Benedetti ha fallecido el día de hoy. Ni una línea más será jamás escrita por el, y esto me entristece. Hoy no solo se pierde a un gran escritor, se pierde a un hombre que como pocos sabía guiar el alma hasta el nivel más vulnerable y que con palabras construía puentes, construía barcos, construía historias bellas que transportaban al alma a otros mundos.
Mi primera experiencia con Benedetti fue cuando en una clase de programación le robé su cuaderno de notas a Diana Manzanedo, tratando de combatir la aburrición, en este encontré transcrito el poema de “Viceversa” que desde ese momento se convirtió en uno de mis favoritos. Recuerdo también años después el tener una conversación con Judith Farré, la maestra de literatura de la que me enamoré, sentados los dos en un salón vacío ella me explicaba que la magia de Benedetti yacía en la brevedad de sus textos. Y es que pocos como él he tenido la oportunidad de leer, en cuanto a la magia de decir tanto con tan pocas palabras. Sin duda él junto a Cortazar son mis mayores influencias para escribir cuentos cortos.
Podría escribir más líneas hablando bien de Benedetti, pero tal vez estaría más orgulloso si escribiera un par de cuentos cortos en su honor. Lo visualizo fumando un puro, sentado junto a Cortazar, sonriendo al mundo que le regaló tantas sonrisas, tantos latidos reconfortados por sus palabras… sonriente y radiante, tal vez mas lo primero que lo segundo y también viceversa.






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