé hacia donde sé dirige, ni siquiera sé a que hora llegará. Lo único que sé es que sigo esperándo en esta estacion, así como en aquel último párrafo de Machado, ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar.






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