Tuesday, February 03, 2009

Marionetas:

Me di la libertad de tomar la estructura de una historia que antes habia creado. Marionetas, la cual puede ser encontrada aqui. Trate de conservar lo mayor posible su estructura, pero queriendo enriquecer de otros tres agnos que he tenido en los cuales ha cambiado mi perspectiva de muchas cosas.

Digamos que es un rediseno literario.

Es por eso que tal vez retomo este proyecto olvidado, pretendiendo revivirlo en una nueva historia que tal vez tiene mas sentido en este momento de mi vida. Espero les guste. No les prometo que es un proyecto que vaya a terminar, porque no me gusta quedar mal, sin embargo puedo decirles que tengo mucho material para enriquecerlo. Comenten por favor y diganme si es de su interes que continue dicha historia, pues material para continuar sobra.

Capitulo I.- Las reglas de la sonámbula

Dolores siempre dormía con un cuchillo debajo de su almohada, por las noches esperaba a que Lucas empezara a roncar para caminar hacia la cocina y tomar el más grande y afilado que pudiera encontrar en los cajones de la cocina Lucas. Es justo aclarar, a favor de Dolores, que aquella práctica de esconder el artefacto punzo cortante debajo de la almohada tenía poco que ver con un temor hacia su pareja. Ella ignoraba que Lucas se había percatado un par desde meses antes de aquella misteriosa práctica.

A su vez, Lucas ignoraba que Dolores había descubierto su práctica de tomar dos Advil Liqui-gels acompañados de un par de tragos de la botella de vodka, el cual escondía debajo de su lavabo, antes de dormir, él pensaba que su enjuague bucal y sus cepilladas de dientes antes de ir a la cama eran suficientes para esconder esta práctica. Ella había encontrado la botella escondida un día en que se puso a inspeccionar las cosas de Lucas. Ella sospechaba ligeramente que aquellos tragos eran consecuencia de que alguna noche Lucas la había visto regresar a la cama sosteniendo el cuchillo, pero no podía estar más equivocada pues las prácticas de pastillas y alcohol de Lucas nada tenían que ver con las prácticas también poco habituales de Dolores. Sin embargo, el hecho de que aquella arma estuviera al alcance de Dolores por las noches si causaba cierto temor en él.

Desde la primera noche que pasaron juntos ella le había estipulado claramente sus reglas para dormir,"Es que una cosa es echarnos un palo y la otra dormir en la misma cama", decía Dolores con su voz grave como un violoncello, mientras su puño cerrado pegaba en el hombro de Lucas, esto último para no sentirse tan vulnerable al sincerarse con Lucas. En la cabeza de Dolores, el dormir con alguien era uno de los pasos más importantes en una relación, si bien se adjudicaba secretamente a más de cuarenta hombres que la habían llevado a la cama, los dedos de una mano eran suficientes para contar a quienes habían tenido el “honor” de dormir con ella. Lucas en cambio había llevado a su cama a más de cincuenta diferentes mujeres, sin embargo sobraban dedos de sus manos cuando se disponía a enumerar a con cuantas de estas había tenido la oportunidad de tener relaciones sexuales, en la mayoría de las ocasiones este no había sobrepasado de la frontera de un par de besos pasionales para después dormir abrazados. Esto parecía molestar a todos menos a Lucas, sobre todo cuando sus amigos le preguntaban: “¿Te la chingaste anoche?" A veces respondía con la verdad, a veces respondía con verdades a medisa con el afán de tranquilizar la marea que conllevaba el fracaso de no haber tenido sexo con todas las mujeres que llevaba a su cama. Aquel acto se convertía a veces tan solo como un trámite para poder llegar al momento de tranquilamente estar abrazando a su compañera de sabana.

Las reglas de Dolores consistían en que antes de dormir las persianas siempre tenían que estar cerradas. Tanto los cajones, las puertas del closet y la puerta del cuarto también debían de estar cerradas y permanecer de esa manera el resto de la noche. Ella tenía que dormir del lado más lejano a la puerta, y si bien ambos lados estaban a la misma distancia, ella prefería el lado derecho. No podía dormir en una cama que no estuviera tendida. No podían haber una luz prendida en todo el cuarto, por más insignificante que este pareciera, esto incluía relojes digitales y cargadores que tuvieran el mínimo destello de luz. Más importante que cualquier otra regla, ella debía ser abrazada todo el tiempo. A Lucas esta última regla era la que menos le molestaba, aunque Dolores siempre le daba la espalda a Lucas. Él prefería dormir viéndole la cara, si fuera posible estar abrazados desnudos mientras los labios fueran separados tan solo por pellejos. Pero Dolores cada noche le daba la espalda a Lucas, y aunque este trataba de forzarla a que volteara para poder besarla ella oponía gran resistencia.

Lucas dejo de insistir en voltearla desde la noche que se percató que Dolores dormía con un cuchillo debajo de su almohada.

A pesar que el cuchillo robo el sueño de numerosas noches, no era lo que más le atemorizaba a Lucas de Dolores. En ocasiones le atemorizaba más el hecho de que se acostumbrara a todos sus defectos. A veces se cuestionaba si en realidad esto que sentía por ella era amor, era tan diferente como la primera vez que lo sintió, muchos años atrás. Uno se acostumbra por viejo, pensaba, uno se enamora solo una vez, uno se enamora del amor porque uno es idiota y no sabe lo que el amor es. El amor evoluciona de ser un lenguaje a ser una estrategia, una batalla en la que uno no puede bajar la guardia. Así parecía la relación con Dolores, como una interminable batalla para determinar quien hacia sentir mas mierda a la otra persona, o por decirlo de una manera más educada, quien necesitaba más a la otra persona.

