Wednesday, March 18, 2009

Nueve Noches Nuevas, Tercera Noche

Noche III, Amelie Wine Bar

Las horas de un día entero no parecían ser suficientes para terminar de repasar cada uno de los capítulos de nuestras vidas, empezando desde el día que nos habíamos visto la última vez. Parecía como si en nuestra memoria hubieran sido inscritas cada una de las palabras que diríamos la siguiente vez que estuviéramos compartiendo una copa de vino, éramos cómplices de copas, y hacíamos un homenaje absoluto al tiempo presente.

Solíamos platicar con Cabernet-Sauvignon, como si este nos acompañara tocando un violoncello en el fondo de nuestra conversación. Si, un vino de música de fondo. Sin embargo aquella noche tan solo teníamos un Cabernet-Franc en el menú de vinos, su melodía en nuestro paladar parecía ser interpretada por un trompetista tocando una canción melancólica de Jazz.

El bar de vinos en el que estábamos pronto cerraría. Después caminaríamos bajo la lluvia hacía el departamento, donde un par de botellas más de vino nos esperarían, pues a pesar que los músicos del bar tenían que descansar, nuestro paladar tenía la curiosidad de escuchar nuevas melodías.

Nuestras palabras parecían bailar un tango entre secretos, desahogos, risas y confesiones.

Las sombras del departamento se fueron desvaneciendo conforme las horas de aquella noche expiraban. Las horas de aquel día definitivamente no fueron suficientes para que nuestra conversación terminara su tango.

El sol invadia furiosamente los rincones del lugar. Ambos decidimos que lo mas sabio era descansar, pues aun quedaban suficientes noches, copas y piezas para continuar bailando.

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