Sus ojos no se habían cerrado más que por instantes en el vasto océano de la noche. La luz del día naciente apenas comenzaba a aventurarse con parsimonia por las dunas de los edredones que cubrían los dos cuerpos desnudos. Él, todavía un poco incrédulo seguía sosteniendo entre sus brazos los contornos de su doncella, esperanzado en que sus vivencias de horas anteriores no fueran el producto de las copas de la noche reflejándose en un sueño más; en aquel cuarto, mientras la sostenía, podía jurar, entre sus piernas invadidas por el escalofrío de la incertidumbre, que si aquel fuera el caso preferiría continuar sin cerrar los ojos, pues no fuera a ser que este al dormir se despertará de su sueño querido.
Tuesday, January 13, 2009
Amanecer:
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