Monday, May 18, 2009

Email Subject: Mi Ninja, Dr. Fatness y yo:

Ah morra ¿Cómo te explico? De que me habla mi Ninja en la morna, tipo once y me dice que mi cita con Dr. Fatness era en una hora y media después.Para esto yo me levanto y sabes, así sin camisa, creo que la que traía la noche anterior la había guacareado toda, porque obvio sabía que Dr. Fatness me iba a poner a dieta después de su consulta y claro que me aventé a Jack in the Box la noche anterior y me atraganté medio menú, super biggie size todo, a huevo, a parte me paré en la licorería a comprar un six de cheves, una botella de vino para hacer calimochas y una botella de whiskey con como ocho litros de agua mineral, digo esta bien que era mi última noche con calorías alcohólicas, pero tampoco tenía que marranear tanto. En fin, no recuerdo que más pasó pero me acabé todo lo que compré y desperté sin camisa tirado el día siguiente en mi sillón. Mi ninja andaba todo emputado cuando me habló en la mañana, de que porque como era tardado tipo y así, él no podía creer que antes de ir con Dr. Fatness me había valido madre y me había puesto una peda de rockstar, ya sabes que ese cabrón es bien especialito.

Bueno pues nada, ya me fui a donde me iba a recoger y claro que había una taquería a lado, de esas super nacas con morra dientito de metal y sobaco sudado, y pensé que todo era valido antes de ir con Dr. Fatness, ya después de su consulta sería valido de que me cagara y me dijera que estoy super fat, osea obvio, pero whatever, take the chill pill mister, entonces de que le pedí a la morra taquera un taco de buche y otro al pastor, si ajah, con todo y salsita de cochiflu incluído. Buenerrimos los pinches tacos, así con la ‘che grasa salpicando como catarata, pensaba en que iba a extrañar mi ‘che vida en la fakin junk food, pero bueno mi ninja me manda entonces un mensaje psycho diciéndome que ya me estaba esperando en el McDonalds donde nos habíamos quedado de ver, justo en frente en la taquería donde estaba comiendo y pues yo me cruzó y ya pasa aca mi ninja pitando en su Explorer como si se fuera a pinche acabar el mundo, oso total, con los weyes del McDonalds, han de haber pensado, ‘ches juniors, equis whatever.

Total ya llegamos con Dr. Fatness, esperando en su salita cool de asientos de piel, viendo desfilar a los gorditos que entraban y salían, ya mero te toca eh vatito y yo si ajah whatever morra vengo por pura vanidad, ¿sabés? Y pues nada ya me dejan entrar y mi ninja dice que quiere entrar conmigo, lo pienso por un instante y digo, bueno equis, se que a veces se pasa de lanza con su espada, pero equis, no es como que nunca me ha visto sin mi pinche camisa, ¿sabes? Total Dr. Fatness me empieza a medir y pesar y ya sabes, me dice lo que todos sabíamos, que estoy fat, mi ninja se pone violento por el insulto y quiere desenfundar la espada, pero le digo , ‘che ninja aguanta, a eso venimos cabrón, no mames, y ya se controla el guey y nada, Dr. Fatness entonces nos pone su pinche dieta, así de que comete los putos cinco rabanitos y los tres betabeles en una sopa y métetela por el culo y así seguramente bajas de peso, pinche fatso, ajah , que pedo che marrano. Bueno no estaba tan hardcore como te la platico, pero poquito si, en fin si se pasó de lanza el pinche Dr. Fatness, eso de comer un pinche nopal los domingos nomás pues como que no.

Total, mi ninja y yo nos fuimos después de la cita a dar el rol por Tijuanice,(not!), hasta que terminamos en unos mariscos donde no lo viera lo sociedad, porque aparentemente soy una ‘che mala influencia, whatafak, ‘che ninja, ¡que se creé! Pero me vale ¿sabés? Afortunadamente no soy un Tijuanaco, arriba Juarez, ‘ches culeros, hasta en muertitos y futbol nos la pelan, pero no en lo pinche caro de los tacos, bueno total equis, me vale. Pedimos unas tostadas de ceviche y unos tacos de camarón empanizado, empezamos a charlar y mi ninja de repente solo se puso a limpiar sus estrellitas sin pelarme, entonces ya me dio hueva y le dije: “ash ya dejame en la línea, alejame de tu ciudad naca”, y ya equis me dejo. Vete a matar un ‘che naco si andas aburrido ninja, pero no me vengas con tus intensidades. Total morra, como te explico que en ese transcurso que disque ir con el Dr. Fatness me comí mas tacos que los que me he tragado en el resto del año, me da hueva empezar la dieta, pero en fin, total todo sea porque me veas hot cuando me encuere, pues todo bien , ¿sabés? Pues bueno eso fue mi día, y ya te veo pronto, mándame un mensaje. Mi ninja te manda saludos por cierto.

Besos y quesos darlin’.

Mateo

In memoriam:

Benedetti ha fallecido el día de hoy. Ni una línea más será jamás escrita por el, y esto me entristece. Hoy no solo se pierde a un gran escritor, se pierde a un hombre que como pocos sabía guiar el alma hasta el nivel más vulnerable y que con palabras construía puentes, construía barcos, construía historias bellas que transportaban al alma a otros mundos.


