Tuesday, March 31, 2009

Los problemas de un autor

El problema ahora no es el no tener inspiracion para escribir, ni historia que contar. Ambas las tengo. El problema ahora es el tiempo para escribir, el escoger lo que tengo que escribir.

Hace tres días, tras una noche de insomnio me vino a la mente una historia. Escuché un par de campanadas entre los suspiros de la noche y junto a los latidos de mi corazón que escuchaba hasta en la punta de mi nariz se me ocurrió una historia.

Normalmente hubiera tomado mi computadora y hubiera tratado de terminar de escribirla antes de que mi inspiración se diera a la fuga, algo así como cuando un surfer ve una buena ola y nada rápidamente para tratar de agarrarla, pero gracias a un par de consejos de un viejo amigo he desarrollado nuevos métodos. Me he percatado que el escribir una buena historia no se asemeja tanto a ser un cazador de olas, a pesar de la gran satisfacción que algunas veces esta práctica puede ofrecer. Creo más bien que escribir una buena historia se asemejaría mas bien al construir una telarañal, haciendo una estructura que a su vez es una trampa. Al escribir uno debe de ser paciente y ser selecto cuales son las ideas, o presas, que uno quiere capturar, pues uno tiene un plan, una finalidad, la de comer, la de contar una historia y para esto uno tiene que ser paciente. Es por eso que mi estrategia el día de hoy y el dia de ayer y el día anterior, fue la de crear mi telaraña de ideas, de palabras, de ocurrencias. Tengo la estructura de mi historia, se como empieza y como termina; tengo también una estrategia de cómo seleccionar las ideas que la van a enriquecer.

Aquel viejo amigo me dijo que un escritor no se hace por las historias que cuenta, si no por la selección que este mismo hace de las historias que deja de contar. Se bien que en mi página abundan historias a la mitad, algunas de ellas se que las terminaré algunas más probablemente nunca lo haga. Es por esto que opto por esta estrategia de no publicar mi historia hasta que la historia este completa, pues si algo no quiero es tener una historia más a la mitad.

Espero comprenda respetable lector. Este es solo un mensaje para decirte que aquí sigo, que no he olvidado de vez en cuando escribir un poco.

Friday, March 27, 2009

Y yo te siento temblar junto a mi ...

Algunos lectores reconocerán esta imagen. Por mucho tiempo fue la imagen principal de este blog. Hace un año rediseñe la página tratando de mejorar su aspecto visual y tratando de mejorar a su vez la navegación de esta. La imagen la recorté como si fueran pedazos de un rompecabezas, pero una de sus piezas, quizas la más importante, fue perdida: la frase.

Aquella frase se la debo tanto a Roxy Restaino como a Julio Cortazar. Esta es la parte más importante de mi capítulo favorito de Rayuela, escrito por este último. Sin embargo la primera vez que supe de su existencia fue a través de los labios de Roxy.

Era una tarde habitual en el departamento de mis pinches argentinas nostálgicas: Roxy y Marina. Tomábamos mate los tres sentados en su sala, como si fueramos un grupo de intelectuales. El tema nos llevó a la literatura, el que consideraba mi fuerte. Tratando de sorprenderlas recité de memoria "Poema de las cosas" de José Angel Buesa, sin embargo el sorprendido fui yo pues Roxy respondió a mi poema con el capítulo siete de Rayuela, también de memoria.

El dia de hoy encontré este video que me recordó a la pasión con la cual Roxy hablaba las palabras de Cortazar. No soy un gran fanatico del efecto de "eco" que utiliza para la edición esta mujer, pero el esfuerzo se agradece. Su acento español le agrega sensualidad. Este mismo video me llevó a encontrar el audio del mismo texto pero ahora hablado por el mismo Julio Cortazar.

