Monday, September 05, 2011

Cuando Los Gatos Salen De Casa

A mi hermana, cómplice de por vida.


Desenvainé mi katana cautelosamente, no quería que el sonido del acero de mi espada raspando la madera de su funda fuera a despertarlos. El factor sorpresa era mi mayor ventaja. Mis ojos se habían ya acostumbrado a la oscuridad del cuarto.

Era verdad, estaba yo completamente borracho, pero el honor de mi familia estaba en juego.

Nuestros padres había salido de la ciudad esa misma mañana, uno de esos viajes que frecuentaban hacer a mediados de octubre por alguna playa desconocida de la Riviera Nayarita. A mi hermana Renata la habían dejado a cargo de la casa y de mí, por supuesto, el niño de 19 años de edad.

Aquella mañana cuando Renata y yo llevamos a nuestros padres al aeropuerto, inconscientemente terminamos sentados en la cafetería de este, desde el cual se podían apreciar los despejes de cada vuelo que salía de aquel pequeño aeropuerto de Ciudad Juárez. Parecía imprescindible el cerciorarnos de que nuestros padres efectivamente se encontrarían lejos de nosotros aquel fin de semana, al parecer ambos teníamos distintos planes para explotar dicha circunstancia. El avión por fin emprendió vuelo y tanto Renata como yo sonreímos al mirarnos a los ojos con cierta complicidad.

El aire caliente de nuestro desierto tenía ahora un místico aroma a libertad.

Al regresar del aeropuerto a la casa cada quien tomó su propio rumbo sin decir una sola palabra.

Eran apenas las once de la mañana.

Yo era feliz, pues aquel sábado podría salir sin tener que preocuparme porque mi madre me estuviese esperando a que volviera en altas horas de la noche en la sala de mi casa para inspeccionar mi aliento y después proceder al interminable e infernal cuestionario acerca de mi noche y de cuantos tragos había ingerido en las últimas horas, cuando la respuesta era simple… ¡Demasiados! Pero tenía que tomar las cosas con calma pues no quería explotar todas mis oportunidades en una sola noche, pues incluso para ser un buen borracho uno necesita ser inteligente, si uno se engolosina demasiado en una noche puede terminar desperdiciando las consecuentes oportunidades.

Eran ya casi las cuatro y media de la mañana cuando volví por fin a casa. Los sucesos de aquella noche son irrelevantes a esta historia y probablemente son tan ordinarios que cualquier lector se aburriría de tan solo escuchar su enumeración; estos se pueden agrupar en un solo hecho, el hecho que yo estaba en un estado de ebriedad severo al ingresar a mi hogar... solo ... lamentablemente solo… tal vez me hubiese gustado haber llegado aquella noche sujetando la mano de alguna bella dama, para llevarla a mi cuarto y tener sexo salvaje con ella toda la noche, sin tener que pagar los 450 pesos que normalmente me costaría en un motel de mala muerte. Lamentablemente, para mi, ese no era el caso.

Abrí el refrigerador, enrollé un pedazo de jamón y una tira de queso. Subí las escaleras y en el camino a mi cuarto un ruido inusual me perturbo. Este provenía del cuarto de Renata. Era un sonido sumamente grave que hacía retumbar las ventanas, iba y venía cada 3 segundos. Presté atención a este desagradable sonido y lo fui buscando por toda la casa, este me hizo subir las escaleras, pasando por la sala y hasta llegar afuera del cuarto de mi hermana. Sin duda el sonido provenía de este lugar.


Mis sospechas se confirmaron una vez que mis ojos se acostumbraron a la oscuridad del cuarto ya que en la cama de Renata se encontraban dos bultos; uno de ellos el origen del ruido inusual… los ronquidos de un hombre con una protuberante panza en la cama de mi hermana.

Y yo podía escuchar los sonidos de mi dura quijada rebotar a un lado de mis talones.

En ese instante formulé dos teorías:

Teoría Numero Uno:

Después de dejar a mis padres en el aeropuerto mi hermana Renata tuvo un día tranquilo en el cual se comportó como una persona bien de sociedad. Fue con sus amigas a tomar un café, regresó a la casa para cocinar una lasagna vegetariana mientras veía su telenovela favorita, después de eso se dio una ducha caliente, se puso sus pijamas y se fue a la cama… para después ser atacada por un enfermo mental el cual estuvo esperándola todo el día escondido en el closet y al estar ella dormida esté procedió a amarrarla en la cama y procedió a abusar de su inocencia. De ser esta teoría viable se tendría que asumir que el atacante era un tanto descuidado, pues entre sus principales errores tendría uno que considerar el hecho de que este se durmió en la escena del crimen.

