Quedé de verme con Rutso, cuando saliera de trabajar, en la última parada del camión 47, cerca de Pier 39, al norte de San Francisco. Era apenas la tercera vez que nos veíamos. El fin de semana anterior nos habíamos conocido. Ella acababa de mudarse a la ciudad y realizo la práctica común de buscar conocidos de conocidos. Ella y yo tenemos un par.
Esa tarde yo la acompañaría a buscar trabajo. Quería buscar algo temporal y rápido; mesera o anfitriona de un restaurante eran las opciones en su mente, ya que después quería buscar con mayor tranquilidad un trabajo mas enfocado a “Diseño”, que es lo que ella estudia.
Caminamos por Fisherman’s y Embarcadero hasta llegar al Distrito Financiero. En el camino comeríamos un hotdog cada uno. En este transcurso le decía a ella cuales eran mis restaurantes favoritos.
Llegamos a Osha, uno de mis restaurantes favoritos de comida Tailandesa. Entramos a este y ella tímidamente preguntó si había vacantes a la tipa de la entrada de este restaurante. Esta fue y preguntó al gerente y esta regresó en poco tiempo para pedirle su “resume”. Rutso dijo que no lo traía consigo pero que después lo traería.
-Chiva, aquí trabajan puros chinos, esa tipa me vio feo. – Me dijo despues de que salieramos de aquel lugar, yo contesté con una risa, y después le pregunté que si tenía un “resume”. Acertó con su cabeza y después me advirtió:
-Pero tengo que cambiarlo.
Abrió su mochila y saco unas hojas arrugadas y otras dobladas. Al verlas más de cerca ví una hoja de papel con una foto de Rutso en la cual solo estaba impresa su cabeza.
-Esta me la voy a quedar. - Le adverti .
Inspeccioné su “resume”. Me daba mucha ternura la inocencia con la que lo había hecho, era como una mente virgen de las violaciones diarias del mundo corporativo. El documento estaba repleto de errores tanto gramaticales como estructurales. Después de ser un tanto severo con mis criticas hacia su “resume” (tratando de ser lo más diplomático posible), le sugerí que cambiara su foto. Ya que en esta salía casi con sus ojos cerrados y no se parecía a ella.
Al llegar a mi departamento, después de que ambos habíamos tomado un par de cervezas en un pub en el camino de regreso, tomé la hoja donde la cara de Rutso estaba impresa y le dibuje con un marcador su cuerpo, después la pegué al refrigerador.
Un par de semanas después Rutso me habló por teléfono, diciéndome que ya había hecho otra vez su resume. Yo me había ofrecido a criticárselo de nuevo, dándole después mis sugerencias. Al abrir el archivo esto fue lo primero que vi.
No pude contenerme la risa de nuevo. Le marqué inmediatamente:
-Rutso! La foto!
Me respondió riéndose:
-Chiva, esa es en la que salgo mejor
Su resume estaba mas presentable ahora, todavía con ciertos errores que le corregí, sin embargo la foto era lo que me parecía increíble. Me recordaba a mí, hace muchos años atrás, cuando no me importaba que era lo que quien fuera pensara de mí, donde lo elemental era mi propia expresión, esa actitud de “lo que ves es lo que soy, tómalo o déjalo y si lo dejas no me podría importar menos”.
Si tratara de volver el tiempo atrás, tratando de emular aquella actitud en mi persona, sin haber sido moldeado por el mundo corporativo, tal vez mi “resume” se vería así:
Gracias Rutso, en verdad me hiciste recordar buenos tiempos de mi vida.








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