Mi primera experiencia con Benedetti fue cuando en una clase de programación le robé su cuaderno de notas a Diana Manzanedo, tratando de combatir la aburrición, en este encontré transcrito el poema de “Viceversa” que desde ese momento se convirtió en uno de mis favoritos. Recuerdo también años después el tener una conversación con Judith Farré, la maestra de literatura de la que me enamoré, sentados los dos en un salón vacío ella me explicaba que la magia de Benedetti yacía en la brevedad de sus textos. Y es que pocos como él he tenido la oportunidad de leer, en cuanto a la magia de decir tanto con tan pocas palabras. Sin duda él junto a Cortazar son mis mayores influencias para escribir cuentos cortos.

Podría escribir más líneas hablando bien de Benedetti, pero tal vez estaría más orgulloso si escribiera un par de cuentos cortos en su honor. Lo visualizo fumando un puro, sentado junto a Cortazar, sonriendo al mundo que le regaló tantas sonrisas, tantos latidos reconfortados por sus palabras… sonriente y radiante, tal vez mas lo primero que lo segundo y también viceversa.

Monday, May 04, 2009

Preludio de un cuento

Desesperado en la búsqueda de un desenlace para su cuento, aquel que había estado escribiendo por los dos meses anteriores y del cuál no podía encontrar la inspiración para escribir su segunda mitad, el escritor se sirvió su cuarta copa de Shiraz. Este había desistido, por su propia salud, de aquella práctica de invocar inspiración por medio del alcohol, sin embargo se reconfortaba en la idea de que en ocasiones uno tenía que recurrir a demonios para poder abrir aquellas puertas negras de su subconsciente que normalmente llevan a uno a la inspiración. Era como el camino lleno de rosas, pero de rosas con espinas. La inspiración no es gratis, nada es gratis en este mundo, pensaba el autor mientras tomaba otro sorbo de su copa de vino.

Una vela apagada, un bote de pastillas para dormir medio vacío, una copa de vino medio llena y una envoltura de mazapán todavía con fragmentos de turrón yacían en el escritorio en el que el autor normalmente escribía, pero el ya no se encontraba ahí.

La plaza de Santa Cruz Matagallinas nunca se había visto tan desolada, ni siquiera cuando el autor la visualizó por primera vez en uno de sus sueños. La ceniza aún caía y los cuervos volaban en el cielo gris, sin embargo ninguno de los personajes que el autor había creado se podía encontrar en todo el pueblo. El autor caminó por las calles abandonadas en búsqueda de estos pero las casas parecían ser hechas de cartón, parecía ser todo una farsa, un pueblo fantasma, pero este estaba tranquilo, pues él había estado antes ahí y recordaba solo en ese preciso momento que el final de su historia había sido escrito incluso antes de que este pensara en aquel cuento del campanero del pueblo remoto llamado Matagallinas, pues esta historia, como la mayoría de las antes escritas por el eran solo un reflejo de su personalidad, un relato entre su vida y sus fantasías.

El autor abrió los ojos y se encontraba nuevamente en medio de aquel escritorio con la vela apagada. Aún no había encontrado el final de su historia pero la sombra de una puerta negra a su espalda le daba la confianza que se encontraba por buen camino.

Boleto de Salida

Tendrían que haberse consumido las últimas horas de mis vacaciones en Juárez para que tuviéramos aquella plática, y es que aquella ya se había convertido desde muchos años atrás como una especie de confesionario en el que desnudaba mi alma, como una especie de peaje antes de partir, o si bien fuera el caso, una limpia de espíritus; un ritual de purificación antes de abandonar mi tierra.

Recuerdo muy bien, muchos años atrás, cuando Eliza, "my sweetheart from the past", me decía con celos: "Ah ya te vas con tu otra novia", como una queja ligera, pues sabía bien que después de pasar las tardes en el porche de su casa, aquel con bugambilias enredadas en los pilares de piedra, iría a fumar un cigarro o dos, o al menos pretender que acompañaba a Luigi fumando, pues nunca me adjudique de dicho vicio, mientras teníamos nuestras pláticas filosóficas. No somos amigos, somos familia, me confesaría alguna vez mientras los dos estábamos ahogados en la tempestad del alcohol; y eso que el borracho nunca miente, en realidad así ha sido considerada por mi la amistad de Luigi; a pesar de sus imprudencias, sus defectos y descaros, pero a fin de cuentas siempre con la genialidad de percibir las necedades del alma y encontrar las palabras exactas que uno necesita escuchar en el momento preciso, casi como un hermano… si no hubiese tenido la dicha de tener uno, a él definitivamente lo consideraría como tal.

La noche era fría, como solía serlo en el desierto de aquella región, con las espesas bocanadas diluyéndose en la oscuridad bajo el manto de la luna, iría nuevamente con Luigi con el corazón partido a buscar mi boleto de salida de aquella ciudad, él diría como siempre las palabras que mis oídos querían escuchar, como si yo fuera un drogadicto en búsqueda de un “fix”, sus palabras alejándome de toda culpabilidad, pues sabía que pronto habría de partir y solamente quería escuchar eso, que mis errores no habían sido mi culpa, si no solamente había sido una vez más víctima de las circunstancias.

Necesitaba un boleto de salida que me sacara de aquella ciudad, un boleto que me desapareciera y que borrara mis errores… las palabras de Luigi eran lo mas cercano que jamás pude encontrar.