Thursday, May 13, 2010

Esta noche Matilda y Juan descansan. Quería retomar un poco la tradición de escribir espontaneamente desde el alma, un par de cuentos cortos e historias que han estado rondando por los linderos de mi mente las últimas semanas. No sé cuales saldrán esta noche, pero ahí van…

50 Clinton Road, Chelsea:

Me bastó solamente estar un par de segundos a tu lado, tal vez ni siquiera eso, tal vez me bastó solo la idea de pensar estar un par de segundos a tu lado, para poder convencerme que no quería separarme mas de ti. Había extrañado todo acerca de ti, desde la manera en que caminabas por la calle bajo un paraguas, tu forma de sonreír siempre y ante todo, pero lo que más extrañaba era la forma tan correcta en la que tus manos complementan las mías y en la que tus labios categóricamente calman los míos.

411 Park Avenue South:

Esa noche te confesé que los días más felices de mi vida habían sido cuando despertaba a tu lado. Aquellos días en el que el frío de Pittsburgh no era nada contra nosotros, a pesar que muchas veces parecía ser nuestro enemigo más temido. Recuerdo haberte besado tantas veces mientras nevaba en Centre Avenue, y bien pudiera haber sido Siberia para mí o el desierto de Gobi, pero lo importante no era el lugar, ni la nieve ni el frío, lo importante eran los besos… besos que a veces eran el combustible para continuar caminando debajo de las tormentas de nieve, un combustible para seguir viviendo.

Extrañaba desayunar quesadillas y protegerte de los muertos mientras caminábamos cerca de la funeraria por la esquina de nuestro edificio, eres una miedosa, te decía, pero tú me abrazabas con más fuerza, y yo sonreía.

Esa noche yo procuraba recuperarte, pero sabía de antemano lo difícil que aquello iba a resultar, sabía que tal vez fracasaría, pero tal vez lo único que quería es que supieras eso, que los días más felices no habían sido otros más los que había estado despertando a tu lado, aquellos en los que te daba besos en Central Avenue mientras la nieve caía. Eso era suficiente para mí en ese momento, pues tan solo quería ver tu sonrisa, y tal vez si tuviera suerte en la noche encontraríamos un muerto y tal vez me abrazarías con fuerza.

355 West 14th Street, Meat Packing District:

Ibas tarde como siempre. Nuestra mesera estaba desesperada por que estabamos aferrados a esperarte y no pediríamos nada hasta que tu llegaras. Salí a la calle para ver si de pura casualidad te encontraría, y ahi estabas, vistiendo tu abrigo negro, al otro lado de la calle, sonriendo y haciendome sonreir como siempre.

Tomé mi camara y te tome una foto aunque sabía que mi alma había retratado aquel momento por siempre. Sabía tambien que eran nuestras últimas horas, pero trataba de no pensar mucho en eso. Prefería pensar en el momento en el que corría gritando como loco por Time Square, con una sonrisa del tamaño de la luna, unos minutos después de haber despertado en tu departamento en East Village esa misma mañana.

Cenamos la especialidad de la casa, spaghetti , y tomamos una botella de Barbera. Nos dirijimos hacia el otro departamento, aquel que no nos pertenecía y fuimos tejiendo juntos nuestra despedida premeditada, un par de besos, un par de calimochos y un par de lagrimas. Recuerdo meterte en el taxi, casi como cuando me despedí de ti en la estación de Grand Central, aquella vez que bailabamos, esta vez solo nos abrazabamos, debajo de aquel frio de Nueva York, tan parecido al de Pittsburgh y los besos a su vez tan parecidos a los de aquellos dias, los mismos en los que te confesé fueron los mas felices de mi vida. No quería dejarte pero no tenía opción… pensé entonces en aquella vez que escribí San Francisco en vez de Nueva York y me imagine las cosas que tal vez pudieron ser, pero tu me miraste a los ojos diciendome que no debía pensar en el ayer. Me abrazaste nuevamente y me diste un beso antes de partir. Solo entonces, cuando el taxi desaparecía de mi vista, comprendí el Poema De Las Cosas por José Angel Bueza, pues entonces entendí que nuestro amor era aquella cosa como el río, que se esta yendo siempre pero que no se va, pues el tiempo y el olvido son las únicas cosas que no tienen fin.

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