Wednesday, September 24, 2008

Cuentos Templados

Cada musa su historia, cada musa su secuela…

Siempre Tendrémos a Venus:

Después de varios minutos de estar tirados en la arena, bajo aquel cielo estrellado y en medio de los alaridos de las olas quebrarse a nuestro lado, acarició mi mano. Hubo un silencio parcial que duro por doce respiros, en donde yo con mi pulgar también recorría los rincones de su palma. Quedaban pocas horas para que nuestros momentos se desvanecieran como se desvanecía la espuma en las orillas de aquella playa.

Irónicamente la noche parecía que se riera de nosotros, posaba sonriente con aquella mazorca brillando en el cielo, la misma que tanto le encantaba a ella observar. Ella, al ver que esto me molestaba tan solo me pedía que no me preocupara, después de esto me diría las cuatro palabras con las que titulé esta historia.


Forbes Avenue:

You are my sunshine. Frecuentemente me burlaba de tu manera de caminar, casi como si fueras un robot. My only sunshine. A veces trataba de hacerte de cenar para hacerte sonreír, pero lo único que sabía preparar eran quesadillas… a ti eso no te importaba. You make me happy. Te enseñaba frases en español, en su mayoría groserías, tu favorita: “No mames, pinche frio”. When skies are gray. Nos gustaba besarnos mientras lavábamos ropa, pues él tiempo de esta forma pasaba más rápido, también nos besábamos cuando estabas triste, con mis labios muchas veces sequé tus lágrimas. You’ll never know dear. En general fueron felices nuestros días juntos, a pesar que te confesé mi amor en un starbucks a lado de un vagabundo. How much I love you. Nos despedimos en una estación de metro en Manhattan. Please don’t take my… fue muy romántica, tal vez fuimos amantes también en otra vida... sunshine away.

El Camino del Mar:

Pero uno continua, sabiendo uno que no debería, pero por su curiosidad uno continua. Pensando que talvez esta ocasión las cosas serán diferentes, pero muy en el fondo sabiendo que existen cosas que nunca cambiarán.

La Crisis del Caballero:

Semanas después pareciera que la misma historia de la princesa ladrona se repitiera, pues la misma princesa y el caballero al cual le robó un beso estaban en el mismo lugar donde todo aconteció, inclusive el tipo que nunca se cambia el cinturón continuaba invitándole tragos a la princesa. Sin embargo esta ocasión el caballero no tenía un beso guardado en su bolsillo, ni ella tenía intensiones de robárselo. El caballero estaba desorientado aquella noche. No podía pensar ni en dragones ni en ogros. No podía pensar ni siquiera en besos de princesas ni en sirenas con hermosos cantos. Era un caballero con espada oxidada, caballo muerto, armadura rota y con una enorme crisis existencial. Este en vez de buscar un final feliz a esta historia prefirió salir a la calle a caminar en medio de la noche, en medio de charcos, evadiendo enfrentamientos y olvidándose de aquella princesa. Quería ver en los reflejos de las calles el brillo de Venus, buscaba en el cielo cualquier estrella que lo iluminara hacia el camino que lo llevara a las orillas del mar.

Friday, September 19, 2008

Ligero de Equipaje

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que hábito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.
Retrato - Antonio Machado

Descubrí estas líneas en mis primeros días de lectura. Estaban escondidas en las páginas de un libro de Anthony de Mello, a quien por mucho tiempo se las adjudique. Sin embargo este autor citaba a otro Antonio, Antonio Machado, quien en su poema "Retrato" finaliza con estos dos últimos párrafos. Estas palabras se convirtieron en una especie de doctrina en mi vida desde muy temprana edad, el tratar de deslindarme lo mayor posible del mundo material. Uno es sus acciones, uno es sus interacciones, uno es sus recuerdos y los recuerdos de sus cercanos.

Me encuentro ahora en la sala de espera, sin saber con certeza que será de mí el día de mañana. Sé de antemano que no es el último viaje, sino una estación más. No sé que nave o que tren he de tomar. No sé quien estará a bordo acompañándome en este proximo viaje. No sé hacia donde sé dirige, ni siquiera sé a que hora llegará. Lo único que sé es que sigo esperándo en esta estacion, así como en aquel último párrafo de Machado, ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar.

Tuesday, September 09, 2008

Cuentos Fríos

A petición popular y sin mayor preámbulo les presento una nueva colección de cuentos cortos.

Confesiones de medianoche a las orillas de Tulum:

-¿Sabes que es lo que más me gusta de tu país?
-Mm... no en realidad.
-A diferencia de mi país, lo que más mes gusta del tuyo es que de vez en cuando uno puede ver sonreír la luna.

Walnut Street:

Ella solía siempre sonreír después de agarrar mi mano:
-Tus manos están siempre calientitas, ¿Cómo le haces?
-Las tuyas siempre están frías, ¿Cómo le haces tú?
-Yo soy fría por naturaleza.
-Ah, pues yo soy caliente entonces por naturaleza.
Reía. Después llevaría mis manos hacia sus mejillas, estas eran frías como el viento urbano que solía rodearnos cuando caminábamos antes del atardecer. Abriría entonces mis manos como una carta con sonetos de amor, como aquellos que solía escribirle, tratando de cubrir completamente sus mejillas con estas, cerraba los ojos mientras mis manos y su rostro hacían contacto, como pretendiendo impregnar estos recuerdos en su mente por el resto de su vida. Me gustaba que ella hiciera esto, pues sentía como si fuera especial y ella supiera que yo era especial también. Quería darle un beso, pero me daba pena que alguien nos viera, mientras caminábamos en el atardecer por esas calles frías, llenas de nieve, llenas de vientos fríos.

Solía odiar el invierno hasta el día que descubrí que a ella le gustaba calentar sus mejillas con mis manos mientras caminábamos antes del atardecer.

Point Lobos:

Y uno vuelve, sin darse cuenta, uno vuelve, cometiendo los mismos errores, sosteniendo en su cabeza las mismas falsas esperanzas, pero uno vuelve, pues solo hay una cosa más terca que el amor… y esta es la fe ciega que uno tiene muchas veces al amor.

La Princesa Ladrona:

Habíamos tratado de ignorarnos mutuamente por toda la noche.

Ella estaba acompañada del tipo que nunca cambia su cinturón, mientras yo estaba acompañado por mis amigas. Este le continuaba pagando tragos y yo pretendía ignorar estas acciones. Parecía todo ser una competencia de celos y cada uno de nosotros no desistiría hasta el último momento, sin embargo no podíamos dejar de voltear a vernos a cada momento. Esporádicamente nos tomaban fotos abrazados, mientras seguíamos con el juego de pretender ser solo amigos. Sin embargo la noche nos llevó a un espacio donde solo nosotros dos existíamos, aquel espacio y tiempo donde ella descaradamente robó el beso que había guardado en mi bolsillo por toda la noche. Este sería interrumpido segundos después por su hermana quién rotundamente juzgaría nuestra percepción a la realidad, aquella noche, aseverando que esta había sido ofuscada por las múltiples copas de vino que ambos habíamos ingerido. Mi princesa sería separada de mí como una cenicienta a media noche, su hermana se encargaría de esto, sin embargo ella no dejaría una zapatilla de cristal en el camino y su carruaje no era en forma de calabaza, este era más bien un taxi color amarillo como un plátano.

Yo tampoco era un príncipe azul, era tan solo un tipo con suerte, al cual le habían robado un beso que había guardado por toda la noche en su bolsillo, el cual a su vez sonreía junto a la luna, en medio de las calles frías, mientras caminaba de vuelta hacia su departamento.