Teoría Numero Dos:
Después de dejar a mis padres en el aeropuerto mi hermana Renata se fue de libertina y se trampó a ese ser infame que ahora roncaba desde su cama. Que mal gusto debe de tener mi hermana para haberse conseguido a ese tipo que probablemente duplicaba la edad de ella ¡Que dilema Dios mío! Hija de la chingada, salió mas cabrona que yo... ¡Lo bueno es que ella se quedó encargada de la casa y de mí!

Cualquiera fuera el caso sabía bien que solo había una forma de concluir este evento.

Me dirigí hacia mi cuarto. En la cabecera de esta yacía mi katana.

La tomé y me dirigí de vuelta al cuarto de mi hermana.

-Pinche Renata, no me deja opción alguna… debo de correr a la chingada a este individuo.- Pensaba.

Mientras desenfundaba la katana pensaba en mi estrategia, tal vez prendería la luz primero, gritaría con la esperanza de despertar al individuo antes de pincharle la nalga, tal vez este al verme con la espada en mis manos me evitaría la pena de proseguir con mi ataque y saldría corriendo sin hacer una sola pregunta (eso esperaba). Pinche Renata, jamás te voy a perdonar esto, eres una cabrona golosa … en el primer día quemas todos tus cartuchos, que pedo con tu vida (imaginaba mi discurso mientras desayunábamos).

Era tiempo de iniciar mi ataque… Renata te odio por hacerme pasar por esto… pero como hombre de la casa es lo que debo de hacer, pues aunque mis padres te hayan dejado a cargo de la casa me has demostrado que no estas a la altura de dicha tarea… te odio y tal vez debería de pinchar tus nalgas antes de las de ese bulto que ronca para que se te quite lo pendeja.

En ese momento apunté mi katana hacia las nalgas del ser roncador; prendería primero la luz, después gritaría y después lo atacaría. 

Justo cuando mi mano se acercaba hacia el switch para prender las luces del cuarto la puerta de este se abrió.

Renata estaba parada afuera de este.

Los dos bultos dentro del cuarto continuaban inertes.

Ella preguntó asustada:

-¡Lucas!

Confundido yo volteé hacia la cama de mi hermana… los dos bultos continuaban sin moverse… uno de ellos seguía roncando… no sabía que era lo que pasaba… me preguntó:

-¿Qué chingados haces con esa espada?
-¿Cómo? … ¿Quién chingados esta durmiendo en tu cama entonces? –Respondí sorprendido
-Son mis tíos José y su esposa Juanita  que acaban de llegar hace un par de horas pendejo

Tarde un par de segundos más en reaccionar, enfundé mi espada y salí del cuarto calladamente… Renata me miraba con ojos de que quería matarme.

Yo me sentía el peor geek de la cuadra, con mis fantasias de vengador anónimo, según yo defendiendo el honor de mi familia. De lo único que podía estar orgulloso aquella noche era de que nadie mas aparte de Renata me hubiese visto como ninja barato a punto de picar el culo de un ser dormido.

No hace falta decir que en la mañana siguiente el desayuno con mis tíos fue un tanto vergonzoso, pues yo tan solo deseaba que el sonido del acero con la madera no hubiese sido lo suficientemente ruidoso para despertarlos.

Al final tanto Renata como yo nos percatamos que esta “inesperada” visita de nuestros tíos, en este preciso fin de semana, no era mas que un movimiento sumamente estratégico que nuestros padres nos habían jugado… me gusta imaginármelos riendose de nuestra inocencia cuando su avión despegaba en la solitaria pista del aeropuerto de Ciudad Juarez, chocando sus copas con un espiritu de triunfo, mientras nosotros, sus hijos, inocentemente nos ilusionábamos al verlos perderse en el horizonte, sentados en una sala incomoda del mismo aeropuerto, con la falsa ilusión aspirando a independencia... aunque fuera por un par de días.


Nosotros los ilusos.

2 comentarios:

  1. Ale L2:59 PM

    lo lei en el momento cuando mas necesitaba algo simple y poder reirme. Gracias por alegrarme :)

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  2. Como alguien que llego a tener no solo una katana sino también una lanza (así es) en la pared junto a mi cama, y que una vez empuńe pensando que alguien se metía a mi casa cuando era solo mi hermano regresando ebrio, se que esta historia es completamente entendible... Muy buena, thanks for sharing

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