Thursday, March 25, 2010

La princesa que no creía en historias de amor

A Paulina, Luciana y Antonio
Hace mucho tiempo, en un reino muy lejano, había una princesa que no creía en el amor ni en sus historias. Todas las personas de aquel reino le platicaban acerca de este sentimiento, pero ella no lo consideraba más que otra cosa desconocida, casi como un objeto, como lo eran para ella también el desierto y los pingüinos, pues nunca había visto a ninguna de estas tres cosas en toda su vida. La única diferencia que ella encontraba entre estas cosas era que al menos había visto en pinturas al desierto y a los pingüinos, sin embargo jamás había visto una pintura del amor.


A esta princesa le gustaba escaparse frecuentemente de su castillo. Le gustaba ir a un lago cercano y tirar piedras hacia el centro de este, le gustaba ver crecer los aros concentricos en la superficie del agua. Le gustaba recolectar fresas en arbustos colindantes y aplastarlas con sus manos hasta hacerlas puré.


Una ocasión, en uno de sus tantos escapes del castillo, se encontró a las orillas del lago a una lagartija huyendo de un gato. El felino tenía al reptil entre sus garras, listo para comérselo, pero justo antes de que los afilados colmillos aplastaran a la pobre lagartija, la princesa arrojó con fuerza una piedra que golpeó la cabeza del gato, acción que fue seguida por una patada en el estomago hacia el mismo animal, la lagartija salió volando por los aires hasta caer en las manos de la princesa; el gato sumamente lastimado corrió de aquel lugar como si el mundo fuera a acabarse. La princesa no sabía porque había rescatado a aquella lagartija, la tenía ahora entre sus manos y esta le sonreía. La princesa le dio un beso y la dejo ir. 
 
¿Quién iba a pensar que el primer beso de la princesa que no creía en el amor sería hacia una pobre lagartija?

 Muchos años pasaron, la princesa continuó creciendo sin conocer ni creer en el amor.

Era sin duda la mujer más bella que ningún reino cercano haya visto jamás.
La fama de esta fue creciendo también, no solo por su belleza sino por sus encantadores cantos, pues cada noche desde la terraza de su cuarto ubicado en la torre más alta del castillo ella cantaba, haciendo esplendorosa hasta la noche más oscura, sus cantos eran incluso más bellos que los de las mismas sirenas. Los marineros dejaron de guiarse por brújula, estrellas o faros, bien podían guiarse solamente por las dulces notas salientes de aquella torre encantadora. Cada noche que ella cantaba uno podía ver en el cielo estrellas fugaces, pues estas en su inmensa lejanía parecía que podían escuchar los bellos cantos y no tenían mayor opción que volar hacía la princesa y desvanecerse en el cielo ante la increíble belleza de sus notas. Cada noche que la princesa que no creía en el amor cantaba pareciera que el mismo universo girara alrededor de ella. 
 
Cada día cientos de personas se formaban afuera de la alta torre en la que ella vivía para tener una oportunidad de enamorarla. Ella gustosamente aceptaba el reto, permitía visitas y veía a cuantas personas el día pudiera permitirle, con la esperanza de que en alguno de ellos tal vez encontrara aquel concepto llamado amor. En la línea de espera se podía encontrar desde la persona más humilde del reino hasta el príncipe más apuesto de los reinos colindantes; la princesa ofrecía oportunidades por igual, sin embargo el resultado era siempre el mismo. Decepción.

-¿Cómo es posible que digas estar enamorado de mi si ni siquiera sabes cual es mi color favorito? No sabes ni siquiera si prefiero los tulipanes, las rosas o los alcatraces. No sabes si prefiero ver un amanecer o un atardecer. No sabes que canción ni poema hacen que mi corazón se acelere, no sabes ni siquiera si prefiero un plato de arroz o frijoles.


 Su fama siguió creciendo hasta llegar al Rey de la Armadura Negra. El más sanguinario y maldito que aquel continente había visto en toda su existencia. Este rey había tenido tres esposas y veinticinco hijos en total, a todos ellos los había abandonado en algún punto de su vida. Al saber de la fama de aquella princesa, por la cual la mismas estrellas se desintegraban, no dudo un solo instante en movilizar todas sus tropas para conquistar aquel reinado. Lo logró sin problema alguno, pues su ejército era más grande que cualquier otro.

Cuando el Rey de la Armadura Negra hizo su entrada triunfal al castillo de aquel reino se encontró con la sorpresa que la princesa había sellado completamente la torre donde ella vivía.