Lucas recordaba a Bárbara, su primer amor, mientras fingía ronquidos y abrazaba a Dolores.

“Bárbara me hacía sentir que volaba, le gustaba besarme con los ojos cerrados, mientras con su violín desafinado me cantaba canciones, cada beso con ella era una historia. Con ella podía dormir labio a labio, viéndola a los ojos, ver como se agrandan y jugar al cíclope como Cortazar diría, pasar la tarde entera viendo nubes desvanecerse y los fragmentos del pasto volar frente a nosotros como una melodía. Pero estoy bien pendejo, siempre me pasa eso, de recordar solo lo bueno, lo bonito, en vez de las lágrimas y los dramas que soltaba cada vez que nos poníamos de lujuriosos. Estábamos bien pendejos, bien chavitos, ¿Qué habrá sido de Bárbara? Estará igual de pinche loca que esta vieja que duerme con un cuchillo debajo de la almohada, no creo, igual y duerme con la biblia o con una estampita de Jesús…”

Lucas acariciaba el vientre de Dolores, haciendo círculos paralelos al contorno del ombligo de esta, respirando en sus cabellos chinos que se interponían entre su cara y la nuca de esta. Justo cuando sus brazos se entrecruzaron en frente de su abdomen, yaciendo inertes, apenas cuando Lucas se disponía a dormir, sintió la incrustación de las afiladas uñas de Dolores en su antebrazo derecho, mientras el talón de la misma golpeaba la espinilla de la pierna izquierda de Lucas. La primera reacción de este fue de contener los movimientos bruscos e inesperados de su acompañante, sin embargo esta todavía entre sueños y pesadillas gritaba fuertemente, mientras soltaba golpes al aire y fuertes mordidas a cualquier pedazo de carne disponible:

-¡No me toques! ¡No me toques hijo de perra! ¡Te voy a matar! ¡Te voy a matar hijo de tu puta madre!

Lucas sostenía con sus manos los antebrazos de Dolores, mientras los inquietos pies de esta soltaban patadas incontrolables. Después de esto Lucas la abrazaría tratando de limitar los movimientos de sus extremidades, sujetando con sus manos los brazos de Dolores y tratando de atrapar entre sus muslos sus piernas. Sabía bien que ella estaba teniendo un mal sueño.

-¡Shhh! ¡Shhhh! No pasa nada, estas bien, yo te estoy cuidando querida- Le decía con serenidad mientras le daba besos en el cuello, pues no era la primera vez que esto pasaba en el océano oscuro de la noche.

-¡Sueltame! ¡Sueltame cabrón! ¡No me toques!- Gritaba Dolores con desesperación, tratando de escapar de los nudos del irreconocible Lucas, pero rindiéndose poco a poco, a través de cada respiro, mientras gritaba con tonos agónicos que se debilitaban lentamente hasta caer rendidos nuevamente en la dimensión del sueño.

-No pasa nada, no pasa nada, tranquila… tranquila.

La respiración de Dolores fue tranquilizándose hasta llegar nuevamente a un estado de paz. Lucas entonces recordó del cuchillo debajo de la almohada, al ver que Dolores estaba nuevamente en un estado controlable exploró la zona debajo de la almohada de su compañera, encontrando así el cuchillo de chef “Chromo Kasumi Titanio de 7 ¾ pulgadas” que bien hubiera podido haberlo hecho filetes aquella noche.

No había sido la primera vez que Dolores había tenido un ataque frenético en medio de la noche. En los brazos de Lucas existían ya varias cicatrices de uñas incrustadas y colmillos adentrados en la piel. Los incidentes aún no habían pasado a circunstancias ni cicatrices mayores, como la de una puñalada con un cuchillo de aquel tamaño. Lucas se preguntaba esa noche si eso de permanecer ileso era una cuestión de suerte o una cuestión de amor hacia Dolores, su sonámbula, pues aquello parecía ser lo más cercano al amor que había sentido desde que este se había enamorado del amor vía Bárbara, aquella ocasión en que esta lo había hecho sentir que volaba.

Lucas estaba confundido, pues sabía que esto no era lo que había sentido la primera vez que se presumía enamorado, sin embargo le consolaba la idea de pensar que tal vez la primera vez que lo había sentido tampoco era amor, tal vez era otra cosa, algo incomprensible que el ser solo vive una vez, algo inexistente que nos hace volar por los cielos hasta que por fin reconocemos las leyes de este mundo, esas que nos hacen caer, esas que nos despiertan de nuestro mundo fantasioso.

El resto de la noche Lucas permaneció despierto, abrazando a Dolores, siguiendo todas sus reglas, sabiendo que ella seguramente no recordaría nada de esto en la siguiente mañana, y esto a Lucas le importaba poco, pues se sentía en tierra de nadie, igual le daba que esta fuera la última noche abrazando a Dolores, pues no sentía un amor parecido al que había sentido la primera vez, a su vez no sabía si algún día lo iba a poder sentir. Tal vez Dolores sentía lo mismo y los dos vivían en una mentira complaciente.

Tal vez.

2 comentarios:

  1. que continue!.....
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  2. Gracias Ale! :D

    Continuara la historia entonces.
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