Video de la Española:

Video de Julio Cortazar:

Cada quien tendrá su favorito, por mi parte definitivamente me quedo con los recuerdos de mi argentina nostálgica, explicandome el juego del cíclope mientras tomábamos mate.

mea culpa:

Este blog se ha convertido en mi peor enemigo. He creado un monstruo, un gigante que me intimada cada vez que quiero contar algo. Siempre quise evitar que este espacio fuera confundido con una especie de diario y como consecuencia siempre traté de publicar historias o narraciones con un trasfondo un poco mas ajeno a lo que sucediera conmigo día a día. Esto a generado mi distanciamiento del espacio y esa enajenación de controlar exhaustivamente el contenido del mismo. No creo que esto sea malo del todo, sin embargo me ha hecho perder un tanto la práctica de publicar cosas que escribo, de perder ese atrevimiento de romper reglas y contar las cosas por la simple necesidad de escribir.

Había escrito dos historias esta noche, sin embargo fueron perdidas por alguna combinación rara de teclas que cierra un documento en Word sin guardarlo, gracias Microsoft.

La primera era una historia en forma de conversación creada a partir de una de mis musas más escondidas y más queridas a la vez, trataba acerca de esa conversación que teníamos cada vez que la despedía en la puerta de su casa, después de que ella me besara y con sus dedos acariciara mi cuello como una patinadora en una pista de hielo. Traté de re-escribirla pero las palabras no re-nacieron. Espero algún día poder recrear aquella pieza perdida. La otra historia se titulaba “En la Cima del Monte Washington” y trataba de mis últimos días en Pittsburgh, en donde Wanyu y yo nos besábamos en una gélida noche, en la cima de un monte que se separaba de la realidad, iluminados por las distantes luces de la triste ciudad. En el escrito mencionaba que nuestro amor nunca tuvo una ciudad romántica como Paris, sin embargo aquella noche las luces de nuestra ciudad nos rodeaban como si fuera una lluvia de estrellas, mientras Wanyu y yo nos abrazábamos, mientras el monte Washington también volaba y giraba en el cielo perdido de aquella ciudad olvidada.

Las historias eran mas bellas que estas sinopsis. Pero ellas han sido perdidas. Sin embargo no quiero pasar un día más sin escribir un par de líneas. Esta es mi manera de combatir a mi enemigo, el blog. Espero continuar.

Por cierto, estoy dándole una nueva oportunidad a García Marquez. Espero poder escribir al respecto dentro de poco.

Wednesday, March 18, 2009

Nueve Noches Nuevas, Tercera Noche

Noche III, Amelie Wine Bar

Las horas de un día entero no parecían ser suficientes para terminar de repasar cada uno de los capítulos de nuestras vidas, empezando desde el día que nos habíamos visto la última vez. Parecía como si en nuestra memoria hubieran sido inscritas cada una de las palabras que diríamos la siguiente vez que estuviéramos compartiendo una copa de vino, éramos cómplices de copas, y hacíamos un homenaje absoluto al tiempo presente.

Solíamos platicar con Cabernet-Sauvignon, como si este nos acompañara tocando un violoncello en el fondo de nuestra conversación. Si, un vino de música de fondo. Sin embargo aquella noche tan solo teníamos un Cabernet-Franc en el menú de vinos, su melodía en nuestro paladar parecía ser interpretada por un trompetista tocando una canción melancólica de Jazz.

El bar de vinos en el que estábamos pronto cerraría. Después caminaríamos bajo la lluvia hacía el departamento, donde un par de botellas más de vino nos esperarían, pues a pesar que los músicos del bar tenían que descansar, nuestro paladar tenía la curiosidad de escuchar nuevas melodías.

Nuestras palabras parecían bailar un tango entre secretos, desahogos, risas y confesiones.

Las sombras del departamento se fueron desvaneciendo conforme las horas de aquella noche expiraban. Las horas de aquel día definitivamente no fueron suficientes para que nuestra conversación terminara su tango.

El sol invadia furiosamente los rincones del lugar. Ambos decidimos que lo mas sabio era descansar, pues aun quedaban suficientes noches, copas y piezas para continuar bailando.

