Desenvainé mi katana cautelosamente, no quería que el sonido del acero de mi espada raspando la madera de su funda fuera a despertarlos. El factor sorpresa era mi mayor ventaja. Mis ojos se habían ya acostumbrado a la oscuridad del cuarto.
Era verdad, estaba yo completamente borracho, pero
el honor de mi familia estaba en juego.
Nuestros padres había salido de la ciudad esa misma
mañana, uno de esos viajes que frecuentaban hacer a mediados de octubre por
alguna playa desconocida de la Riviera Nayarita. A mi hermana Renata la habían
dejado a cargo de la casa y de mí, por supuesto, el niño de 19 años de edad.
Aquella mañana cuando Renata y yo llevamos a
nuestros padres al aeropuerto, inconscientemente terminamos sentados en la
cafetería de este, desde el cual se podían apreciar los despejes de cada vuelo
que salía de aquel pequeño aeropuerto de Ciudad Juárez. Parecía imprescindible
el cerciorarnos de que nuestros padres efectivamente se encontrarían lejos de
nosotros aquel fin de semana, al parecer ambos teníamos distintos planes para
explotar dicha circunstancia. El avión por fin emprendió vuelo y tanto Renata
como yo sonreímos al mirarnos a los ojos con cierta complicidad.
El aire caliente de nuestro desierto tenía ahora un
místico aroma a libertad.
Al regresar del aeropuerto a la casa cada quien tomó
su propio rumbo sin decir una sola palabra.
Eran apenas las once de la mañana.
Yo era feliz, pues aquel sábado podría salir sin
tener que preocuparme porque mi madre me estuviese esperando a que volviera en
altas horas de la noche en la sala de mi casa para inspeccionar mi aliento y
después proceder al interminable e infernal cuestionario acerca de mi noche y
de cuantos tragos había ingerido en las últimas horas, cuando la respuesta era
simple… ¡Demasiados! Pero tenía que tomar las cosas con calma pues no quería
explotar todas mis oportunidades en una sola noche, pues incluso para ser un buen borracho uno necesita ser inteligente, si uno se engolosina demasiado en una noche puede
terminar desperdiciando las consecuentes oportunidades.
Eran ya casi las cuatro y media de la mañana cuando volví
por fin a casa. Los sucesos de aquella noche son irrelevantes a esta historia y
probablemente son tan ordinarios que cualquier lector se aburriría de tan solo escuchar su enumeración; estos se pueden agrupar en un solo hecho, el hecho que yo estaba
en un estado de ebriedad severo al ingresar a mi hogar... solo ... lamentablemente solo… tal
vez me hubiese gustado haber llegado aquella noche sujetando la mano de alguna bella dama, para llevarla a mi cuarto y tener sexo salvaje con ella toda la noche, sin tener que pagar
los 450 pesos que normalmente me costaría en un motel de mala muerte. Lamentablemente, para mi, ese no era el caso.
Abrí el refrigerador, enrollé un pedazo de jamón y
una tira de queso. Subí las escaleras y en el camino a mi cuarto un ruido
inusual me perturbo. Este provenía del cuarto de Renata. Era un sonido
sumamente grave que hacía retumbar las ventanas, iba y venía cada 3 segundos. Presté atención a este desagradable sonido y lo fui buscando por toda la casa, este me hizo subir las escaleras, pasando por la sala y hasta llegar afuera del cuarto de mi hermana. Sin duda el sonido provenía de este lugar.
Mis sospechas se confirmaron una vez que mis ojos se acostumbraron a la oscuridad del cuarto ya que en la cama de Renata se encontraban dos bultos; uno de ellos el origen del ruido inusual… los ronquidos de un hombre con una protuberante panza en la cama de mi hermana.
Mis sospechas se confirmaron una vez que mis ojos se acostumbraron a la oscuridad del cuarto ya que en la cama de Renata se encontraban dos bultos; uno de ellos el origen del ruido inusual… los ronquidos de un hombre con una protuberante panza en la cama de mi hermana.
Y yo podía escuchar los sonidos de mi dura quijada
rebotar a un lado de mis talones.
En ese instante formulé dos teorías:
Teoría Numero Uno:
Después de dejar a mis padres en el aeropuerto mi
hermana Renata tuvo un día tranquilo en el cual se comportó como una persona
bien de sociedad. Fue con sus amigas a tomar un café, regresó a la casa para
cocinar una lasagna vegetariana mientras veía su telenovela favorita, después
de eso se dio una ducha caliente, se puso sus pijamas y se fue a la cama… para
después ser atacada por un enfermo mental el cual estuvo esperándola todo el día
escondido en el closet y al estar ella dormida esté procedió a amarrarla en la
cama y procedió a abusar de su inocencia. De ser esta teoría viable se tendría que asumir que el
atacante era un tanto descuidado, pues entre sus principales errores tendría uno
que considerar el hecho de que este se durmió en la escena del crimen.
