Tal vez no haya sido justo, mucho menos equitativo, en cuanto a inspiración y dedicación de mis escritos. Me he dado cuenta de mi preferencia por ciertas musas, mientras otras han permanecido olvidadas, les he quitado la voz, su presencia, casi pretendiendo borrar toda evidencia que quede de ellas en mi vida. Tal vez existan motivos más profundos por los cuales haya yo decidido ni siquiera mencionarlas.
Se que esto puede sonar ridículo, pero uno debe de ser muy precavido al escoger sus musas. La finalidad de todo ese proceso se puede definir como otorgar la inmortalidad en el mundo de las palabras, la máxima aceptación de inspiración plena, pues cuando uno escoge a su musa uno primero se desnuda frente a ella y luego pretende desnudarla con la sensualidad de ciertos adjetivos y ciertos verbos.
Las siguientes historias son basadas en musas de las cuales jamás había escrito antes, al menos como mis musas, pero esta noche tengo la confianza en que puedo hacerlo sin arrepentirme el día de mañana. Si una de ellas llegara a reconocerse en leer las próximas líneas les pido primero mis mas sinceras disculpas por haber tomado el atrevimiento y segundamente por haberlas silenciado por tanto tiempo en lo mas profundo de mi alma.
Déjame caer:
-¿Cuando te voy a volver a ver?- Me preguntaba con mirada fija a mis ojos debajo de aquella solitaria y desértica luna.
-Tal vez en tres meses, tal vez en doce, ¿Quién sabe?-Contestaba tan fríamente como la misma noche, mientras ella incrédula de mis palabras contestaba con una risa nerviosa pensando que tal vez estaba bromeando, sin embargo mis palabras no podían ser mas sinceras, pues aquella ciudad se había convertido en una ciudad de paso para mí, mientras el cariño que ella me demostraba cada minuto me parecía casi desechable.
-Deja de pensar en eso, mejor hay que disfrutar que estamos aquí, así, tu y yo.- Tuve que agregar a mi respuesta anterior en manera de improvisación, pues veía que mis anteriores palabras tan solo habían hecho que ella dirigiera su mirada hacia el suelo mientras desaparecía su sonrisa, que pinche descaro el mío, pensaba, tal vez de seguir así algún día en realidad lograré morir solo.
Sus besos continuaron por el resto de la noche y sus palabras se asilenciaron, tan solo existían miradas ahora entre nosotros dos, tal vez por su miedo a mis respuestas frías, tal vez porque en el fondo ella sabía que yo, involuntariamente, le estaba rompiendo el corazón desde aquella noche.
Desde el crepúsculo hasta el amanecer:Ella cabía tan perfectamente entre mis brazos. Nuestros dos cuerpos desnudos continuaban acariciándose debajo del edredón y las sabanas de seda, pretendiendo escapar de las horas más frías de la madrugada. Entre las persianas entraban apenas líneas verticales del sol naciente, y nuestros cuatro ojos se mantenían abiertos hacía este amanecer. Mi nariz acariciaba la intersección de su cuello y nuca, justo al nivel donde su pelo lacio y oscuro terminaba.
-¿Que voy a hacer sin ti todo este diciembre? Creo que me voy a volver loca.
No pude responder su pregunta, las anteriores ocho horas con ella en la cama parecían haber succionado cualquier respuesta inteligente que hubiese podido formular. Ella todavía no sabía que yo no volvería a Monterrey después de las vacaciones de diciembre, no le había mencionado que había sido aceptado en una universidad en Austin para el siguiente semestre. Su mayor preocupación en ese entonces eran los últimos 31 días del año y yo no tuve el atrevimiento ni siquiera de notificarle que tal vez después de aquella fría noche de noviembre no la volvería a ver por al menos 6 meses.
Metí mi brazo entre su cadera y el colchón haciendo después un movimiento para hacer que su cara volteara hacia la mía. Ella sonreía y yo no dije una palabra, tan solo la besé mientras los penetrantes rayos del sol hacían que nos olvidáramos de la fría noche. Nuestros cuerpos continuaban uniéndose debajo de los edredones y sábanas. Ella no volvió a preguntar y por consecuencia yo nunca respondí a su pregunta.
Only for a moment:
Eran las tres y media de la mañana, mi teléfono sonaba y yo sabía bien quien era la persona que me llamaba.
-Estoy afuera de tu edificio, ábreme.
-Dame dos minutos y te abro. – Contesté aún adormecido; me puse unos pantalones sucios y arrugados que llevaban una semana tirados a lado de mi cama. Tomé las llaves del edificio que se encontraban en mi escritorio a un lado de mi computadora, bajé las escaleras hasta llegar al pasillo en el cual ella se encontraba, detrás de la puerta de vidrio al fondo de este. Ella vestía una gorra tipo motociclista y un abrigo de mink. Habíamos estado un par de horas antes en el mismo bar a unos escasos 50 metros de mi edificio, sin embargo, despues de un par de tragos, yo me había hartado de la escena pretenciosa en la cual habíamos estado envueltos aquella noche. Me había despedido entonces de ella con un ligero beso en la boca mientras le explicaba los motivos de mi partida abrupta.
Caminaba entonces por el oscuro pasillo, en el fondo ella me esperaba. Abrí la puerta y ella me siguió sin decir una palabra hasta que llegamos nuevamente a mi cuarto:
-Vine por el lipstick que dejé la otra vez. – Defensivamente dijo tan pronto como entramos a mi cuarto
-Esta ahí a un lado de la tele, donde lo dejaste.
-Ah gracias, ya lo ví – Respondió ella mientras se desabrochaba su abrigo y se sentaba sobre mi cama, poniéndose un poco mas cómoda.
- ¿Sólo por eso viniste? – Le pregunté, mientras su lenguaje corporal me respondía antes que sus palabras.
-No, en realidad el lipstick vale madre, en realidad vine a echarme un palo.
-Ah bueno, menos mal, por cierto, me fascina tu finura.- Le respondí sarcásticamente.
-Digo, si te molesta tomo mi lipstick y me largo de aquí.
-Jah, mira, no es molestia, pero tampoco limosna.- Ella rió ante mi respuesta ocurrente y comenzó entonces a desabrocharse botón a botón hasta quedar solo vestida por sus zapatillas.
Se paró de la cama. Se acercó a mi. Sus nudillos entonces acariciaban mi nuca y capturándome entre sus piernas ella pretendía apropiarse de mi alma, mientras sus muslos conspiraban a inmiscuirse en mis sueños, pareciera que sus labios pretendieran atravesar mi corazón, pues quizás, tal vez quizás, en otras circunstancias cabría la posibilidad de que yo cayera enamorado. Pero lastimosamente parecía que había sido vacunado de aquella enfermedad muchos años antes. Pero ello no me excentaba de disfrutar la misma noche. Yo tan solo volaba entre sus caricias y abrazos; tal vez el siguiente día ella tristemente se percataría de mi inmunidad a sus bellos encantos, tal vez se daría cuenta que todas mis respuestas eran una farsa tan similar a la de un circo de paso; sin embargo al ver su cara podía ver una sonrisa y eso al menos me hacía creer que tal vez yo no era tan mala persona… aunque este pensamiento durara al menos por unos cuantos instantes.






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