Sunday, March 01, 2009

Nueve Nuevas Noches, Segunda Noche

Noche II, Movie Day… Movie Night…

Dany Vash y yo aún continuábamos tratando de recuperarnos de la noche anterior. Mi teléfono comenzó a recibir llamadas de mis otros amigos que no había visto la noche anterior: Balú, Armida, Rox y Tony S. El plan era de reunirnos todos para desayunar en “Lime”, uno de mis lugares favoritos en San Francisco, el cual de alguna forma siempre me recordaba al “Korova Milk Bar” de la pelicula “Naranja Mecánica” de Kubrick, a diferencia de los droogies nosotros no tomábamos “Moloko Vellocet” sino mimosas ilimitadas por siete dolares. Aprovechando de esta oferta normalmente prolongábamos nuestros desayunos hasta que nos corrieran, tres horas después.

Tomamos un taxi Dany Vash y yo, pasamos por Armida y Rox, quienes vivían a pocas cuadras de donde nosotros, los demás nos verían en Lime. Sin embargo justo cuando nos encaminábamos hacia dicho lugar recibí una llamada de Santiago:
-Guey, Balu , Tanya y yo ya estamos aquí en "Las Ollitas"
-¿Qué? ¿Qué chingados es “Las Ollitas”? ¿Qué no ibamos a ir a Lime?
-Había como una hora de cola en Lime y mejor nos venimos aquí.
-Pero ¿Por qué ahí?
-Pues aquí esta rica la comida, es así como que mexicana.
-¿Hay mimosas ilimitadas de perdida?
-No… pero hay caldo.
-¡¿Qué?!
-Que hay caldo guey.
-No mames, vámonos a otra parte
-No guey ya pedimos de comer, aquí los esperamos.
-Ah, no mames.

Mis esperanzas de “rockstarear” aquel domingo se esfumaban lentamente. Armida, Rox y Dany Vash, con quienes iba en el taxi mostraron resistencia, pues les había entusiasmado la idea de comenzar a tomar alcohol desde temprano, aunque de alguna manera no fue tan mala idea, pues no se que hubiera pasado conmigo de haber comenzado a tomar mimosas desde tan tempranas horas del día. Sí algo sabía acerca de dicha practica era que eso de empezar desde tan temprano nunca terminaba en algo productivo.

Tomé mi celular y le llamé a Tony S. quien supuestamente nos vería también en aquel lugar. Este opuso la misma resistencia que yo, sin embargo al final accedió así también como y nos veríamos después todos en "Las ollitas".

A fin de cuentas termine comiendo caldo de res en aquel lugar. Sentados en la mesa yo y mis amigos con el común denominador de tener un “Clamato” en frente de nosotros, comenzamos a tener la plática tratando de recapitular los meses anteriores, mezclando un poco entre las líneas los recuerdos de nuestras propias vivencias.

La lluvia castigaba el cielo gris aquel domingo. Rox y Dany Vash increíblemente tenían que trabajar aquella tarde húmeda. Santiago, Tony S, Armida y yo decidimos que con aquel clima no se podía hacer otra cosa que ver películas bajo un techo. El departamento de Tony S. era el más cercano y más conveniente en aquellas condiciones. Tenía un tanto de temor ir a aquel lugar, pues este había sido el mismo departamento donde viví gran parte de mi último año en San Francisco.

La nostalgia me tomó de la mano desde el primer pasó que di adentro de aquel departamento en la calle Folsom. Podría escribir un libro entero acerca de los sentimientos que salían de las yemas de mis dedos y de los recuerdos que escapaban de mis latidos en esos segundos en los que daba el primer respiro en el departamento al que antes solía llamar "hogar".

