Tuesday, September 01, 2009

Antes de la furia

Si el cielo entero fuera una alcoba, la noche sería una prostituta asustada a punto de salir por la ventana, mientras que el sol fuera un policía con la absoluta intensión de arrestarla, mientras nosotros dos fuéramos los clientes insatisfechos que trataban de asestar sus necesidades básicas por medio de palabras, tirados en la cama, mientras admirábamos aquel acto siempre fallido.

Yo acariciaba tus cabellos, pues esta ha sido siempre mi costumbre desde pequeño, aunque tu no lo creyeras, pues normalmente es lo inverso, uno siempre espera que le acaricien, sin embargo yo soy diferente. Recuerdo bien que cuando era muy pequeño no podía dormir sin antes enredar entre mis dedos los cabellos de mi mamá, o los de mi hermana, incluso recuerdo que uno de los días mas tristes de mi infancia fue cuando mi madre se cortó el pelo tan corto que no podía acariciar mas sus cabellos y tu aún te reías de esta historia, es verdad, se lo puedes preguntar y veras que no estoy inventando. Pero ese no es el punto, el punto era que aquella noche acariciaba los tuyos, paseaba tus cabellos entre mis dedos como si fueran agua de un arrollo para limpiar mi cara y por supuesto tu no te quejabas por estas acciones. Nuestros parpados eran cataratas inclementes y llenas de furia, pero en nuestro universo etílico aún existía un pequeño espacio para una última conversación antes que los ojos abiertos desistieran de existir en esta dimensión.

- Sabes, creo que finalmente se como voy a terminar involucrado sentimentalmente en esta vida
- ¿Ah si? A ver dime.
- Creo que voy a terminar con una persona en busca desesperada de auxilio.
- ¿Cómo no entiendo?
- Si, es mi tendencia mesiánica, tiendo a enamorarme de lo imposible, lo inhabitual, lo autodestructivo. Algo asi como una ex-convicta, con tres intentos de suicidio y en la bancarrota. Pero seremos muy felices.

Tratarías de cambiar mi punto de vista, en esos últimos minutos antes de caer dormidos, tratando de convencerme de que le daba demasiada importancia a eso, pero me importaba poco, pues el resto de mi vida parecia haber sido decidido muchos días antes de aquel encuentro. No estaba buscando el amor perfecto, ya sabía bien que juntar esas dos palabras parecía ser contar la mentira mas grande de toda la historia.

No hubo más palabras el resto de la noche, yo tan solo seguí acariciando los ríos de tus cabellos entre mis dedos, mientras el sol se imponía más allá del horizonte de nuestras visiones. Me abrazarías como si no fuera a existir otro amanecer, antes de despedirte y caer dormida, no sin antes inspeccionar mi boca con tus dedos y mencionar entre alientos la historia de un probable amor, yo sentia que este hablaba de aquellos besos secretos, que suelen ser en esos días húmedos como el amor de dos cangrejos, sosteniendo mutuamente sus tenazas, caminando de espaldas en los contornos salados que dejan las olas, en aquel mar, casi anonimo, después de medianoche. Tal vez aquel sería lo mas cercano al amor perfecto.

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