Thursday, January 20, 2011

El Limbo

Los parabrisas parecían ser dos manos diciéndome adiós, al mismo tiempo que limpiaban con destreza la lluvia que tapizaba el vidrio en el que se deslizaban, parecían despedirse de mí con un entusiasmo artificial, en cambio yo de manera natural apenas podía mantener mis párpados abiertos, mientras sentía como mis segundos en aquella ciudad se esfumaban de manera exagerada. Me sentía en el limbo, justo en la Avenida de la Cruda Realidad casi esquina con la Calle de los Sueños,  a escasas cuadras del aeropuerto Benito Juárez de la Ciudad de México. Trataba de abrir mis párpados, pero antes de poder conseguirlo podía sentir una mano deslizarse en mi cabellera, sus movimientos eran parsimoniosos y llenos de ternura, como esos que uno hace con un perro cuando quiere tranquilizarlo, no había forma de que yo me quejara de aquella campaña !Por dios no! Sería un grave delito de cualquiera que se atreviera a hacerlo, pues este se sentía terriblemente confortable, sin embargo me atreví a abrir el párpado más cercano a aquella mano y la encontré a ella, pronto dejó de pasear sus manos entre mis cabellos para acomodar una mano en mi cuello mientras utilizó otra para atravesar mi espalda, como queriendo abrazarme, es entonces cuando supe que quería besarla, quería abrazarla, quería seguir soñando con ella, al menos hasta llegar al aeropuerto, donde me esperaba un vuelo hacia la realidad, despertando de este sueño, directo y sin escalas. ?Pero que podía hacer yo? Tan solo la abrazaba con más fuerzas, la veía a los ojos y con la mirada pretendía decirle lo que mis labios no podían. Tal vez no merecía esta despedida, ella parecía ser algo más que mi mente podía comprender, a la vez que no podía comprender como ella podía seguir estando ahí en mis últimos momentos en aquella ciudad, abrazándome y besándome hasta el final. La lluvia no cesaba. Si pudiera llorar tal vez mis lágrimas hubieran sido similares a las de la ciudad aquella madrugada.

El carro se detuvo. Habíamos llegado a mi destino final. El motor se apagó. La puerta se abrió.

Los dos estamos parados en la banqueta, mi maleta estaba a mi lado, sentí mis labios moverse pero no puedo recordar las palabras que salieron de estos, tan solo recuerdo los ojos de ella mirándome mientras escuchaba mis palabras, sentí el calor de sus manos acariciar las mías, y eso parecía ser suficiente, por un momento pensé que lo era... hasta que sus cálidos labios se acercan a los míos, volví a pensar que eso era suficiente... pero volví a cambiar de opinión cuando sentí sus brazos en mi espalda y pude escuchar su corazón retumbar discretamente en mi pecho.

Demonios, voy a extrañar esto.

Quisiera quedarme aquí por más tiempo.

El sonido de las gotas de la lluvia no cesaba a nuestro alrededor, se podían contar por millones, un par de horas antes la había besado salvajemente en medio de aquella incontrolable tormenta.

Minutos después, justo en la fila para registrar mi equipaje, a punto de partir, fue cuando  finalmente me reencontré con mi soledad. Esta llegó como una lanza atravesando mi estomago.

Sentía ganas de verla, ganas de saber de ella, necesidad de saber de ella. Me sentía un poco Benedetti, me sentía un poco Humphrey Bogart queriendo parar aquel avión que me separaba de mi amor, al mismo tiempo que me despertaba de todo aquello que parecía haber sido un sueño... mi única esperanza era que ella siguiera soñando.

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