Sunday, April 10, 2011

Confesiones de un Corazón de Piedra:

Siempre me había preguntado que sienten esas parejas sosteniéndose las manos en la playa mientras ven el atardecer. Pensar en palabras como: playa, sol, manos, mirada, besos, labios, arena, ocaso, creaban por si solas transportarme a otro planeta, uno con atmósfera poética, me recordaban a Neruda y sus marineros que besan y se van. Confieso que envidiaba a esas parejas ya que yo siempre era un espectador. Tan solo me quedaba conformarme con el sonido de las olas quebrarse ante mis ojos y suspirarme en el oído en secreto: “Estás solo”.

Yo no temia a la soledad.

Aquella tarde en La Jolla, mágica tarde sin duda, sentí por primera vez esa mano acariciando la mía y fue en realidad el atardecer mas bello, tu soltabas mi mano y te adentrabas al mar, este cubría tus tobillos, luego tus rodillas, volteabas y sonreías, mientras yo desconfiando de mi memoria sostenía mi cámara y engatillaba mi dedo tratando de capturar cuantas fotografías me fueran posibles. Es que debo de confesarte que perdí la cuenta de los días a tu lado pues todo pareció un sueño lúcido en el que me dormía viendo tus ojos, jugando al cíclope de Cortazar en Rayuela, y despertaba con tus besitos de piquito por las mañanas, en un mundo donde nos mecíamos en la hamaca de mi patio contando estrellas y viendo a la luna sonreír.

También debo de confesarte que desde que te fuiste duermo en el mismo lado de la cama, pensando que tal vez mientras yo duermo mis sueños llegan hasta ti en el otro lado del mundo y tal vez se roban un segundo de tus pensamientos y traen de vuelta a mi un poco de ti.

Algo mas que necesito confesarte es que yo no temía a la soledad sino hasta que te conocí, pues antes esta tan solo significaba estar solo... pero ahora significa estar sin ti.

Aquella tarde en La Jolla el sol se despedía y tu regresabas a mi lado, me dabas un beso, era tiempo de partir, y también era tiempo de que partieras [sic], lo sabía, no quedaban muchas horas, tal vez después de todo esto si era un sueño pues también recuerdo despedirme de ti en el aeropuerto, una ventana nos separaba, tu no me veías pero yo veía como ponías tu mano en tu corazón, parecía que te dolía, pero luego me veías del otro lado de la ventana y sonreías, sin embargo ya no nos podíamos dar besos, solo besos al aire, fue algo muy fuerte, esa fue la última vez que te vi, pero no la no la última que te veré.

Mi última confesión es que después de despedirme de ti en el aeropuerto, en medio del trafico y debajo de un sol calcinante, yo también puse mi mano en frente de mi corazón y me percate que no era de piedra como tu solías llamarlo.

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