El Rey de la Armadura Negra furioso amenazó a la princesa con torturar a sus padres si ella no abriera las puertas de la torre donde se encontraba aislada y aceptara ser su nueva esposa. La princesa no abrió las puertas y el mismo Rey de la Armadura Negra comenzó a latiguear a sus padres a las afueras de la torre. La princesa con el corazón destrozado al ver a sus padres torturados continuó sin desistir a las persuasiones de aquel rey. Pero este rey era impaciente e intolerante, pronto cambió de estrategia y amenazó a la princesa que si esta no aceptaba salir de su torre el procedería a prender fuego a la torre donde ella habitaba hasta calcinarla.

La princesa prefería morir entre las llamas antes de caer en las manos de aquel ser descorazonado. Este le dio un día para cambiar de opinión pero la princesa nunca salió. Ordenó entonces a sus caballeros a prender fuego a la torre.

La princesa sentía como su piel comenzaba a endurecerse ante las olas de fuego que comenzaban a extenderse hasta la terraza en lo alto de su torre, una capa de humo comenzaba a adueñarse de su horizonte. Parecía que sus minutos estaban contados en esta vida. El humo y el calor aumentaban a cada instante. A lo lejos del horizonte difuso que apenas podía reconocer, a pesar de las cortinas de humo que recorrían toda la torre, comenzó a escuchar y sentir los movimientos de un par de alas gigantes que se acercaban hacia la torre donde ella estaba. Cuando menos imagino se encontraba atrapada en medio de una garra gigante que había de extraerla de aquella torre ardiente, la cual minutos más tarde fue destruida por el fuego.

La princesa pensaba en ese momento que tal vez era un ángel o un demonio quien la había arrebatado de aquel lugar, tal vez ya había muerto, pero cuando ella abrió bien los ojos reconoció inmediatamente la sonrisa del otro lado de las garras gigantes, en las que ahora yacía. Era la misma lagartija que un día ella había salvado a las orillas del lago. Aquel reptil que pudo haber sido asesinado por un gato se había convertido en un impetuoso dragón. Ella era ahora quien estaba entre unas manos gigantes, a quien le habían salvado la vida. El dragón al reconocer su sonrisa fue quien le dio un beso. Los dos se interconectaron inmediatamente. Era ahora el dragónlo más cercano que ella había sentido al amor. Le dijo rápidamente:

-Debemos rescatar a mis padres.

El dragón, quien volaba magistralmente sobre el castillo, ahora invadido por el Rey de la Armadura Negra, se dirigió con velocidad hacia el centro de este donde se encontraban amarrados los padres de la princesa. Los tomó con una de sus garras y de su boca escupió el fuego suficiente para desaparecer a la mitad del ejercito del Rey de la Armadura Negra.

Para los padres de la princesa no importaba más aquel reinado que acababan de perder, lo más importante era que estaban vivos.

El dragón voló y voló, escapando de aquel reinado perdido.

La princesa dejo a sus padres en un poblado no muy lejano al reino donde pertenecían, pues la gente aún los reconocía y los trataba con respeto.

Por su parte ella decidió continuar volando arriba de su dragón hacia nuevos continentes. Se despidió de sus padres y prometió volver a ellos cuando encontrara por fin el amor.

La princesa continuó viajando por muchos años en distintos continentes y horizontes en su búsqueda por el amor. Después un par de viajes pudo por fin encontrarlo, pero encontró también la decepción, y así como fue feliz unos días fue triste muchos otros; aprendió entonces que el amor no es una cosa sencilla, no es una formula matemática ni mucho menos un objeto, como los pingüinos o el desierto. Pero fue aprendiendo, fue enamorándose de la vida, enamorándose del amor y enamorándose incluso del mismo momento de cabalgar en su dragón en la búsqueda del amor.

La princesa que no creía en historias de amor se convirtió en la mayor promotora de este. Descubrió que el amor no toca a la puerta de tu casa aunque seas la princesa más grandiosa, bella y talentosa de todo un continente. El amor es búsqueda, el amor es no tener miedo a equivocarse, es el aceptar que uno puede equivocarse, pero sin tener miedo a equivocarse.

Se dice que cada vez que en cielo se puede apreciar estrellas fugaces es porque esta princesa se encuentra cantando cerca del horizonte, volando sobre su impetuoso dragón, en la búsqueda de nueva aventura que la lleve hacia un nuevo amor; las estrellas no tienen la culpa, pues solo escuchan su bello canto, ahora más lleno de amor que antes y estas no tienen otra opción más que desvanecerse ante su encanto.



3 comentarios:

  1. le diste una direccion muy padre e interesante al ultimo. Me gusto la moraleja de esta historia. :)
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  2. Un bello cuento lleno de sabiduria y un mensaje lleno de amor, Felicidades Dany, cada dia escribes mejor. Papo
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