Desesperado en la búsqueda de un desenlace para su cuento, aquel que había estado escribiendo por los dos meses anteriores y del cuál no podía encontrar la inspiración para escribir su segunda mitad, el escritor se sirvió su cuarta copa de Shiraz. Este había desistido, por su propia salud, de aquella práctica de invocar inspiración por medio del alcohol, sin embargo se reconfortaba en la idea de que en ocasiones uno tenía que recurrir a demonios para poder abrir aquellas puertas negras de su subconsciente que normalmente llevan a uno a la inspiración. Era como el camino lleno de rosas, pero de rosas con espinas. La inspiración no es gratis, nada es gratis en este mundo, pensaba el autor mientras tomaba otro sorbo de su copa de vino.
Una vela apagada, un bote de pastillas para dormir medio vacío, una copa de vino medio llena y una envoltura de mazapán todavía con fragmentos de turrón yacían en el escritorio en el que el autor normalmente escribía, pero el ya no se encontraba ahí.
La plaza de Santa Cruz Matagallinas nunca se había visto tan desolada, ni siquiera cuando el autor la visualizó por primera vez en uno de sus sueños. La ceniza aún caía y los cuervos volaban en el cielo gris, sin embargo ninguno de los personajes que el autor había creado se podía encontrar en todo el pueblo. El autor caminó por las calles abandonadas en búsqueda de estos pero las casas parecían ser hechas de cartón, parecía ser todo una farsa, un pueblo fantasma, pero este estaba tranquilo, pues él había estado antes ahí y recordaba solo en ese preciso momento que el final de su historia había sido escrito incluso antes de que este pensara en aquel cuento del campanero del pueblo remoto llamado Matagallinas, pues esta historia, como la mayoría de las antes escritas por el eran solo un reflejo de su personalidad, un relato entre su vida y sus fantasías.
El autor abrió los ojos y se encontraba nuevamente en medio de aquel escritorio con la vela apagada. Aún no había encontrado el final de su historia pero la sombra de una puerta negra a su espalda le daba la confianza que se encontraba por buen camino.






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