Recordaba en mis primeros pasos de vuelta en este departamento a mis últimos momentos en la ciudad, tres meses atrás, y con ellos a su vez mis primeras lágrimas, después de percatarme finalmente aquel tiempo, que cuando caminaba hacia el taxi que me esperaba afuera del edificio, que en realidad caminaba en ruta a mi exilio de la ciudad, pues cada paso que daba hacia mi transporte era un paso menos que tenía en San Francisco. Mi tiempo había llegado aquella vez, y yo había tratado de postergar aquel sentimiento lo mayor posible, sin embargo ese momento me pegó en esos mismos pasos como una patada en los testículos. Aquella ocasión Mr. Beauchamp, Santiago, Gabriel I, mi primo Paúl y su esposa Natalia estaban en la sala despidiéndome. Una vez dentro del taxi , en camino al aeropuerto, lloré como un puberto “emo” destrozado. Mr. Beauchamp llamaría a la mitad del camino pues había percibido mi inestabilidad al ir con el llanto quebrado y los ojos llorosos al darle un último abrazo. Sin embargo aquella noche mi vuelo sería retrasado por las condiciones climáticas, Mr. Beauchamp y Santiago irían hacia el aeropuerto para tomar una última cerveza en el bar de este, gracias a una llamada desesperada de mí hacia ellos, jamás olvidare ese detalle pues después de yo explicarles que mi vuelo se retrasaría por al menos 3 horas como los grandes amigos que son los dos, me acompañarían hasta el final, acudiendo los dos al bar del aeropuerto para pasar las últimas horas conmigo. Pareciera aquella ocasión que la ciudad conspirara en prolongar mi despedida lo mayor posible, pues su clima no dejaría abandonar ningún avión. Aquella noche, mientras esperábamos mi vuelo de partida en el bar del aeropuerto, que se retrasaba cada segundo más, decidí que lo más prudente para todos sería cancelar el vuelo y tomar el primero de la mañana siguiente. Mis anteriores lágrimas en el taxi parecían haber existido en vano, pues la ciudad no me dejaba apartarme de ella. Tomamos mis maletas y los tres regresamos en el último tren que nos llevaría de vuelta a San Francisco. Medio borracho y medio dormido en un sillón me encontraba, en medio del departamento de Dany Vash en “La Marina” de San Francisco, el mismo que me hospedaría esas nueve noches nuevas, meses después. Aquella ocasión Dany Vash llegaría después de trabajar, nuevamente después de media noche, Beauchamp y yo la esperábamos platicando anécdotas y riendo. Ella cuando llegó al departamento se sorprendió de verme pues pensaba que yo ya iba en camino a San Diego. Sin embargo aquella noche, esa de mis últimas horas en San Francisco, los tres parecíamos conspirar contra el destino, tratando de alargar las horas y posponer lo inevitable.
-No podías irte de otra manera de esta ciudad Shiva.- Decía.
-¿Qué te puedo decir? Soy muy malo para las despedidas.
-…O tal vez muy bueno
Volviendo a las nuevas noches, me encontraba caminando por lo que fue mi departamento en San Francisco. Habíamos comprado los cuatro una botella de vino barato para hacer Calimochos, aunque Armida y yo habíamos optado por comprar un vaso de veinte onzas de café y una minibotella de Kahlua. Bebida que resultó perfecta para una tarde lluviosa de películas.

Después de terminar la función en aquel departamento, Balú y Tanya me marcaron pues querían ir a ver una película al cine. Armida y Tony S tenían otros planes. Santiago y yo correríamos en medio de la lluvia hacia los cines ubicados a un par de cuadras de distancia. Llegamos a tiempo sin embargo dicha función, de la película “Coraline”, estaba agotada. Un tanto decepcionados compramos boletos para una película de Clive Owen y Naomi Watts llamada "The International". La película resultó ser un poco lenta, sin embargo me daba risa el hecho que mis amigos mas íntimos de Juárez habían hecho muchos años atrás un "trailer" ficticio de una película con el mismo nombre, me hubiera encantado haber visto aquella tarde una película que se pareciera un poco más a la que ellos habían tenido en mente.

Al terminar la función me dirigí hacia el departamento de Dany Vash. Ella llegaría una hora después que yo con una botella de un vino tinto italiano en mano, Notarpanaro 2000 de Salento Taurino. Nos pondríamos los dos a brindar aún con el sonido de las gotas golpear las calles de San Francisco, mientras en la pantalla de una computadora veíamos la película “Amelie”, para minutos después junto a la sonrisa de la luna caer los entre ronquidos al aire y copas flotando en nuestras palmas, debajo del techo de aquel departamento entre las calles Van Ness y Francisco, donde mi segunda noche nueva en San Francisco se consumía.