Teoría Numero Dos:
Después de dejar a mis padres en el aeropuerto mi
hermana Renata se fue de libertina y se trampó a ese ser infame que ahora roncaba desde
su cama. Que mal gusto debe de tener mi hermana para haberse conseguido a ese
tipo que probablemente duplicaba la edad de ella ¡Que dilema Dios mío! Hija de
la chingada, salió mas cabrona que yo... ¡Lo bueno es que ella se quedó encargada
de la casa y de mí!
Cualquiera fuera el caso sabía bien que solo había
una forma de concluir este evento.
Me dirigí hacia mi cuarto. En la cabecera de esta
yacía mi katana.
La tomé y me dirigí de vuelta al cuarto de mi
hermana.
-Pinche Renata, no me deja opción alguna… debo de
correr a la chingada a este individuo.- Pensaba.
Mientras desenfundaba la katana pensaba en mi
estrategia, tal vez prendería la luz primero, gritaría con la esperanza de
despertar al individuo antes de pincharle la nalga, tal vez este al verme
con la espada en mis manos me evitaría la pena de proseguir con mi ataque y saldría corriendo sin hacer una sola pregunta (eso esperaba). Pinche Renata, jamás te voy a perdonar esto, eres una cabrona golosa … en el primer día quemas todos tus cartuchos, que pedo con tu vida (imaginaba mi discurso mientras desayunábamos).
Era tiempo de iniciar mi ataque… Renata te odio por hacerme pasar por esto… pero como hombre de la casa es
lo que debo de hacer, pues aunque mis padres te hayan dejado a cargo de la casa me
has demostrado que no estas a la altura de dicha tarea… te odio y tal vez
debería de pinchar tus nalgas antes de las de ese bulto que ronca para que se
te quite lo pendeja.
En ese momento apunté mi katana hacia las nalgas del
ser roncador; prendería primero la luz, después gritaría y después lo
atacaría.
Justo cuando mi mano se acercaba hacia el switch
para prender las luces del cuarto la puerta de este se abrió.
Renata estaba parada afuera de este.
Los dos bultos dentro del cuarto continuaban
inertes.
Ella preguntó asustada:
-¡Lucas!
Confundido yo volteé hacia la cama de mi hermana…
los dos bultos continuaban sin moverse… uno de ellos seguía roncando… no sabía
que era lo que pasaba… me preguntó:
-¿Qué chingados haces con esa espada?
-¿Cómo? … ¿Quién chingados esta durmiendo en tu cama
entonces? –Respondí sorprendido
-Son mis tíos José y su esposa Juanita que acaban de llegar hace un par de horas
pendejo
Tarde un par de segundos más en reaccionar, enfundé
mi espada y salí del cuarto calladamente… Renata me miraba con ojos de que quería
matarme.
Yo me sentía el peor geek de la cuadra, con mis
fantasias de vengador anónimo, según yo defendiendo el honor de mi familia. De
lo único que podía estar orgulloso aquella noche era de que nadie mas aparte de
Renata me hubiese visto como ninja barato a punto de picar el culo de un ser
dormido.
No hace falta decir que en la mañana siguiente el
desayuno con mis tíos fue un tanto vergonzoso, pues yo tan solo deseaba que el
sonido del acero con la madera no hubiese sido lo suficientemente ruidoso para
despertarlos.
Al final tanto Renata como yo nos percatamos que
esta “inesperada” visita de nuestros tíos, en este preciso fin de semana, no
era mas que un movimiento sumamente estratégico que nuestros padres nos habían
jugado… me gusta imaginármelos riendose de nuestra inocencia cuando su avión despegaba en la solitaria
pista del aeropuerto de Ciudad Juarez, chocando sus copas con un espiritu de triunfo, mientras nosotros,
sus hijos, inocentemente nos ilusionábamos al verlos perderse en el horizonte,
sentados en una sala incomoda del mismo aeropuerto, con la falsa ilusión aspirando a independencia... aunque fuera por un par de días.
Nosotros los ilusos.
Nosotros los ilusos.






lo lei en el momento cuando mas necesitaba algo simple y poder reirme. Gracias por alegrarme :)
ReplyDeleteComo alguien que llego a tener no solo una katana sino también una lanza (así es) en la pared junto a mi cama, y que una vez empuńe pensando que alguien se metía a mi casa cuando era solo mi hermano regresando ebrio, se que esta historia es completamente entendible... Muy buena, thanks for sharing
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